lunes, agosto 31

Fantasía temática, !1

Miles de pedazos de cristal se caen sobre mi cabeza. Miles de ellos laceran, miles de ellos penetran en mis cavidades. A través de que instinto, a través de que momento dejé de hacer esto. Yo tan sólo me encontraba caminando, tan sólo me encontraba solo por la calle. Qué pasó, qué fue aquel ruido que me desconcertó. Ruidos, emociones. No lo sé, no tengo ganas de averiguarlo, sólo quiero clavarme estos cuchillos, estos cuchillos en el pechos, estos insesables destellos de locura, estas insesantes e incandecentes tentaciones de perdición. A pesar de nada, a pesar de hallar un lugar en el universo. Patafísica astronómica. Y ahora llega el momento de la sublimación, de la culminación en la eterna llama de la verdad. Por qué como dice el filósofo, somos tan cobardes, somos tan insesatos. Cuántas veces te pude hablar de horror. Cuántas veces desee extrangularte, dejarte sin vida por la callejuela. Caminar tan sólo al otro lado de la orilla mientras veía tu sombra, tu sombra volverse más que color de un jugo espeso, apestoso, vibrante. Y ahora comprendo que llegó, que llega el momento de la fantasía.
Para qué tantos escepticismos, para qué tantos rencores cuando dije que lo único que importaba era sólo aquello que me dejaba de importar. No revisaré mis palabras, no me interesa que me comprendas, tan sólo quiero sublimarme, sublimarme ante la impasible sensación de que mis dedos puedan morder, puedan matar, puedan sentir. Puedan ejercer su violento y eterno peso sobre estas pésimas lágrimas que me muerden, que me matan, que me hacen creer que lo único que vale en la vida es no poder saber del instante. De aquel instante que tanto guardo en mi corazón, en una caja de fuerte. En esa fuerza que desea verte aquí, quizá verte muerto, vivo, no me importa. Me da igual. Increíble ejercicio de sublimación, la luz comienza a enardecer, las bestias se ponen tensas, mis corazón comienza a palpitar fuerte. Y ahora todo termina. Qué pasa, qué jodidos pasa---- La infastuosa venida no puede culminar en un orgasmo frágil, poco sutil.
Y ahora que me calmo, te digo, mi carácter surrealista no intenta ser entendido, más por sólo he entendido que la expresión será por devenir mi verdadero cometido: Deseo la involuntaria inmaterialidad, más si he de perderte por ser, por sentir, vale mierda la ineptitud del destino.
Mierda!
Tan sólo una palabra que engloba tantos sentidos. Tantos disgustos.
Y aquí, te digo, la sexualidad que por décadas he sufrido, mi amor. No confundas inocencia con recelo, no confudas beatiutud con sarcastica sensación de malestar.
Te deseo, te deseo más que a nadie en la vida.
Más eso no lo sé, lo siento pero aún no sé sublimarlo más allá de mis vísceras putrefactas que día a día reclaman más de mis humores, de mis alientos.
Sólo me queda por citar al loco filósofo que me dijo, que me habló y me dijo... cógeme. Cógeme como quieras, como puedas, como se te de la gana. Maltrátame, hazme mierda, hazme gracia, hazme voluntad. Destrúyeme, desvirtúame, perviérteme, sedúceme. Si por decadentista deseas tomarte, bienvenido. Más bienvenido serás para mis adentros. El recato es sólo recelo, y en él se me irá quizá la vida. Pero por no más muerte, no más deseo de expresión, el sexo no tiene sentido si tan sólo sexo involucra. Me da asco, me da nausea, me da nada. Y la nada no la soporto, no tolero sentirla, ni siquiera olerla cerca.
Me repugna, la detesto, y de ahí mi malestar. Prefiero vivir enfermo y caludicar en la locura a obligar a mi alma a adaptarse a condiciones de conformidad, de estúpida humanidad tolerante. No es para mí, no soy humano, ya lo dije y lo sostengo. Si por via de mi castigo has de violarme, que sea tan sólo con motivo, que sea tan sólo cuando de verdad desees matarme. La muerte a medias no me inspira, la muerte a medias me dan ganas de odiarte.
Y lo peor es, que no puedo.
Por tu boca se vuelve esfinter la conveniencia.
Prefiero callar, y hacer sangrar mientras tanto cada uno de mis dedos.

Al fin, sublimado.
Salí a la tormenta, sin paraguas, con abrigo. Me abracé al árbol, a ese mi árbol favorito. Por favor Dios, concédeme de tu gracia si existe, el único y divino favor. Mátame, párteme en dos mientras te maldigo. Maldito. Maldito seas.

Un abrigo, mojado, húmedo, humeante. Prensado a un árbol. La lluvia. Llora. Dios. No sabe llorar.

F.M.

Lógica práctica, L.

Egoista es pensar que no se puede amar a más que sólo uno. - Comentó con resentimiento. - Sin embargo resulta lógico decir que a nadie se debe amar. - Y una presa de sus sentimientos arrojó al laberinto.
Por consiguiente la experimentación práctica retomó. ¿Qué sería aquello que tanto miedo causa?
En la curva, por artificio malévolo se revela. En la sinuosidad de su expresividad, mata y seduce porque sangra hasta el placer de lo inimaginable. Y aún no sabe.
Y aún no sabe si el olor a sangre o el perfume dulce es lo que lo seduce.
Uno, sólo uno, más ninguno por amor.
El placer negado, el placer abstraído.
La verdadera naturaleza está más allá, más allá de los aromas que perturban mi cuerpo.
La trasdendencia de las líneas seduce más, por que curva tu sexo, porque te penetra hasta el infinito.
Ninguno por amor, no se puede amar. Destino trágico de los hombres.
Soy F.M. - Comentó con resentimiento - Sin embargo resulta lógico decir que soy el minotauro del laberito, mata y seduce y sangra. Por más que sólo un hombre.
Más allá.
No soy hombre.

F.M.

lunes, agosto 17

Contrato de exclusividad

Carta de amor de Jean-Paul Sartre a Simone de Beauvoir:

Querido pequeño ser: Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace tres días me acosté con el pequeño Bost. Naturalmente fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente pesadas. Una noche lluviosa, en una granja de Tignes, estábamos tumbados de espaldas a diez centímetros uno del otro y nos estuvimos observando más de una hora, alargando con diversos pretextos el momento de ir a dormir. Al final me puse a reír tontamente mirándolo y él me dijo: "¿De que se ríe?". Y le contesté: "Me estaba preguntando qué cara pondría si le propusiera acostarse conmigo". Y replicó: "Yo estaba pensando que usted pensaba que tenía ganas de besarla y no me atrevía". Remoloneamos aún un cuarto de hora más antes de que se atreviera a besarme. Le sorprendió muchísimo que le dijera que siempre había sentido muchísima ternura por él y anoche acabó por confesarme que hacía tiempo que me amaba. Le he tomado mucho cariño. Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas. Me parece una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en mi vida: la feliz consecuencia de una relación que siempre me había sido grata. Hasta la vista querido pequeño ser; el sábado estaré en el andén y si no estoy en el andén estaré en la cantina. Tengo ganas de pasar unas interminables semanas a solas contigo.Te beso tiernamente,
Simone de Beauvoir.

martes, agosto 4

La lobotomía

De qué sirve la fe y la esperanza.
Nefasta y desastrosa, fastuosa. Condena áspera que raspa.
Después de tantos intentos en progresar, después de múltiples intentos en no caer en el abismo, te constriñes, te osbtruyes por las raíces de tu propio pensamiento. Doloroso malestar, sin duda alguna, más por quién he de ser considerado, Ser. Muy a mi pesar, muy a mi maldita insolencia, te detesto. Poeta, el único que por bien se acerca. Poeta. Uno que por bien interesa. Poeta.
Maldita casta de mendigos, maldita multitud de compasiones. Más tú no las tienes conmigo, Poeta, por qué será que en ti eso envidio. Interesante anotación, correspondiente a cada comentario.
Más por vez única y primera comprendí desde siempre la desilución de tu llegada. Ahora todo es un poco más claro.
Yo quiero.
Estúpido. Increíbles las razones por las que los destinos se entrecruzan. En un momento oportuno, magnífico, triunfal. Llegaste y de la nada apareciste ante mí. Llegaste y yo dudé por un momento de mi cometido. Al verte tan igual a mí, tan semejante. Ahora veo que eres tú de todos el que menos me comprende. O quizá sea que te aterra el acercarte un poco más. Lo puedo vislumbrar en tu rostro, poeta. Soy un monstruo. Lo admito. Muy a mi pesar no siento ninguna sensación más allá del mero gozo que cualquiera sentiría. Sin embargo tú sabes que no es así, que mi poesía traspasa venas, órganos, y se entierra en lo más íntimo de la conciencia. Tú sabes lo que quiero decir, y sin embargo eres sordo ante mis palabras. Más por siempre te he buscado, y ahora, bien, no puedo decir que te desprecio. De ti muchas cosas he de conseguir, contigo muchas cosas podré lograr, porque descubro que el círculo se encuentra limitado, es único. La gente no entiende, Poeta. Cierto. Verdad. Más por verdad yo no puedo vivir de la suya. Me niego y vuelvo loco al pensar en hacerlo, Poeta. Soprendeme tu juicio, tu sensatez. Y por eso mismo dudo, porque no pertenezco, no soy. Mentira. Soy metira, más de qué podría ser verdad? Sin embargo no existe, lo comprendo, y a cada día en tus versos me reflejo más.
He tomado mis decisiones poetas, he decidido romper con mis cadenas y atarme grilletes, y tan sólo una estaca en el pecho, directa hacia el corazón. No vale la pena poeta, si no tengo inspiración.
Tantas oportunidades, tantos juegos en lo que de aquí y de allá la esperanza siempre tiene un galardón, un lugar privilegiado. Como si su asiento fuese más fuerte que la madera que lo construye. Como si el ocupante fuese ahora parte del mueble, y se uniera en nuevo curso con las fuerzas del universo. Eso no es para mí, Poeta. Lo sabes, por eso tienes miedo de adentrarte, porque me sabes obscuro, confuso, y la poca nitidez de tu pensamiento me deja ver con claridad la realidad. La que no existe.
Bien que no tengo nada, maestro. Poeta. Sensual admiración por las formas que jamás dejarán de seducirme. No caeré en tu mortal pecado hasta ser más allá de lo que no puedo dejar de imaginar. Admiro, tu precisión y técnica y te devoraré, lo juro. No tendré consideración alguna más con tu cuerpo.
Más por bien un cisne, un dragón, una raíz en la hierba del cultivo se ha encontrado. Más por bien, más así, no seré más que un dulce canto de resoplidos suaves, sinceros.
Eso quieres? eso deseas? Basura. Todo lo que con cadencia se adorna son versos inútiles, al menos a fines más allá de un poco de lógica. El objetivo siempre es claro, sólo falta acertar el gatillo. Más nunca será una cacería. No niego jamás me podré despegar quién soy. Eso jamás te atreverás a pensarlo. Y si por un momento lo dudaste, Poeta, aunque de mi sangre no pueda, no haya razón ni manera de obtener un verso limpio, una rima perfecta que te lleve al infinito, en los ojos del jaguar se encuentra mi narciso, estanque al cual de necesidad caeré, y suspiro.
Prefiero ahogarme y ser arrastrado por los lirios, que encontrarme seguro en la balsa, del alivio, de la falsa gratitud, de la siempre beata, Esperanza.
La detesto, pero, en todo, la pondré a prueba bajo la influencia de su peor castigo. La torturaré hasta los límites de lo inimaginable, disfrutando de torcerla, de perforarla. De ver expandidas cada unas de sus lágrimas y cuagularse en el pavimento frío, revueltas con polvo y sus estractos salinos.
Prefiero. Uno. Romper el hielo en la cima de la montaña, la más alta, y llenar de hielo, de escarcha, cada milímetro de Esperanza. Hoda, Égloga, Elegia. Absurdo. Desconozco el sendero. La calzada de los muertos te conducirá al renacer del Paraíso. Frisos de jaguar, tan fríos, tan desgastados. Tan bellamentes saturados. Así corrí y tropecé. Más entre fauces quiero renacer. Más de su aliento, en sus entrañas quiero reconocer. Y al salir, lobotomía. Con sus fauces, con colmillos. Cada célula de mi cabeza, en mi mente, en mi memoria. Confusa condición de luces abismales. El órgano, de un puño, tan dulce como una fresa, explotará más no sobre la vertiente, sino en la mente. Recipiente. Flecha clavada, atravesada. San Sebastián lo comprendió mejor, dulce Apolo de la daga, ruega por él. Cirugía sin retorno, sin anestecia, sin igual. Acaso mi mano colgará de tu cuello?, en buena suerte, Jaguar.
Buena suerte.
La Esperanza de los tontos. Yo prefiero cirugía, Dr. Máteme, me está matando ya. Habrá alguna otra manera de redimir sin desangrar. Más mea culpa sin pecado, concebido de la mente y por única vez originado. Poeta, tú no has de hacerme tuyo por disección, más si por elevación. Jaguar, desgarrado. Estoy mutilado. Sin cabeza, la sangre fluye mejor. Desde aquí, colgada, cabeza, encuentra, en su creador, inspiración. Jaguar.
Bestia absoluta de la madre creadora, te amo, porque tú eres la conexión con el concepto. Metamorfos trascendental de un agujero negro rodeado de ámbar, donde una línea se curva y pareada, se proyecta hasta tocar el punto más sensible del universo.
Demonio muerto, no estoy muerto.
Principio.

F.M.
(siempre un grito es mejor al final del laberinto) Shouting Pope

lunes, agosto 3

Figuras infinitas

En el principio todo era.
Más magnánimo e impredecible el carácter del Uno en el Universo. Por primera vez, por primera cuenta, la primera piedra fue asentada, la primera estrella, la primera nube, la primer señal de vitalidad, de esperanza. Por entre la infinidad del abismo, de aquello que rodeaba todo, vino y vivió la nueva armonía. Par. Por entre pareadas las sombras y la luz jugueteban. Revoloteaban alegremente por entre las fauces del abismo. A veces presas de la emoción, de la exasperación del nuevo momento, absorbidas se veían por aquel impetuoso mar en que tan sólo domina la calma. Uno. Par. En compañía de luces y sombras más Uno, multiplicación infinita de la maginificencia de la vida, se desborda ante el abismo, lo debora, lo absorbe, lo vuelve para sí. La infinidad de luz llena, la gracia se expande, la única y verdadera realidad llega a ocasión de la inagotable fuente de todo pensamiento. De toda idea. Más por magnificencia plena la forma, ahora presente en el abismo explota, se libera. Sucumbe la nada ante su inminente derrocamiento. No más a la intricada negritud, se tuerce, retuerce, compone, y mezcla. Da forma, sentido, luz. La culminación última de la existencia, la forma, las formas, las plastas, los intrincados caminos que llevan y van hacia donde toda la complejidad lleva su esencia. El Uno sale proyectado por el tiempo, espacio, infidad.
Fin del pensamiento.
Punto.
Un Punto.
Un punto en medio del cañón. Un punto en medio del abismo. Desde arriba. Punto. Desde abajo. Punto. Un punto que no tiene la mayor esencia, el mayor sentido. Punto. Para qué me encuentro en estado de transición, por qué no puedo ser finitud. Avanza un poco hacia las piedras que rodean el lago. Día. Noche. Transitorio. Como transitoria mi existencia. Si no puedo formar parte de nada, sí sólo soy un punto, qué soy. Se mira reflexivo en el espejo de agua. Sin materialidad, sin peso, sin existencia, el punto, mínimo, si quiera alcanza a distinguirse. Tan inferior que no puede contemplarse a sí mismo. Se da risa. Sin sonido. Nada. Y sin equivalencia, qué sirvo. Si no se puede ahogar, si no se puede sostener. Sin nada en el universo. Punto. Al fin. Sólo en medio de la vastedad de las formas, de las inacabables verdades un punto no encuentra nada más allá del espacio vacío de saberse punto.
El abismo, Uno, grande y magnífico. Es inerte.
Muerto.
Sepulcral.
Por su infinita vastedad la sombra es única, se encuentra sola. No se distingue una de otra, no se ve a si mismo, no se sabe decir. Sabe. Cree encontrar en sí misma aquello de lo que no hay. Y no lo logra encontrar. El abismo se encuentra sólo, único, tan lleno de todo y vacío de nada. Y si está lleno o vacío qué más le da. Un poco de aquí un poco de allá. Porque el vacío no es en sí mismo lo que contiene. Es otra cosa. El abismo grande, fuerte, imponente. Plantas, ríos, montañas, seres. Más qué es. Sabe abismo. Y será que en el abismo hay tantas cosas o será que no hay absolutamente nada. El abismo llora y llena su río. El abismo ¿siente? si quiera sabe que sentir. Qué es. Nada. Punto. El abismo enorme, el punto pequeño, se saben, más nada son. Punto.
Un punto.
Luz.
Un punto. Un punto. Un punto.
Puntos aislados que poco a poco van golpeando en el abismo, por la imparable causa de la luz. Procedencia, como siempre, transitoria. Inmaculada. Punto. Despierta. Abre los ojos. Punto. Reacciona. Punto. Elévate. Punto. Magnifícate. Punto.
Punto. Depresión de la incompletud del universo. Incompletud, insensitud, infinitud. Talúd. Punto.
Más punto, punto que viaja, transita, reacciona, visita, insita. Punto llega con la nueva luz. Punto camina, corre, brinca, punto viene del universo. Punto no tiene nave, punto no tiene terreno, punto es punto y punto, no hay más allá de él. Y sin embargo sabe de sí más que nada en el universo. Escuchose llorar, abismo. Y llega a él. Se le inserta en las entrañas. Vasta! Quién es. Me haces cosquillas. Punto. Qué punto? Punto. Nada más allá. Si tú no lo quieres. Atrápame.
Qué? Tócame. Qué? Aplástame! Ven tras de mi! Crees que puedes con un punto? No sabes nada señor infinito.
El abismo al principio no sabe qué hacer. Aplástame? qué es eso, lo ha oído, pero, cómo se hace cuando no se es nada en el universo. Abismo no soporta más, punto brinca. Brinca. Brinca. Es imparable. Basta! No lo haré. Para! No lo haré! Detente! No lo haré. No lo haré. Tócame, Búscame, Aplástame, Encuéntrame.
La roca comienza a moverse, la roca comienza a crujir. Dentro del abismo algunos sonidos huecos se oyen desde las profundidades. Punto voltea, una roca pasa encima de sí y cae en el charco donde se intentaba ver reflejado. Una roca. Muchas rocas. Por todo el ancho de la gruta las paredes comienzan a rechinar, a retumbar, se oyen quejidos, alaridos. Por encima sobre todo comienza a haber un estruendo, roca que choca contra roca. Roca que modifica y crea. La luz, la luz es capaz de encontrarse más sitios. Más lugares en el infinito, que ya no es tan grande dentro del abismo.
Abismo logra desprender. Abismo logra transmutar. Abismo.
Basta! Basta!
No lo haré!
Quejidos, rocas, fuentes de luz por doquier.
Punto comienza a ver con claridad. Punto comienza a comprender, Punto. Se mira hacia arriba, hacia sí mismo. Todo el tiempo se ha encontrado proyectado por un haz de luz. Punto sube, escala entre la tempestad. Punto jamás había volteado hacia arriba, punto no sabía del haz de luz. Punto comienza a preguntarse si en los demás haces habrá más puntos. Punto sigue, sigue, se tiene que multiplicar a sí mismo, o eso siente, se dobla, se filta, se controsiona y cada vez sube más y más rápido. Entre más arriba más rocas caen, más espacios se abren. Punto comienza a escuchar, en verdad nunca había escuchado, oye los gritos del abismo, oye una voz que se parece a la suya que ríe, que juega, que canta. Punto choca. Con piedra. punto voltéa. Sigue y jamás te detengas hasta llegar a otro universo, sigue en línea recta y verás cómo poco a poco te curvas, poco a poco pierdes de vista el trayecto. Sigue Punto, como yo, sigue y llega lejos. Libera abismos, sacúdelos. Rómpelos. Destrúyelos. Crea. Más tú quién eres? pregunta Punto.
-Yo soy sólo el Uno. Y sólo uno vasta para proyectarse hasta el Universo.
Punto se fue volando, Punto, Uno, Universo.
Destruye, crea, retúercete en la inacabada línea curva del infinito.

F.M.

jueves, julio 30

Más por Ojo Jaguar

Entrada corta, para una larga extensión del alma.
Si bien mis palabras no intentar ser rebuscadas ahora, del viaje, de la mente, de la infinita vorágine de mis pensamientos, me viene a ti, ojos de Jaguar.
Interesante el recuerdo de cómo has llegado a mi mente. Fuente de inspiración, no lo creo más no por voluntad propia. En ti mismo, en tu ambiente. En toda tu esencia y desendencia.
Cómo fue que llegaste al camino. Ojo Jaguar. Y sin embargo te vi dos veces, en diferente palco, ahora lo entiendo, pero al final usabas la misma máscara, más por nombre diferente disfraz.
No creas que no lo supe, desde tus ojos la mirada catapulta hacia lo infinito, lo irracional, más por bien atenuaste y huiste, cual bestia espantada. No sé bien que animal, no se bien cuyo protagonista mi vida sucita, a veces un cheeta, a veces una serpiente. Si por vez primera supiera mi esencial animal todo sería un poco más fácil. Más no lo niegues, que bien sabes identificar, al folcklor por esencia si bien no es austera, si es irrosoria en la tonalidad de la modernidad. No me importa, la escena nunca antes lució mejor. Descompuesta, alejada, atípica, sensual. Por mi tendría tus ojos en mi balcón. Dejándome ver desde ese jinete en la montaña al que subimos a la televisión. Extraño demonio el que visitó nuestro recinto, si por quizá eras tú, ahora lo pienso, queridísimos ojos de jaguar. Inesperada conexión, muy tarde comprendí la parada. El sapo de la cara obscura me lo dijo, y yo, tan sordo como siempre, no supe entender lo que sus labios mudos me decían. El demonio, el demonio se ha alejado de mi y esto es lo que ha provocado, esta irrisoria humedad y sensación. Tú sabes, Jaguar que al acecho me encuentro, algún día mi lanza empuñaré en tu pecho, y sangrarás, y todo el hermoso reino se llenara de flores rojas y piedras cubiertas de sangre, y renacera de entre la brisa, de entre la espuma. Pornográfico sentido el que le has dado, vale la pena, decir sin embargo te descubriste. Itininerario interesante de itinerante personalidad. Más por la selva me conduje sin atender a un sólo jaguar. Dormí con uno, casi desnudo, y no me pude dar cuenta de ello. Sospecha. Irrisoria vista desde el tejado, ¿no crees? ahora no hay emoción en mis palabras más por ejercicio bilbiográfico me veo obligado a seducirte. Pero menuda reflexión me ha llevado ojo Jaguar, Jaguar sin ojos. Porque los verdaderos ojos, los que busco despojar, siempre han estado más cerca, más bellos, más llenos de sangre de vitalidad. Ahora mismo lo comprobaré ojo Jaguar. Ahora mismo sabré si mi pensamiento es certero, tercero, final. Te toca a ti, mi amado oJo Jaguar. Te quedarás sin ojos. Ámalos, como yo amo mis recuerdos.
Te beso en la frente y desvanezco entre las piedras del acantilado.

martes, julio 14

Hegonía a Mr. T, C

Sin pensarlo, sin siquiera llevarlo a mi mente la galleta de la fortuna, como en la película que más adoro, me muestra un ojo, viéndome, inútilmente, desde un sitio donde debería estar su cavidad.
Oh diablos, cómo voy a extrañar mis ejercicios. Oh diablos, cómo voy a extrañar mis pasibidades. Anque otras angustias ahora tengo presentes, más cómo es que me encuentro viviendo el presente. Así pasa, mi pequeño torcuato, torolato, imbécil, tarado. Así pasa cuando te vas cuenta de lo que te encuentras haciendo más sólo como un ejercicio de la memoria y no como una más de tus pasiones. Acaso será ese el misterio que supo Santa Teresa. Más por siempre virginal congelada en su capilla, bajo el oculus misterioso lleno de ámbar, con rayos de oro, que todo lo penetran. Así de esa manera, me siento yo, mi querido torolato. Así me siento yo, con bújeros, con agújeros, con huecos, todo penetrado. Más no estoy seguro del agente de mi penetración. Muchos dirán que en un arrobo, más por sincero acto masoquista, me habeís tomado confundido y. Clavaste. La sentencia fue que nunca fue. Así de estúpido suena, más torolato lo único ámbar son tus hermosos ojos, esos que te cuelgan en cuanto veo pasar la bala por entre tu cien. No te espantes, aquí no hay referencialidad directa, es más bien un entrecruzamiento. Así como el que tú y yo vamos a tener. Qué soy, un cerdo asqueroso. No lo veo, amigo, creo. Más bien que los cerdos comiecen perlas, si entiendes tú un poco de mis palabras sabrás a dónde referirte si por sentado te doy en el diccionario, y te apunto con el dedo la palabra revelión. Más en la granja todos somos como pequeños animales, inútiles, pero a la vez cumplimos cierto papelillo que nos hace sentir de tanto modo importantes. Más fíjate, torolato, que torolato andaba un día, así nada más escribiendo, y bueno no lo pudo evitar. Saco la pluma, saco un lápiz, le sacó punta. Punto. Fin. Se sacó los ojos. Más.
Hermosísima musa hermáfrodita que por bien conozco el tesoro que en ti encierras, comienzo a comprender la trayectoria de nuestra trascendencia. Dudo mucho, descendencia, si bien anatómicamente es imposible. A mi hermosa musa en su vientre anido. Yo lo sé, no creas que no me doy cuenta. Y por bien, vez primera ha surgido lo que parece ser un barón rampante que por referecialidad extrema, insisto, ha quedado el pobre, sin lengua. Sin sentido. Pero, ya te lo dije, así son las cosas del destino. Increíble cómo ayer estaba tan sólo hablándote de mi intestino, más dudo mucho, al menos por ahora, que mañana pueda yo decirte lo mismo. Porque justo ahora, el único intestino que encuentro es j. O quizá s, sería más apropiado. Pero bien no creas, tú sabes la verdad, tú. Te sonrío, por mi te besaría en los labios pero no soy lo suficientemente valiente para hacerlo. Y en cuanto pienso en tu rostro, en tu cara y en cada soplo de tu aroma, sabes, más sabes, que en mi hasta las fibras más sensibles se estremecen. Cursilería barata, bisutería. Más por bien servidas las joyas no son siempre perlas nacaradas. Aprende a apreciar lo duro, lo filoso, lo cortante. Yo sé por vez primera que desde el pasado mutilas. No sé bien si lo has hecho, pero estoy seguro. Más eso nunca pasará, conscientemente. Ahora me encuentro trabajando en ello. De hecho en parte, para eso te escribo. Te escribí.
Dudo mucho que la experiencia vuelva, dudo mucho de el mismo hecho de la metódica de mis impresiones. Y ahora bien sé, que por mucho esfuerzo que haga en dudar y dudar, no me queda duda de que es increíble cómo los destinos se bifurcan. Me encuentro más que extrañado de mis vísceras, de cómo puedo tener el intestino, el corazón en una sola mano, y con la otra realizar el corte en mi cara. Y ya que te cuelgan los ojitos, preciosos esos tuyos, entonces comienzas.
No lo sé, como siempre. Pero parece que la intensidad recurre a fórmulas físicas cada vez menos supeditadas a una tercer ley de Newton y en vista de los progresos cualificados de la filosofía de las ciencias, recuerdo una Curie muerta, tan sólo a través de lo único visible, la sustancia. Incréible, superior. Para mi que la sustancia, el líquido de batería que derramaste en mi boca, sabía tan delicioso, tan natural como aquel pobre ser dentro de la copa, que aún estaba vivo cuando degluití. Podríamos haberlo dejado simplemente sin cabeza.
Presiento a los 4 caballeros que me acompañarán, y sin embargo veo una dama que es la que más me hace falta. Que no me comprendes. Que detestas mis impulsos. Lo dudo, cuando ya no tengas cabeza, me dices. Lo que quieras. Lo que quiero es a ti. Amenaza. No por bien sincera se toma la palabra. Más mi nueva hija acaba de nacerme como Atenea sin sexo.
Extrañamiento de las conspiraciones del universo, de la bilis que cada vez me tengo que tragar. Más por aceite, qué importa, tan sólo hagamos margaritas.
Veo tu rostro, tu maldito rostro ajado, ultrajado, y me recuerda tanto a ti. No sé porqué ronda en mi mente la luz cenital en tus pupilas. Y luego. El haz de luz que te parte en dos, que te sacrifica. Más bien por maña he de gritar. Grito, y aviento tu cabeza al suelo.
Dudo. Más por seguro siempre será el destino, que ese ojo que me mira quizá sea el mio que ahora quito con tu cuchara. Tuerto, torolato. Siempre ha sido un estorbo. Veré. Si por sangre han de atropellarme que lo hagan, más comienza la pregunta. Cuánto ácido se requiere para hostigar un corazón abierto. Literal. Irreal. Magnífico.
Así fue como mañana abordé el nuevo sendero. Desconozco la próximas 15 notas de viaje. Pero será un hecho, Tu ojo tuerco siempre faltará en mi lecho, en mi techo y mi pecho y en mi rima nefastuosa, irrisible, suprarrenal.
A quién le importa.
Sin embargo, el hígado, se lo lleva. Un perro. Lo hará de cenar. A sus cachorros.
Estofado. Mmm, qué rico!
Hazme tuyo.
De vísceras.
El ojo rueda a través de la mesa, no te quita la vista de encima. Poco a poco te pierdes en su insistente mirada. Mirada que no cierra (porque no puede) (risas) porque. Inhalación profunda. Acceso a la siguiente dimensión. Sabes de la concavidad. Aún no me respondes. Te doy un golpe, ligero, con amor.
Un paso más, y las alas del ángel te cobijan. Veremos hasta dónde serás capaz de descender a los infiernos.

F.M.
No olvides la postal, torolato.

lunes, julio 13

Bilis, C.

Después de tener los pies inchados voltéas hacia atrás.
Te has dado cuenta de que estás perdido, bajo el sol inverbe. El desierto. La mutitud. La eterna vorágine de ruidos que te parecen tan desconocidos, tan poco familiares. Tus dedos no responden como antes, es normal, te has desacostumbrado. Costumbres que en mañas se vuelven, más cuando la maña se va la mano se alenta. Y después de tus pies, reconoces. Creiste que estabas conociendo cuando en verdad lo que hiciste fue darte cuenta de lo treméndamente tonto que has sido todo este tiempo. Y sin embargo te sientes orgulloso. Es cierto, fue tiempo. Pero qué queda más que el tiempo cuando somos humanos. Cuando fuimos humanos. Cuando toda la vida se vuelve tan sólo una triste cadena hacia la trascendescia. Curioso cómo se parecen las palabras, trascendencia, escencia, inocencia, incongruencia. Todas ellas reunidas ante los mismos lexemas, pero que ante tus labios son incapaces de pintarse de la manera correcta por que tú y tan sólo tú no conoces la existencia en su etapa más pura, más colosa y más mínimalista en cierto aspecto. Es cierto, tan sólo la muerte podrá liberarte de las ataduras. Pero, pregunta, el taxista es mudo. Sí, a tus pies se encuentra el suelo que alguna vez has de besar, has de sentir, has de extrañar. Por que más extraño que las calles y la gente son las cosas que no conoces ya ya extrañas por el simple hecho de que resultan extrañas a tus sentidos. Parece muy simple, a un buen ojo lo único que le queda es ver. Pero cuando es ciego ve más. Esa es la lección que no todos han aprendido. Sácate los ojos. Edipo creyó. Porque más allá de toda esperanza y fe, Yocasta, la cual no era en absoluto connotadamente casta, supo hacer su cuerpo el templo del equilibrio y la esquizofrenia de la razón postmoderna aún en tiempos en que la esfinge parecía razonadamente más mística que un trasvestista deprimido a las puertas del burdel. No. No son sólo las emociones. Sentidos. Y sin el sentido el sentido del sentido se saca los ojos a si mismo. Y puede pisar, puede roer, puede caer de un techo mil cristales y clavársete a ti en tus dulces y misteriosos piecesitos, querida, y ni aún así, ni aún cuando me he preocupado por amputarte hasta el más sincero de tus inútiles deditos, puedes decirme que sabes caminar. Perdido, y cuando volteas el misterioso te sigue persiguiendo. Y cuando volteas inspirador te sigue persiguiendo. Y cuando volteas aquellas palomas aún te sacan los ojos y los insectos siguen dentro de tus entrañas y tus cavidades, y al otro lado de la calle no puedes más que ver un letrero cuya consigna no reconoces. Estoy perdido, dices sinceramente. Decides dejar tu hígado en el pavimento. Un coche corriendo a más de 100 km/seg ha decidido hacerte el sincero favor de aplastarlo hasta reventar todo lo que en él había. Pero sabes qué, ni siquiera te inmutas. No te diré que te lo comas, más no tiene sentido. Alzas tu manita, tu garrita, y por primera vez te das cuenta de algo. Calle. Calla. Y la explosión del ruido. Y lagrimita, lágrima, estima, explota, inutil, inocua. Feliz. Muerta. Lágrima, lagrimita, que saltas, que gritas, que invocas que inmolas, que vuelves tan sola a la beatitud de mi ser. Bendito sea yo, ser de poca luz. Lágrima, revuelta con la sangre del pavimento que tu hígado desprendió. Se fue, con el aire.
-Gracias- Cuánto le debo. Igualmente.
Clap, clap, clap, clac, clac, clac.
Naranja.
Compuerta.
-Bueno, ya voy llegando. Rosa.-
Dios, por qué dije eso, no importa ya llego.
Por qué será que aún no veo ningún muerto. (Recuerdo) Amigo, extraño ver muertos, por favor, vuélvelo a hacer.()
Bien. Sonrisa. Muertos habrá.
5515901294851
Llamando....
¿Bueno?... Malo dirá... (risas grabadas)... bajo el ángel más luminoso de mi vida. Respira hondo.
Un coche, se detiene... Y desparrama su bilis por el suelo, por el sueño, por la lágrima que cae a través del espacio en la grieta del pavimento, una bilis que enciende el motor, que corroe por naturaleza, que es dúctil, volálit, y que viene encajonada, con dos entradas. Una se conecta al cuerpo, la ottra a lo más profundo del alma.
Mientras baja por la escalera de la estación del metro, la creatura combustiona en si misma. La briza, tóxica, contamina el aire, lo vuelve definitivamente ralo, insportable.
Los transeuntes, usuarios, conductores, no se dan cuenta, no sucede nada.
Nada.
La bilis ha contaminado el suelo, es tiempo de la incubación. (risas). Aunque, pensándolo bien, de todas maneras el apocalipsis ya había comenzado.

1 Cubeta con agua caliente y vinagre. Úsese bilis en caso, es buena. Transición.

F.M.

miércoles, mayo 20

Imagínate lo que es de repente, tan sólo de repente, encontrarte conmigo.
No te lo puedes imaginar, quizá sea que nunca lo sabrás. Dirás ahora que no es cierto, y luego yo te habré dicho que es verdad. Así como las cosas suceden en el presente, así nunca pudiste conocerme en verdad en el pasado. Tan sólo un cuerpo, con voz, con boca, con corazón, te puede dar el sentmiento del alma. No lo creo parte de mi corazón. Tan sólo has conocido mi carne, más nunca serás parte de mis anhelos. Más bien, eres parte de mis anhelos, y serás parte de mi carne, pero, algún dia logarás ser parte de mí? En ocasiones lo dudo un poco, en ocasiones lo dudo en absoluto. Tan sólo una presencia no puede revelar más que el hecho mismo de la existencia, y qué, eso qué es lo que te demuestra, nada en absoluto, quiero decir. Que en un momento te hable. Como si de verdad mis palabras lograran decirte algo, como si mis palabras pudiera hablarte por si solas, y me dices que lo crees así. Pobre ingenuo que eres, siempre he tenido mucha compasión de la gente como tú, pero sabes qué, por eso me fascinas. Por ser tan débil, tan pobre, tan falta de algo llamado substancia. Sí, será que yo creo vivir en otro lugar. No. Nada de eso no seas tonto, las risas pregabadas nada tienen que ver, acaso nunca conociste el teatro de lo no mortales? Te lo presento. Admíralo y velo bien, porque quizá sea lo última vez que lo veas. Más bien porque en tu vida nada podrá volver a ser tan maravilloso como antes. Jajajaja, tienes toda la razón, mi carcajada se escucha hasta la esquina. Un sujeto viene corriendo, me arrebata el cigarro que tengo entre las manos, no importa, prendo otro, siempre hay más cigarros que prender. Ahora bien, te decía, ah sí claro yo reía de tu sutil broma. Más me vale llevarte al infierno, eso ya lo sé. No hombre que va, si todos acabaremos allá, bueno, más bien todos ustedes. Yo soy inmortal. Crees que acaso hablaría así si no lo fuera. Jajaja, en verdad tus comentarios llenan mi vida de risa. Sabías que la risa es pecado. Sí, hijo mio, la risa como parte de la jovialidad es uno de esos tantos pecados de lo que ustedes los hombres se han de arrepentir. YO no tengo por qué arrepentirme de nada. Eso dices. De verdad, no me crees? Pues yo digo que algún día te vas a arrepentir de haberme conocido. Quizá, quizá. La verdadera razón de nuestro encuentro no es otra que mi desprecio, que mi aberción hacia la monotonía, hacia la igualidad. Sí, lo sé, no se dice igualidad se dice igualdad, pero no quiero que suene a lo mismo. A lo parejo. Quiero que suene diferente, tan fuera de sí. Así es, yo siempre tan estrafalario, tan inconexo, tan surreal. No me puedo quitar esa canción de la cabeza, no sé bien qué es lo que siento en este momento. Sólo sabía que debía hablar contigo sabes, a solas, un minuto, y quizá esta fue la única manera de hacerlo. Qué por qué siempre he de ser tan violento. Así lo soy siempre, ese es lo que me gusta usar, así es como me identifico. Te digo que no me conoces nadita, absolutamente nada de nada. Todo está más allá de ti mismo, admítelo, apréndelo a ver. Llega a mí, así como deseas llegar al infinito. Llega a todos lados, a donde nadie más te pueda ver, más que yo claro. Que sueno en más contradictorio, quizá sí, la verdad es que nunca he sabido a ciencia cierta cuál es mi propósito, sólo sé que quiero matarte. Eso fue muy sincero. Qué, nunca nadie te lo habia dicho, yo no tengo porque acoltarlo. Pero no, no temas, no todo es tan malo. En ocasiones pudes llegar a pensar, en lo diferente, en lo alterno. Mis ojos se cierran, los ojos del público. Yo sé que probablemente esto no tenga trascendencia, pero así lo quice, así lo quiero. TEndrá que ser de nuevo una manera de llegar a mi, de llenarme de un poco más de mi mismo. Tú? crees que realmente me importas. Te puedo decir que no, te puedo decir que sí, la verdad es que nada importa. Ahora sonríe. Ah mira, qué detalle, muchas gracias. Grita desde el filo del escenario, los amo a todos, muchas gracias. El público no deja de aplaudir, todos se encuentran aplaudiendo. Siguen aplaudiendo. Callan.
Un hilo de sangre recorre en escenario... de quién será?
Tuyo por supuesto... me oigo decir a mi mismo.

miércoles, abril 22

Baño

Otra vez los sentimientos raros rondan por el mundo. Otra ves los raros rondan. Otra vez.
Y cada vez me siento más cansado, un tanto más vacío. Más tirado hacia el infinito porque finitas se van haciendo mis ideas, mis penamientos. Cada vez necesito más tiempo para dormir, cada vez necesito más tiempo para comer, cada vez que veo algo frente al espejo, me pregunto qué es lo que será, de qué manera tan insólita, triste, insospechada es que puede vivir. No lo sé, me alegra al menos entender que mis palabras no caen a oidos ciegos, a manos invisibles a corazones ya sin aliento. De momento, con el demonio, tuve una experiencia. No es que no las haya tenido antes, pero me habló de ti, me dijo lo que ya sé. Me hizo ver cada uno de las aspectos en los que he reflexionado, y ahora me doy cuenta cuánta razón tengo. Eres un estúpido, te dejas hacer. Sï, es cierto, porque a pesar de todo siempre había creído que los sentimientos puros iban más allá de un afuera, de estar bien, de tener todo bajo control. Y ahora resulta que todo es cierto. Siempre tuve la razón. Sí. Los malos. razón. Siempre se tiene la razón.
Llegó a mi mente, ayer, una imagen un tanto escabrosa. Un individuo en una bañera, está tenso, y a pesar de todo, reconoce en él el baño. Comienza a enjabonarse y decide que es día de lavarse. Más allá, el pelo que está en su cuerpo le estorba, se lo ha de quitar. El reloj de afuera marca las doce de la noche. Para asi, no hay nada más. Así que baja de nuevo. Por qué está escurriendo y tititiritando. Tiene frío. Por qué baja. Necesita agua caliente. Espera. Cuando regresa, de nuevo el agua. Caliente. Caliente. Su cuerpo está caliente, cubierto de una sensación que trata de evocar y sin embargo no le sale, que le sale a medias. Adopta una postura para que el agua viole su oido, su cabeza, su ser. Y siente, absolútamente. Pero sabe que no como debería. Siempre sabe cómo debería y eso le está dando dolor de cabeza. Decide agacharse. Necesita que el agua entre por otros lugares. Necesita un masaje en otras partes. El agua caliente. Caliente toca sus nalgas. Caliente se acerca. Caliente no sabe cómo reaccionar. Sólo comienza a sentir cómo su cuerpo se llena de agua. El agua lo viola, compenetran, compaginan, se vuelven uno. Sabe que está llegando el momento y, lo interrumpe. Ya que casi se ha llegado a la purificación. Estúpido. Tenías, lo tenías entre tus brazos, se encontraba acariciando de lo más intimo de tu cuerpo, y lo dejaste ir. Estúpido. Ahora, quien se encuentra arriba de ti voltéa hacia abajo. Se resbala. Más no cae. Todo flota. Todo en este inmenso espacio flota. Como la risa. Como el vicio que los viejos castigan, la imprudencia del joven, del desenfreno. Tú en cambio, en posición motable, acogible, reaccionas. La sangre te viene a la nariz. No sabes bien cómo reaccionar. Tu cámara no funciona, se ha nublado por el agua que se ha metido. Abortar. Cierras la llave del agua. No sabes bien de dónde ha venido la risa, si no metiste la grabadora contigo. Te estresa, algo sale mal, la relajación algo sale mal. Inevitable. Y esa sensación extraña, de vacío. Vacío. Volveré a bañarme. ¿Me prestas un jabón?
La televisión se apaga. Las risas pregabadas rien inconteniblemente.

F.M.

viernes, abril 17

Papiros de azufre...

Y después de todo alguien de entre el público se levanta. Mira directamente hacia el escenario y dice que comprará toda la obra, que han de llevársela a la reina de corazones. No existe dentro del reino mejor obra que aquella, no existe nada que pueda halagar más a la reina.
De entre las sombras un cadáver responde: ¿acaso crees? Ni uno solo de tus infantiles hermanos puede compararse con la grandeza del reino de los infiernos. Así es esto, por mi hermano el barquero, que nunca podrás pasar más allá de donde tu nublada vista te deja percibir. Cada uno de tus sentidos será arrancado de ti, hasta después de la vida, la muerte.
Un asiento que se remueve. Un personaje cae al hoyo negro, al vacío del infinito. Ahí se encuentra nuestro amigo Virgilio.
Una pequeña exalación del reino de los muertos. Ríe. Entre azufres se consume. Acaso crees. Nunca debes creer nada por supuesto. La creencia mata el espíritu, mi buen amigo. Y si te dijera que más bien estoy tras de tu nuca, esperando a que respires una vez más, para liquidarte.
Gritarías entonces o seguirías tratando.
¿Engaño?
No resbales con el lodo.

F.M.

Sobre los sentidos, el disgusto.

No sabría decirte qué pasó, no opino sobre los muertos.
A veces la ansiedad nos lleva a estados de la conciencia innimaginables, como por ejemplo, ahora, mientras te cuento estas palabras. Ya sé que muchas veces te las he repetido, y tú insistes en saber por qué te hago tantas preguntas. La verdad es que ni yo mismo tengo la respuesta. Lo sé, sabes que te amo tanto que no puedo dejar de pensar que eres casi tan inmaterial. Me lleno la vida pensando en como transitar por un montón de recuerdos. Porque de repente todo se ha revelado, lo que siempre supe al fin salió a la luz. Tú en algún momento te irás. Y qué esperas que haga. Sabes lo mucho que me molesta esta ciudad, lo poco que soporto a los demás. Y aún así te sigo amando. Aún así sigues siendo parte de mi inspiración. Discusiones acaloradas en donde tú no alcanzas a vislumbrar el objetivo, mientras yo te como, mientras te aplico mis jugos gástricos. Confiezo extrañeza en tu rostro. Sabía que lo ibas a reconocer. De repente los momentos se han quedado flotando. No creo que eso sea una señal precisamente mala. De verdad que no te das cuenta de la cosas. De verdad que no te das cuenta. Algún día parece como si nunca ha existido la presencia del pasado. Más allá de todo, creo saber que eres uno de los pocos que me escucha. Uno de los pocos que consuela. Porque en la desgracia me mantengo impasible. Porque nunca había sufrido una desgracia. Deseo de todo corazón. Para estas fechas no me verás más. Y me pregunto ahora cómo será la vida sin ti. Pobre de ti, mi hermoso Conejo que sólo vez en la situación una risible calamidad. Más que una calamidad parece tan capricho el que se esconde en tus orejitas que no eres capaz de darte cuenta en el absurdo que estás callendo. Sí. Yo no estoy inmuscuido en el asunto. Sabes que no eres más que un demonio ni un humano. Soy un animal. Animal que en ocasión de la filosofía del reino se ha dedicado a los placeres de la carne. Considerándolo propio para creaturas como tú, yo me sumo a la vinculación máxima para llegar a la gracia. Pero si tú ahora te niegas a tan sólo los encuentros carnales. Ya lo sé, mi dulce conejo, pero siento que no está ahí lo que busco. A pesar de toda mi suma teologica que defiende el éxtasis más allá de todo juicio de pecado, no puedo pensar en una actividad que extralimite mis emociones. El escudo protector siempre funciona. Como un aura que perméa al cuerpo, el solipsismo llena al ser de su propia esencia. Qué más grande que el individuo pleno ante su propia soledad. Y qué más queda cuando el inviduo muere en si mismo, ¿entonces? No hay nada más allá, Nada. Tan sólo el destino. Destino del presente que se manifiesta quizá más claramente en los sueños. Considero que no es adecuado planear, yo de qué manera conoceré mi futuro. El juego de la vida entre el loco, el diablo y la rueda de la fortuna se barajea sin cesar en las figuras de la vida. Y sin embargo yo puedo decir lo que quiero. Así es. Es. Sin. Embargo. Porque al embargar el alma de penas, de culpas y de necesidades, las ansiedades se vuelven realidades. Parece que más allá de todo el arquitecto sigue nuetras propias indicaciones. Es como continuar un camino con rutas marcadas, e inclusive a veces salirme un poco del camino. Conejito, lo que pasa es que tú todo lo ves como ya hecho, ya escrito. Si la vida fuera sólo eso entonces creeríamos en tan sólo lo ya dicho, lo ya hecho. Y ahora resulta que no lo hacemos. Parece que sí. Apariencia. Materialidad. Ahí encuentras tu verdadero reto. No hay nada más que vivir la vida, se acabó. Fin.
Las risas llenan todo el cuarto, conejo ha decidido partir hacia otra habitación está bastante agotado y de mal humor por la conversación. Mientras tanto, a los ojos del público atento a las reacciones de Yo, mi y el narrador, un sujeto dentro del público se levanta.
Más allá, dentro del árido desierto del reino de corazones, se encuentra la dulce niña Alicia, que bien se encuentra un poco perdida del teatro de las ilusiones. -Disculpe- dice Alicia a un hombre que se encuentra parado en medio del camino. El hombre no se inmuta. -Disculpe, ¿me podría decir hacia dónde queda mi destino?-. El hombre parado saca de su bolsillo izquierdo un reloj. -Mi querida niña, eso es más que obvio- estronuda. - Todos saben que el destino de Alicia se encuentra más allá del Hades. Si bien sigues tus insitintos sabrás en dónde tienes que comenzar a morir.- Alicia con espanto en el rostro, y sin poder hablar debido a que no sabe cómo quitárselo se tira al suelo. Una vez pecho tierra, comienza a golpear su cara contra el suelo, hasta que el espanto se va. Se limpia la tierra del vestido azúl satín. - Querido Sr. mi madre me ha dicho que mi volubilidad y mi falta de entrega me han de llevar al abismo, pero hay tantos en este recóndito valle que no sé por cuál debo caer. Bien ud sabe que las leyes de la lógica me prohíben volver a subir.- El hombre, voltéa hacia un lado, voltéa hacia el otro y baja el rostro rápidamente hasta quedar frente al rostro de Alicia. - Niña. Las leyes no importan en el mundo de los cerdos. El perro te podrá tratar de engañar, pero tu austucia debe ser mayor. Tírate del precipicio, aunque la ley parezca inquebrantable. Yo soy el que ayer caía por uno de ellos, y mira ahora. Misteriosamente a lo largo del viaje he podido volver a subir. O quizá fue que nunca dejé de bajar. El fondo no existe. Sólo piensa en que tendrás que recorren un trayecto.- Alicia estaba confundida. El hombre, no tenía boca, por la cual hablar.
Parece que la hemos asustado un poco. Pues de qué manera se puede hablar sin hablar con lo mismo. No lo mismo pues cada uno habla su lenguaje. Artificiosa es sólo el instrumento y verdadera la manera de hacerlo. El hombre sentado en la silla ubicada justo en medio del escenario se levanta. Da tres pasos. Se quita la venda con la mano derecha, con la mano izquierda hace la señal de la cruz. Más porque Dios me ha arrojado al mundo con tan sólo dos manos. La venda cae al suelo. Una gran cicratruz surca la cara del individuo. Es un individuo. ¿Acaso será posible seguir hablando de que lo sea, aún ahora que está muerto? No lo sé Afregia, no me consta que esté muerto. Pero Dr. Anlosa, ud es el que se dedica a hacer las autopsias. Yo mismo le practique la cirugía reconstructiva. Los dos personajes estallan en carcajadas. Las luces del auditorio se apagan. Se centra una luz cenitalmente sobre el Dr., Afregia y el cuerpo-individuo. Srita. guardando todo el poco respeto que me merece un cadáver, no sabría decirte qué pasó, no opino sobre los muertos. Afregia sonríe directamente hacia la cámara 1. Se oyen risan pregrabadas. Se oyen risas pregrabadas.

F.M.

jueves, abril 16

Brotará, R.

De repente pasa por mi cabeza, de repente pierdo el hilo de todo, de todo lo posible e imaginable.
De repente retorno al mundo de las mil caras, de una sola máscara. De repente vuelvo a ti. No es sólo porque ahora me sienta derrotado. En verdad no sé si aún sigo dentro de la batalla o no. Hace tanto tiempo que dejé de saberlo. Mi angustia. Parece maleficio que cada que vuelvo a pensar en ti las palabras brotan de mis dedos. Maleficio. Sofía. Te extrañaba. Y ahora me indigno. Y ahora me molesto. Después de un buen chiste, una dosis de un triste y malhumorado humor. Sí, es posible. Más no podría soportarlo. Sabes la veneración que tiene mi carne hacia tu existencia, devoto de tus múltiples y sardónicos defectos. Más yo, más. Sentado. De pie sin poderte mirar de frente. Por qué aún no te has querido quitar el velo. Ayer con un dulce aliento llamabas a mi mente, y hoy, me castigas, me atormentas, no me dejas vivir. Parece demasiado cursi lo que te digo, parece innecesario el lamento. Inexistente la aparente vinculación. Y ahora. Enojo. Sí. No lo puedo evitar. Estoy enojado. Más no sé bien con quién. No sé bien quién es el receptáculo de mi ofuscación. He de confesarte que tengo miedo. Y miedo, angustia, enojo son cosas de los humanos, ¡carajo! yo no soy humano. Este demonio que se encuentra más allá de tu simple y llana existencia no puede sufrir. No puede darse el lujo de sentirse a tu nivel, a tu caprichosa voluntad. No te puedo matar, no sabes cuánto lo deseo. Y si urgencia tenía yo de encontrarme contigo fue por la misma razón de arrastrarte hacia la nada. Y sin embargo, cada noche en tu cuarto, no puedo. Me encuentro dentro, una o dos ocasiones. Me escondo, perfectamente. Ya sabes, maestría. Y simplemente no me llega la razón. Razón que sólo verte dormitar es suficiente para creer que merece la pena lacerarme a mi mismo un día más. Sabes de mis instintos seguidores del marqués. Sabes de mi noble gracia hacia las cosas del púrpura violento. Y también sabes que la daga que debería estar en tu interior se encuentra dentro de mi pecho. Y si bien, jugamos, no sé si nos encontramos en oposición o en indefinible enfrentamiento. No es lo mismo, no te confundas. No sé dónde tanta basura se anida dentro de mi dispensario. Como de repente se me antoja aventarme al arrobo de tu Dios. Como de repente se me antoja la violencia de la carne, de la mente. Y bien, dirás que la practico diario, más no es así. Demonio traicionado por mis demonios desconozco si bien no será mi devoción franciscana lo que me mueva a hablarte a ti, frágil creatura como un ave que no entiende mi lenguaje, y sin embargo me responde. Creatura enamorada de creatura, pero no en los mismos términos. Malditos términos ¡aborrecibles! Cordura, dudo que exista.
Y bien que pronto yo sé que en cualquier momento una furia llegará hasta mi destino, me seducirá y caeré en el vacío de la perdición. Pero desde entonces no encuentro inspiración. No encuentro lo tremendamente innovador en mi ser que me llevaba a desear sangre, sangre por montón. Sólo deseo la tuya, tu cuerpo, tus suspiros. Y ahora, peor aún. Entre las creaturas de la noche, yo mismo me encuentro entre las desposeidas de la gracia de tu Dios. Benignamente me resulta irrelevante a mi psicología, más, creo en virtud de tu patología potencial, de tu demencia, que me puedes engañar. Y bien no sé por qué se niega a conocer a otro demonio. Y bien no sé por qué debe haber más sujetos en discordia cuando yo sólo comencé pensando en uno, en uno solo, en el único que vale y que me lleva al extremo de la furia de querlo arrancar a si mismo de su propio mundo. Yo. Yo soy. Soy el único. Único verbo de mi propia creación. Renacido y sentado a la derecha de nadie más. Vivo en torno a al desgracia de mi propia vida. Y no por eso confundas que soy infeliz. Ideal el retomar el mundo después del abismo. Te acuerdas del loco. Cómo no acordarme. Estaba tan feliz a punto de tirarse al precipicio. Pero si eras tú mismo. Ya te lo he dicho soy siempre yo, que no lo entiendes, tú. Por mi, sólo yo. Más ni el perro ni nadie puede detenerme, la caida constante, dura, en aceleración constante podría ser calculada hasta por el niño más inútil e ignorante. Sabes que no. Siempre lo he sabido. No. La mera tentativa de dejar, de polarizar y llegar al otro extremo, eso es lo que me da miedo. Por mí que el abismo sea infinito. Por mi que el abismo sea eterno. Por mi que la luz jamás penetre en una fibra más de mi esencia. Por mi que tires a aquel que te hace. Por mi. Ángel caído, sin alas. Seguiré cayendo. Más quizá, encontraré más pronto que tú el árbol del conocimiento. Que a la inversa viajaré y llegaré a lo más profundo de la tierra, porque en el Hades encontraré hermanos, porque más allá me fundiré y regaré las tierras de tus hermanos. Morirán. Más ahora, ¿será? No lo sé, inútiles parecen los reclamos, las sensaciones, no puedo sentir el aire que tanto me liberaba de esta caída libre, y eso me mata de dolor. Dame tu mano. No la necesito. Dame tu tiempo. No lo necesito. Dame tú. Obstinada, obsecada, necedad de negación negada. Felicidad. Regresaré a ti Alicia, no creas que te he olvidado. Regresaré a tus sueños, viviré en tus encantos. Encantado. Enamorado de tu dulce pelo, que se baña en las aguas del Aqueronte, que de tu piel brotará, brotará el insano líquido de mis pasiones.
Brotará, mis pasiones. Después de mi resurrección.

jueves, marzo 12

El hilo de Ariadne

Qué pasa cuando tu mente se vuelve caos.
¿Qué pasa cuando en tu mente todo se deordena?
¿Qué pasa cuando lo que dices que haces no tiene lógica ni sentido?
¿Qué pasa cuando cuándo no sucede?
¿Qué jodidos pasa con todo esto?
¿Qué es lo tan remotamente infinito?
¿Acaso será un castigo infinito, referirme a las sombas del infinito. Por que más allá de él no hay nada, ¿y qué después? ´cómo ¿dónde demonios sé que termina el infinito si es tan grande, tan vasto, y no puedo ir más allá de él? la misma idea me limita, me lasitma, me hiere, me constriñe. No puedo pensar más allá de él. No puedo salir de estar interminable vorágine de emociones que parecen envolverse unas con otras. Unas con otras. Otras con unas cosas. Cosas que parece que nunca van dando más que vueltas en espirales. La eternidad plasmada desde tu centro, desde tu propio mundo. Pequeño, mínimo. Desconocido. Infinito. Que lo más elemental, lo más esencial aún no te lo has podido explicar. Pobre de ti si crees que te beneficias, a ti mismo. Que lo sabes. Sólo descubres cuando das media vuelta que sabes menos de lo que sabías ayer. Porque esas cosas infinitas que caen sobre tu cabeza se van volviendo más desenrredadas, más maliciosamente solemnes. Y tú ya no sabes ni para dónde demonios mirar. De nada sirve volverte avestruz. De nada sirve volverte proxeneta. Anda, tú, sigue. Profeta delos tiempos modernos, de las nuevas vicisitudes. Crítico incansable. Problemático. ¿No? será que tan sólo los signos se han desplazado porque te tienen miedo. Porque tienen miedo a tu violencia, a tus palabras que no son más que un montón de cosas de cosas, que ninguna cosa signfican en sí. Epiménides tenía razón. Pero cómo saber que no estaba equivocado. Cómo saber que me decía la verdad. Violencia, es cierto, de los inferiores hasta los de mis mános. Minúsculos pero poderosos servidores de mis caprichos, de mis deberes. Que cómo sé que ni siquiera con esta necia obstinación de gritarte, cómo se que no callo. Cómo sé que no lo hago tan sólo por que no me atrevo a decírtelo de frente, a decirte cada una de las cosas que siento contra tí y son muchas. Sí, contra tí. Si tú, estás sentando. No veas con cara de idiota. No puedes verme, no verás más allá de tan sólo la hipócrita hoja de papel a la que miras. La crees indefensa y sin embargo constituye una daga para mi. Una daga para tu corazón. Algo que insensatamente he planeado poner aquí, en medio, tócala, siéntela. Disfrútala. Es tuya. Parecía que venía incluida. Crees acaso que no me doy cuenta de lo sucedido. Ahora estás un poco espantado, un poco... sobresaltado. Pero si te digo estas palabras es porque no puedo ocultarte lo más profundo, porque te quiero, te necesito. A ti. Desearía poderte clavar una y otra vez esta maldita daga en el corazón, en las entrañas, hasta desaparramar cada una de tus venas, por el suelo, por la calle, por mis sueños. Por aquellas hermosas mariposas que llenaron tus recuerdos. Felices hijos del carmesí que aguarda a que tan sólo por una noche te liberes y vueles. Y vengas hasta mi cama y me digas lo mucho que me odias a mi también. Lo mucho que te aborrecí. Sin embargo a cada instante no puedo dejar de pensar en ti. Sabes que eres único. Por qué me tratas así, por qué es que quieres matarme. Si yo no te he hecho nada. Desde el principio lo dejé todo bien claro, tú y yo estabamos diseñados para algo especial, algo que va más allá de lo que toda relación te pueda dar. Te quiero mucho, te lo he dicho, pero no me pidas que te diga otra cosa, no me pidas que te diga que te amo cuando lo único que quiero es que estés a mi lado. Que pienses en mi tanto como yo. Que me hables, que no te separes de mí. Déjame hacer todo eso que la vida hace que valga por dos, que la vida pide que nos sea propio. Algún día sabrás que yo quiero. Sabrás día quiero, y mucho quiero saber que lo sepas. Y lo haces maldita sea, por que me lo has dicho. Y por que mil veces te he dicho que lo importante está en lo que no me dices. Y me lastimas, y me hieres y me matas y sigo aquí. Por que no me puedo morir, porque tengo que seguir aquí. Por una y mil veces, el asesino se ve asechado por su víctima, se ve el el laberinto donde está ese minotauro. Y yo me siento tan desportegido, porque he perdido mi hilo. He perdido todo aquello que me unía. Todavía parece que tengo un vago recuerdo. Callejones que no tanto tiempo dejé atrás. Calles ya conocidas. Calles con rostros incrustados, calles con corazones, con flechas, pistolas, y toda clase de esos utensilios que usas para hacerme el amor. Y yo ahora no quiero tenerlo entre mis manos, porque lo desprecio, por que me parece inútil. Por que precisamente si vine a buscar a la bestia fue para eso. Para ser devorado, para ser engullido hasta cada uno de mis cabellos. Y de repente, ¡patético! tu risa tan falta de gracia, tan llena de insensatez. Tu risa diabólica cual de una niña sin dientes. Tu risa tan mefistoficamente maliciosa, me engaña y lastima mis oidos con tan sólo un lloriqueo. Sin eso. Quién te creés pusilánime esperpento. Estúpido incoherente cobarde bufón. Riéte en las sombras de aquellos que no veas. Como yo. Más no te atrevas a reírte de ti mismo, pobre mimo con las cuerdas de fuera. Y por si no hubiese vastado, encontré a una doncella haciendo repujado. A mi doncella. A mi jodida doncella!. Que jodidos ha pasado con este mundo de mierda. ¡Chinga tu jodida madre! te grito de frente. ¡Chingate tú! Chíngate una y mil veces los de tu especie, jodido maricón. Y eso hacemos, osas en decirme. Ahora, sin perder al menos una pizca de mi hombría, sin dejar de ser el fino y sutil caballero que siempre fui, que nunca supiste ver, correctamente un fluido de mi viaja hasta tu cara. Se escurre entre tus comisuras, mi amor. Yo no necesito jodidos maricones, desecho. Al menos valiéras, al menos fueras un poco más útil. Por ejemplo, en mi armario. Por ejemplo, de trofeo en una de las 7 paredes de mi casa sin techo, de mi casa que tan sólo un condomonio de interés social, jodidos envidiosos, creen de mi. Y de mi no saben un carajo. Y de mi, ni la noche encuentran en tan sólo un suspiro. Por que yo sigo aquí con mi daga, amenazando. ¿Creés que se me ha olvidado que escribí para matarte? por que estoy aquí, lo sabes. Detrás de ese cristal que atraviesa dimensiones. Que puede detener el aire, más no detienen las emociones. Que de un momento a otro un chasquido detrás de ti. Por que por un momento tu cuello, tus manos, tus pies. Tu cuerpo y tan sólo eso con miles de caminitos, como miles de avenidas de alto tránsito. Como miles de recónditos lugares en donde me podría esconder. No esperes verme, no me verás. Me sentirás. Que las fibras de tu cuerpo serán las primeras en gritar auxilio, en venir por mi hasta encontrar mi muerte. Como un virus de ocho patas, como un bacteriófago algún día te atacaré. Saldré, desde muy dentro, desde quizá, de tu corazón. Y más que un minotauro del laberinto de las emociones se desprenden los cristales. Y la pobre y dulce niña corre y corre. Y no sabe qué hacer. Por qué será que la persigue de esa manera. Por favor, dice entre sollozos, yo qué te he hecho. Existir. Por favor dime cuál fue mi único pecado salvo encontrarte. Existir. Al menos dimelo, necesito saberlo. Y una suave brisa llena de emoción el rostro. Una suave daga que le cruza, por la mente, por el cuerpo, por la sangre. Sin las venas de tu encuentro, sin sandalias que besen hasta el más recóndito de tus dagas. Así mi amor, yo te violé, mi minotauro hermoso. Mi hermosísimo trofeo. Que aún espera lugar en mi casa. En mi sala, en mi corazón. Asegurándome que nunca me leerás, porque el día que leas me enteraré, me entaré y tendré que ir por ti y verte, y sentirte y olerte. Y luego... matarte. Cuando sientas cosquillas en el cuello, desde tu espalda... No voltees... no voltees...

te mato

F.M.

domingo, marzo 8

¿y?

El demonio camina por sobre el precipicio. El acantilado. A sus pies se expande la llanura de una montaña del terreno escarpado. De una tierra lejana, distante. Irreal. Son las cosas que suceden en los momentos más reales de la vida. La felicidad. Corazón. Solamente. Aviéntate al precipicio sin ver, sin mirar. Siempre con la vista hacia aquella roca, aquella roca tan puntiaguda. Sedúcele, cántale al oido,bésale el cuello. Haz lo prohibido, sin pudor. Sin pena. Gloria. Piedad. Miéntele y vuélvele a decir la verdad. La increíble y oculta verdad que mofa a cada instante en que gritas. En que te ves al espejo. En que vuelas por sobre el río del acantilado de la montaña.
En cuanto duermes y abres los ojos. Mi meta en la vida es morir; la vida es el camino. Cierra la boca. Siente el aire, acariciándote. Toquetéandote obsenamente cada parte de tu cuerpo. ¿y?
Creíste que lo habías perdido para siempre. Y sin embargo no te puedes resistir a la tentación de verlo, de hacerlo una vez más. No sabes ahora cómo puedes dejar de vivir. Sin él. Sin eso. Sin nada. Ansiedad que correo las venas de tu enemigo cada que te acercas un poco más a la victoria. Qué iluso eres, si yo llegué primero, yo estuve primero, sigo estando. Ahora no. Miéntes. Miéntes por que sabes que te conviene mentir. Yo por mi parte, miento. Miento porque sé que me conviene mentir. Tú te quedas atónito, estupefacto. Estúpido. Volteáste a ver cómo si hubiera alguien a tu lado. Estoy yo. Mírame. Fuiste real tan sólo un instante. Agradezco. Mentir.
Cada instante se volvía diferente, se volvía todo eso que buscabas y que no podías encontrar. Aquello que ilusamente los demonios piensan como maldad. ¿Qué? Buscabas y no encontrabas la verdad, no encontrabas una mentira justificable por que simplemente creíste que no debería de exisitir. Más aún bien lo hizo. Sin embargo todo ocurrió. Así, sin planerlo. Llegó de improviso y le asetó un golpe mortal. Ahora no sabe si podrá dejarlo. No quiero.
Curioso en ocasiones pensar en lo inspirador que tu aliento se volvió hacia las entrañas de la bestia. Qué seducirá más la carne. La piel. El deseo infinito de tocarte los labios recorre las arterias del cuerpo del asesino. Se vuelca la sangre hacia el cerebro. Se desmaya.
Mira que yo nunca soy así, la verdad me cuesta demasiado trabajo volverme transparente. Invisible. Y visibilidad fue lo último que pensé en aquel momento. Porque al fin lo logré, fui invisible, ese fue el gran recuento en que con los hechos llegué a ocasionar. Conciencia. Nunca faltó, escribo con violencia por que no quiero perder el recuerdo que existe en cada pequeño fragmento de la memoria, que sin embargo ahora se ve un poco ofuscada por la razón misma de ser. Por la razón misma en que mi estógamo suena y me responde que no está enojado, que no está cocido, que tolerará, aún por un tiempo más cada uno de mis excesos. Quizá llegues a matarme, asesino despiadado. Más no tengas en cuenta mi voluntad sino escucha lo sonoro de tus caprichos. Ahora. Más tarde no me tendrás. Cuando las víseras no sean víseras y se vuelvan más que basura. Entonces yo creí que la voz de Dios era mi voz misma ¿Qué? atinado creí.
Desde el momento en que inició todo suponía que iba pasar. Aunque perdiera un dedo, aunque quizá acabara sin mano. Acepto la responsabilidad. Esperaba un mejor castigo. Te quiero, no me des más problemas. Haz lo que en tu gana te venga. Y es que sólo en mi gana no me viene hacer nada. Así de sencillo he decidido decidir. Trágate tu lengua. Mejor. Si te duermes. No serías el primero en morir así. Y sin embargo a cada minuto morí, morí, morí. Deseo morir por cada uno de los instantes en que respiro. Por que volviste a respirar mi aire. No me importa. ¿y?.
Seré sincero. Detesto la monotonía. Detesto la linealidad. Ahora la geometría me parece irreal. Utópica. Así como las cosas que pasan en tu cabeza. Como el vinagre que te está disolviendo el cerebro, y que en cada una de las cebollas me fascina introducir a mi boca. Qué sería todo esto sin vinagre.
Y aún después de varias horas mi mundo seguía girando. En la alcoba, seguía girando. En la vida, seguía girando. Nunca se detiene. Más para la muerte. Demonio, hecho hombre. A imagen y semejanza. Creés que me burlo. No. La verdad sí. Ausente. ¡Y volviste a llamar!
Inconexo, incoherencia. Qué demonios es lo que me quieres contar. Estoy un poco harto de ti. DE todo lo que haces, de todo lo que dices. ¿y? Cógeme en silencio fue tan sólo una parte, porque en las mariposas la vida es corta, el sol sublime. En cuanto volviste inspirador, la tierra se detuvo, porque después de horas no se dejaba de mover. Crees acaso que me importan los regaños, crees que quiero un lamento. ¿Compasión? No necesito nada de ti. Nada tuyo que provenga de tu sucia boca. Sólo quiero más alcohol. Sólo quiero más de todo eso que me embriaga, que me ensucia, que me harta. Que más allá de toda convención le puede dar un golpe en la cien. Monotonía. No te soporto ni por un instante más, aléjate de mi. Alicia. Lo sabe más que bien.
Confieso. Me encantó. Comer un dedo, con vinagre. Suculento. Debo confesarlo, primera vez. Fui del cielo, y hasta el cielo. Y ahora ahí me quedé. Por qué no llegué hasta los infiernos. pobre de ti. perdedor. La verdad no lo entiendo. Pero me encantó. Sutil encanto el que se encerró en aquellas botellas verdes, en aquel líquido con sabor amargo. Fue la primera vez, aunque no lo creas, te lo juro. ¿Drogas? Déjame checarte los brazos. Risas de fondo. No me jodas. Ni un puto piquete, ¿cómo le hiciste? Qué nadie te ha dicho del poder de la meditación. Cicatriza, menos cuando te rascas y te salen ámpulas. Imagiación. Inspiración. Así se vuelca la droga dentro de tu cerebro. Que tardarás en eliminar. ¿y? Por mi hubieras sido mio en ese instante. Aunque fuera yo invisiblemente obvio. Por que lo fui, y no me importo. Y quizá algún día seas mía por voluntad. Jesús bendito, no nada más San Antonio está de cabeza. Gracias, santito. Cuándo me haces otro milagrito. Hereje. Aplausos. No me mires. No me hables qué asco.
Gracias, me fascina. Me fascina poder seguir en caida libre hacia el acantilado. Cuando los demonios han descubierto una vocación, asesina, no deben descansar hasta llegar al fin. El fin marcado por el inicio de los tiempos, de esos tiempos tan irreverentemente modernos. Ahora hay desorden. Y habrá más. Y quizá, en soledad, más cuerpos caigan, en mis garras. Acantilados. Tengo los ojos cerrados. Sólo por tu aroma, por esa hedionda fetidez que me estremece el alma, presiento que te has aventado al acantilado conmigo. ¿Traías paracaidas? Directo a la roca, no la pierdas de vista, directo a la roca. Me pregunto si será conveniente. Besarte con los ojos cerrados. O será acaso, más sensacional. Estrellarme en el acantilado. Con los ojos abiertos. De frente. Mira siempre de frente. Por donde pisas. ¡Cuidado! No te vallas a caer. ¿y?
No sé.
F.M.

...

Vuelven, aires, peregrinos. El único sentido cobra, por siempre, un significado material, irreal, ilineal. La vida busca siempre caminos por donde atravezar, montar, escupir. Así te vuelca en el infierno, te quema, y tú como si nada pasara, miras más allá del horizonte. Alicia, por qué no puedes salir del reino de los corazones, ¿acaso he hecho algo para merecer esto? mi dulce niña, por piedad, no voltees hacia atrás, en cuanto lo hagas, tu cabeza perderás. Rodará y rodará por sobre los verdes prados, por sobre el horizonte. Por debajo de aquellas rosas blancas, que tú insististe en que fueran de carmín. Con tu sagre, chorreante, llenarás el suelo, caudales correrán. Y ni así la tierra puede cambiar, Alicia, las rosas blancas son blancas, sólo tu sangre es carmín. Mi amor Alicia, dónde te ocultas, por qué no vienes a mi guadaña de acero, y mi dulce y fiel falo certero. Alicia. Corre. Dios, si me he de volver loco que sea por la única cosa que vale la pena. Hazme por piedad, sufrir a cada instante, intensamente. Se cumplió.

miércoles, febrero 18

La soledad de la mariposa

Desde el último domingo de mi partida, desde el úlitmo domingo de la alegría compartida. Ese domingo te dejé alegre, te dejé contento, me dejé jovial. La eterna espera de la mariposa, la eterna alegría del advenimiento de la nueva verdad. Días de encierro, días de meditación. Días en que todo pareció supeditarse al tiempo infinito, al tiempo inacabado. Yo, tranquilo, sereno, con una parsiomonía que ni mis propias ganas de volar, de salir al mundo me hacían romper la templanza de mi corazón, la gratitud de mi alma porque al fin, aquel día domingo yo estaba a punto de convertirme en lo que siempre había soñado. Dormí, dormí por largo rato a través de los días. No sé cuántos hallan pasado, quizá fueron infinitos. Aquel día domingo yo comencé a dormir, a soñar, a rezar. A rezar por volver a despertar, por volver a ver el mundo. Por sentir de nuevo tu calor, tu infinita bondad, todas tus caricias. A pesar de todo fue lo que más me dolió dejar. No podía pensar vivir un día sin ti, la angustia se me hacía inacabada, insufrible, interminable. Cada noche anterior a la del domingo me preguntaba por qué habrías de irte, por qué no podía yo retenerte un minuto más a mi lado. Eso me lo preguntaba mientras andaba por el suelo, por la tierra, como un mugroso animal rastrero. No es que me niegue a mi mismo, no es que no crea en lo que soy. Sólo que odio la tierra, odio todo lo que está por debajo de mí, que no es verdaderamente mucho. Sé que puedo trepar, sé que puedo escalar, pero eso significa un esfuerzo monumental para mi pobre y diminuta existencia. Así fue como después de dejarte, el día domingo, yo por primera vez me sentí feliz de no verte. Así fue como la primera vez pude disfrutar de ese momento de angustia, de tremendo y brutal esfuerzo por ascender. Confieso que moría de cansansio, que ya no quería avanzar un milímetro más. Me preguntaba si de verdad valía la pena tanto esfuerzo, si de verdad tú valías tanto el esfuerzo. No lo sé. Sólo llegué a la cima y comencé a arroparme a mi mismo. Me convertí poco a poco en un pequeño y gracil capullito. Así, así, chiquititito, con la ilusión de que después, despertaría siendo la más hermosa mariposa que haya existido sobre el planeta. La certeza de una nueva verdad estaba cerca, sabía que el cambio traería nuevas cosas, nuevas sensaciones. Sabía que todo iba a ser diferente.
Desperté.
Desperté y no sabía si aún era domingo, si era otro día. No sabía nada del día, sólo sabía que sabía. Entonces comencé a desperezarme. Comencé a ser un poco más fuerte, a sentirme cada vez más vivo. Comencé a gritar. Comence a luchar. Poco a poco el capullo no cedía. No podía yo salir de mi encierro. Largas horas fueron la batalla contra mi hogar. Nunca creí que algo hecho por mí, algo que me había permitido vivir, ahora me estuviera oprimiendo. En severas ocasiones me lastimé, me herí tratando de salir de esa cosa infernal. Al fin pude, al fin tuve la fuerza suficiente para destruirlo. Salí. Desperté.
Vi el blanco más intenso que nunca había podido percibir. Ahora me encontraba aquí. Algo por sobre mi espalda me hacía cosquillas. Algo extraño había ahí. Sentí que era parte de mí, y como nuevos brazos comencé a agitarlos precipitadamente. Me elevé. Mis patitas se desprendieron de donde estaba parado. No puede ser! Estoy volando!...Y así era... al fin, al fin después del domingo estaba volando. Al fin en este día podía yo sentir la verdad entre mis patas, la verdad entre mis ojos, la verdad entre todo mi ser.
Recordé lo que me había hecho cambiar, el móvil de todos mis deseos. Estar contigo. Te había tenido abandonado tanto tiempo, sabes que no fue a propósito. Sabes que nunca quice de verdad hacerlo, pero era necesario. Sin embargo ahí estabas tú, ahí como siempre. No sabía que ibas a estarme esperando, que me ibas a estar observando. Mi corazón dio un vuelco cuando me percaté que todo este tiempo estuviste viéndome, cuidándome, y hasta riéndote un poco de mis torpezas. Yo también reí, sabía que la gracia al fin había llegado.
Finalmente comencé a volar, volar, volar. No tenía idea de cuánto tiempo me llevaría llegar a ti, cuándo podría estar verdaderamente contigo, sólo sabía que tu resplandor me iba a guiar, que tu inmesa bondad me iba a permitir admirar toda tu belleza. Sólo esperaba que tú me esperaras, pero si estuviste ahí tanto tiempo era porque me quería, porque de verdad querías algo conmigo, porque querías, quererme. Yo te amaba, con la intensidad desmedida. Con furor. Y así volé hacia ti. Mi bello amante.
Contra el viento, volé. Contra las aves, volé. Contra mi fatiga, volé. Volé, volé, volé. Volé y sentí que no te podía alcanzar. Pensé que era mi torpeza de no siempre verte de frente, de mirarte fijamente para divisar dónde estabas. Sólo había atrevídome a verte fugazmente, porque tu belleza era demasiada para mí. Te vi. Te vi de frente, buscando tus ojos, distinguiendo al fin tu sonrisa. Buscando una guía que me dijera que ya estaba más cerca de ti. Te vi, te vi y por unos instantes supe quién eras, supe tu verdadera forma, tu verdadera esencia. Inclusive pude ver un leve guiño en tu mirada, porque yo estaba seguro que me ves, que aún me sigues viendo. Mi amado amante. Mi guía, mi maestro. Mi perdición.
Después de ver, tu cara, ver tu rostro. No vi nada. No veo nada. No puedo volver a encontrarte.
Primero fui golpeado por el viento y un extraño dolor de cabeza.
Después fui golpeado por algo que viajaba en él, algo que presentí era un ave.
Al final fui golpeado por mi cansansio, por mi tristeza.
Ahora, herido, en el suelo, creo que es domingo. Creo que estoy donde empecé. No distingo, no te veo mi amado amante. Por qué desapareciste así de repente! por qué te llevaste todo contigo. Ese será mi castigo por amarte tanto. Ese castigo de la eterna ingratitud del amor. Yo te amo, mi bello, mi hermoso momento. Ahora estoy condenado en el desprecio. No puedo verte, ni siquiera puedo intentar moverme, nada en mi responde. Parece que fue en domingo, todo es un domingo cualquiera. Todo en domingo aparece y desaparece.
De repente me doy cuenta, aún sigo dentro del capullo. Aún todo es algo que yo inventé.
Nada me responde. Esperaré, paciente, con templanza. No sé. Aquí inmovil, meditaré.
En el refugio del cambio, no caeré en la tentación, de llorar ante mi inmensa soledad.
Duermo.
F.M.

domingo, febrero 1

Eso que tu insistes en llamar corazón, C.

Los demonios también tinen amigos. No sólo amigos, los demonios también tienen mejores amigos. Lo cuiroso es, que los demonios no necesariamente necesitan amigos demonios, sino cualquier tipo de amigo. No es que los demonios necesiten amigos. Es un simple hecho, una simple necesidad. Acaso existe alguna pequeña criatura del universo que necesite estar sola. La necesidad de la soledad es algo más bien particular, algo más bien, elegido. Si por Fabián fuera, el viviría solo por siempre, estaría en esa pequeña parte del universo donde nadie más habita. Alguna vez escuchó la frase, todos los hombres son islas, y lo cree. Pero qué sería de las islas si no hubiera más islas. Una sola isla es una isla y ya. Pero cuando esa isla se contacta con otra isla se genera una nueva matriz. Así los demonios dejarían de ser demonios si no hubiera más seres sobre los que hacer mal. Simplemente la maldad existiría, para fuera del demonio. Porque dentro del demonio bondad y maldad existen, pero nunca se manifiestan a sí mismas como lo que son. Así cómo el demonio sería capaz de catalogarse como malo, si ninguno de los de allá fuera puede decir que es malo, es un hecho, es un dictamen, y hasta cierto punto una obsesión. Los demonios, conviviven. Los demonios buscan a sus iguales. Desgraciados malvados, inútiles voraces de la carne humana, que devoran, que destruyen que matan y cercenan. Este demonio es diferente, quizá odie más a los demonios que a nadie más en esta vida. Por que los demonios son los que le han hecho la vida miserable, la vida como una cosa inútil, apestosa, sin fin. Los malditos demonios que siempre lo acompañan, que siempre lo besan, que siempre lo miman. Aquellos demonios que parecen quererlo. Pero entre demonios esas palabras no existen, esas palabras no van. Ahí sólo existen conveniencias, ahí sólo existen manipulaciones e intercambios fructiferos, o no, no hay más. No trates de encontar mayores relaciones dulce amigo, dulce mortal. Te digo mortal porque tú no eres un demonio. Que bien tú historia tienes. Y en ocasiones quieres tacharnos de perversos, de malnacidos, de unos hijos de puta que únicamente devoramos a los hombres así, por el mero placer. No te lo he de negar, su carne es tal dulce, tan frágil, tan hecha de eso que los más fuertes disfrutamos comer, sus almas. Por que su carne no no es atractiva en absoluto. Viciada, contaminada, podrida. Siempre podrida. Ahí es donde entra mi queja dulce amigo. Acaso crees que tú, tú siendo el humano que eres te diferencias mucho de nosotros, los demonios. Claro que no, dulce creatura, lo que tú tienes es que al final, quizá tengas menos maldad que nosotros. O quizá no, quizá puedas llegar a ser un depredador, un depredador de ti mismo. Antropófagos se vuelven los hombres, antropófagos de si mismos. En ocasiones he visto hombres comer demonios, convertirse en demonios. Así de fácil, así de sencillo es todo mi dulce amigo. Que en ti puedo ver demonio, demonios que has devorado, pero que quizá en algún momento de tu vida devolviste, vomitaste, y echaste al caño. Ahora mi hermoso amigo humano, dime, acaso no te resulto repulsivo. Acaso toda esta viscosidad, toda saña, todo lo malo que hay en mi no te resulta, simplemente asqueroso. A mi vista lo es, pero yo soy yo mismo, entonces por consiguiente me detesto, me detesto en una manera que sé debo morir. Te lo he dicho, los demonios no podemos matarnos a nosotros mismos, somos inmortales, así que no te preocupes. La única manera de matar un demonio es que otro lo haga. Pequeño secreto, yo quiero morir. Así que mis hermanos sufrirán mis deseos, sufrirán lo que yo quiero para mí. Carnes de mi carne, dios de dios, luz de luz. Lo que en un principio fue creado, ahora será destruido para siempre, amén. Así lo quiero, así sea. Sin que tú te des cuenta día a día estás ahí, como uno de mis sicarios. Acaso crees que mi amor por ti es verdadero, acaso crees que de verdad los demonios tienen amigos. No es así. Pero muy en el fondo te demostraré todo mi amor, te llevaré a la destrucción de ti mismo, de tu alma, de tu ser. No es que no te quiera, es que te estoy elevando de rango. Te volveré demonios, una y mil veces. Te mataré. Te volveré humano una y mil veces, te mataré. Retorceré cada uno de tus pequeños y minúsculos espacios. Lo haré, lo juro, no desesperes. Pero después de todo dime dulce amigo. Acaso crees que me interes saber la verdad. La verdad no existe, no lo entiendes? Nada existe en verdad. Sólo que se encuentra flotando, todo está en el aire. Como diría un sabio, "aquí todos flotamos". Así está la verdad, mi amigo. Lo que no se dice es lo más importante. Así es y así será. Siempre. Pero entonces cómo es que las tareas tienen sentido. Sé que lo que no sé es lo que me importa. Sé que todo retorna. Qué sentido tiene saber por anticipado lo que nunca podre conocer. No amigo, no te confundas. El eterno retorno existe, pero siempre hay un cambio. Por que los instantes son diferentes, los momentos únicos. Irás sabiendo cosas, irás aprendiendo. Pero cada vez todo esto se pone más torcido, más interesante. Cada vez te vas acercado más la verdadera noción del caos, de lo desarreglado, lo infinito. Dios, e su naturaleza coloquial, rige el mundo bajo sus reglas. Reglas que el mundo mismo ha decidido inventarse, reglas que tú y yo nos vemos obligados a seguir. Pero crees que la verdad está enmarcada en esas reglas, mi amigo. Así es, pero así es que la verdad me trae la verdad de la mentira, la verdad de lo que debo hacer a cerca de quienes quiero matar, porque inclusive en nosotros existe la verdad, verdad negada de una esencia reprimida. Amigo, amigo de verdad que te quiero, no tengo alma, no tengo corazón, no tengo remordimiento ni culpa alguna. Los fines, Maquiavelo, la moral es cosa absurda. La moral, la ética, más nunca dejarás de juzmarme y decirme inhumano. Yo te amo. Siempre te amaré aunque valla en contra de mis reglas. No te confundas. En los espacios vacíos está la respuesta. Aprende carajo, por una vez aprende. Aprende algo de tu vida. Alicia, aprende. Alicia escucha. Alicia no voltees atrás que los demonios te persiguen. Alicia yo sé que ayer despertarse a las 3:30 de la mañana, sudorosa. Yo lo sé, yo desperté igual. Alicia corre porque voy tras de ti. Alicia aprovecha cada instante, porque te queda muy poco por vivir. Alicia, dame un beso, Alicia te devoraré el alma, el corazón. Amigo, dulce amigo, no encierres en amargura tu corazón. Por que, no lo podré comer. No vuelvas negra tu alma, no la podré destruir. Hasta ahora llega la reina. Será acaso posible, Alicia, que todos seamos como Jano. Que todos seamos como el mimo. Amor, Alicia, amigo, no te confundas yo te amo. Amigo,Alicia, amor no te confundas, cada paso que doy es para estar cerca de ti, cada paso que doy es, para cercenarte poco a poco eso que tú insistes en llamar corazón.

miércoles, enero 28

El reino de los corazones, C.

En esta ocasión nos encontramos ante la sala capitular. Esta magnánima sala se encuentra en medio del país de los corazones. Sí sí. Aun que tú no creas. Todo se encuentra aquí, aquí reunido. Qué va, no seas así. Ya sé que esto no es un libro de niños. Y qué. Acaso no me digas que no te puedes imaginar mi reino. Todos los corazones esparcidos por el suelo, las paredes, inclusive los ríos. No no, niña. Nunca jamás te podrás imaginar lo grande del reino de los corazones. Sí ya sé, todo parece como sacado de un sueño, todo parece una referencia. Pero no, de verdad te juro que nunca he pensando cosa semejante. Te gustaría tomar una taza de té. A ya, comprendo. Está bien, aunque debes aprender que es de... digamos, "mala suerte", hacerle un desaire a la reina. Sí mi niña. Recuerda, al final de cada frase debes decir, "sí su majestad", y por favor inclínate al hablar. Sí, inclínate al hablar. No niña, no seas así. No no. No es de esa forma. Mira. Aquí las cosas funcionan de una manera. Una manera muy especial. No. No es que todo sea complicado, quién te ha metido esa idea tan tonta en la cabeza. Las cosas son por que son y punto. Sin más. Si yo te digo, te inclinas, te inclinas y ya. Cómo que eso no es inclinarse. Pues entonces ¿qué demonios es? Que es levantar la cabeza, estás loca niña! Aquí nadie levanta la cabeza, eso es de muy mala educación. No lo vuelvas a hacer te lo advierto. Así, muy bien. Una larga y prolongada reverencia. Qué dijiste. Que ahora sí te inclinaste. Pero siempre lo has estado haciendo. Niña deja de decir tonterías. Niña! Niña! La obscuridad empieza a reinar dentro del reino donde reinan los corazones. Así cada uno, cada uno de ellos comienza a latir en la pared, en los techos, en los pisos, en todo lugar, en cada obscuro rincón del reino de los corazones hay un corazón. Abierto? No. Todos se encuentran en su lugar. Es así como debe de ser. Por qué no hay gente en el reino de los corazones? evidente! claro que hay gente, si no, de dónde vienen los corazones? sólo que quién necesita un cuerpo pegado, Bah! nadie necesita un inútil cuerpo pegado, con sólo el corazón basta.
Alicia está muy desconcertada. Pero si la reina existe, seguramente debe tener un corazón! Claro que tiene corazón, niña boba! Pues es la reina de corazones. Y la reina de corazones tiene cuerpo? Claro niña boba, la reina de corazones tiene cuerpo. Sería estúpido tener un corazón si no se tiene cuerpo donde funcione. Pero cómo es que me dijiste que era estúpido tener cuerpo. Niña boba, la estúpida eres tú! Tu cuerpo no te deja razonar como lo debería de hacer sólo tu corazón.
En un lugar, la obscuridad ha caído en el reino de los corazones. Poco a poco el Aktarba comienza a ponerse, y así empieza a obscurecer el lugar. Indertam sale, justo a tiempo para alumbrar a la reina de corazones. La corona del rey está lustrosa. Ante ti, mi corte! Una hermosa guadaña brilla. Siempre fiel. Siempre justa. Mi guadaña como la única arma, cómo la única justiciera. El rey pide un banco. Se sube. Se acerca al oído de la reina. Reina mia, reina mía! Esa niña tiene cuerpo, deberíamos de cortarle la cabeza! La reina le propina un bofetón al insolente rey, cómo se le ocurre decir cómo mandar en sus dominios. Ven acá dulce niña, por qué tan sola en este reino. Estaba platicando con el mimo. No hables cuando nadie te pregunta. Pero usted me acaba de dirigir la palabra. El rey ni siquiera ha meneado un dedo. Yo no dije el rey, dije usted. Niña, la tautología no está permitida. Qué es una tautología. Dónde está el mimo? No lo sé, desapareció. Aquí nadie sabe nada! Por eso le digo que no lo sé. Aquí nadie dice nada! Pero usted me lo preguntó! Aquí nadie pregunta nada! Pero... pero... por qué todos ustedes son tan extraños!!!... NIña, querida niña! corre. Pero por qué. La reina saca de su bolso un reloj. Parecen ser las 3 del medio día. Niña corre. El rey voltéa hacia el Comodín. Empieza a darle cuerda. El mimo! Suena una voz, más allá del reino de los corazones. A las 3 con 30 Alicia estará muerta. Cómo conoce mi nombre? A las 3 con 30 Alicia estará muerta. Pero por qué? Pregunta Alicia anonadada. A las 2 con 30 Alicia estará muerta, dice la Reina. Niña corre. Corre. La reina voltéa a ver al rey. Da un golpe rápido de su guadaña. El rey ha quedado sin cabeza. El Comodín abre y cierra los ojos fugazmente. Comienzan a oirse ruidos a la lejanía. Ruidos materiales. Ruidos de fábrica. Los ojos de la reina se tornan rojos, misteriosos. La cabeza del rey rueda hasta donde está Alicia. A las 3 con 30 Alicia estará muerta, dice el rey a Alicia. El ruido ahora es identificable, son corazones, corazones palpitantes. Los corazones que decoran la sala comienzan a iluminarse, comienzan a tomar forma, volumen. Los corazones comienzan a palpitar más fuerte, se vuelven más rojos. Los corazones comienzan a palpitar, palpitar, palpitar. En la sala capitular el techo a desaparecido. Alicia se encuentra ahora sentada, en un gran corazón. Está en medio de él. Puede sentir como late debajo de ella. Puede olerlo. Puede sentir el correr dentro de él. La cabeza del rey en las piernas de Alicia. La cabeza del mimo en las piernas de Alicia. La cabeza de la reina en las piernas de Alicia. Todos han desaparecido de la sala. Todos se encuentran susurrándole al oído. A las 3 con 30 Alicía habrá muerto. A las 3 con 30 Alicia habrá muerto. Alicia comienza a ver, cómo su bata blanca se tiñe. Cómo la sala capitular se comienza a llenar de un rojo intenso que palpita. El rojo que pinta, el rojo que baña. Alicia se lleva las manos a la boca, quiere gritar y no puede. Alicia no tiene boca. Alicia abre los ojos aún más desmesuradamente, no tiene manos. Alicia. Qué es Alicia. Alicia es una masa de carne en medio de un corazón. Un corazón palpitante que comienza. El palpitar de los corazones. El palpitar de los corazones. Alicia ve un reloj entre sus piernas. Son las 3 con 20, marca el reloj. Tic, toc, tic, toc. Alicia. Muévete Alicia. Corre. Corre. Corre. Alicia a las 3 con 30 morirá. Alicia sálvate. Sálvate. tic, toc. Alicia. Tic toc. Los corazones palpitan. Los corazones palpitan. Alicia. los corazones. Alicia. Voltea. El reloj marca las 3 con 00. Alicia. A las 3 con 30 Alicia morirá. Corre. Alicia no se puede mover, no puede gritar. No puede hacer nada. Corre! Corre! Risas. Palpitar del corazón. Corre. Alicia. No. Sálvate. Tic. Alicia. Toc. NO puede. Tic. Gritar. Toc. El reloj marca las 3 con 30, a las 3 con 30 Alicia morirá. Alicia. Alicia absorvida por un corazón gigante. Alicia. Tic. Alicia. Toc. Alicia es ahora, está ahora, dentro del fluido rojo. El fluido viscoso. Su cabello. Su cuello. Sus piernas. Siente el frío. Siente el palpitar. Lo viscozo. Alicia. Sientes lo viscozo? Alicia, lo sientes? Alicia sientes el palpitar. Alicia siente el palpitar. La reina de corazones la mira de frente. La cabeza de la reina de corazones se encuentra frente a la de Alicia. Corre! No mueve la boca. Sientes lo vizcoso. la voz de la reina. Alicia, siente lo viscozo, alicia siente el palpitar, Alicia se muere de miedo! Alicia no pued gritar! ALicia se muere. Viscoso, palpitar, miedo, tic, toc. Muere.
Alicia abre los ojos. Voltéa a ver el reloj de su buró. Son las 3 con 30. A las 3 con 30 Alicia morirá.

viernes, enero 23

Hasta que el diablo te bese en los labios

El cambiar el destino hace que te cambie la vida. Ayer, solo, ante la inmensidad de la incertidumbre me di cuenta que no soy, que no estoy, que ese elemento se encuentra desaparecido se encuentra ausente. Aún menos próspero, aún menos adverso. Retorcido del imaginario de lo muerto. Será acaso capaz tal posibilidad. Así como la posibilidad de la perfección se manifestaba por espacios, por segmentos de la realidad a la que llamamos cuerpos, asi la increíble materialidad de la muerte, de su imaginario, se encuentra sobrevolando la habitación que hoy a primera vista está desierta. El destino hace que te cambie la vida. Un día el diablo llega, te anima. Un dia lo conoces, te dice cosas al oído. Un día llega, un día en que llegó y te dijo las cosas más bellas de universo. Pero el diablo siempre vivía en el imaginario de lo muerto. Elemento que se encuentra desaparecido, asuete. Así como la imposibilidad de imperfección que se encuentra dominada por mi propia mente, por mis propios instrumentos. Será acaso posible tal posibilidad. Imposibilidad de los cuerpos al cambio, al estatismo. Metamormófis mítica de las formas, de la vida. Más nunca posible, más nunca más allá de lo terreno. Siempre existente dentro de este caos, al que tú insistes en llamarle mundo. De verdad se llama mundo. Por qué no llamarlo tragedia, por qué no llamarlo intuición. Por qué no llamarlo tan sólo un instante, tan sólo un momento en que la verdad no existe, en que más bien absolutamente nada existe... el cambiar la vida hace que te cambie el destino. Será acaso posible esta capacidad. Será acaso posbile que la inmaterialidad de la muerte te llegue a la puerta. Te llegue en tan sólo ese instante, por siempre. Un día lo conocs, te dice cosas al oído. Un día llega, un dia en que llegó y te dijo las cosas más bellas del universo. Pero la vida siempre vivía, en el imaginario, de todas las cosas. Y ese día ha terminado. La muerte seducíó a la vida, se fueron juntos... ahora sólo queda el diablo, nada más. Recuerda sólo que no hay nada oculto bajo el sol, hasta que el diablo te bese en los labios.

EN EL PRINCIPIO LA VIDA; LA MUERTE. FIN

viernes, enero 16

Teatro del Anfiteatro -_ C

Cómo explicarte corazón, todo lo que estos días ha pasado. La verdad no sé ni por dónde comenzar. Pero tú sabes, siempre he sido así, un poco dubitativo a cerca de todas las cosas del mundo. Lo sé, no me mires con esa cara, con esa mirada de que aún no entiendes nada. En verdad no te esfuerces, sólamente te cansarás en vano. Sabes, lo sabes. Sí de verdad. Es que acaso creés que yo podría estarte mintiendo. Aunque en verdad vida mía no tienes la menor idea. Pero es normal cariño. Sí sí, normal a pesar de todo. Normal que te encuentres así. Es por tu propia seguridad cielo mío. Imagínate que no me hubiera preocupado por todas tus comodidades, por ver por tus gustos. Hasta tendrás al borde de los pies lo que más te gusta. Sí cariño, pero no son condones. Qué más hubiera querido yo que dejarte un hombre. Pero no, no es así. Si fuera así, estarías aquí del todo para divertirte. Pero tampoco me pidas esas cosas, primor, que con qué es que me vas a pagar ese tipo de diversiones. Aún quizá tengas a tu hombre, uno más. No te sientes como Pinocho. No sientes que tu nariz está hoy un poco... más grande. Esto es divertido sabes, ver cómo te esfuerzas por encontrar eso a tus pies. Si lo sé, está aquí, justo debajo lo siento. Pero no alcanzo a ver bien qué es, maldición. Es sólo algo, algo extraño. Así, corazón, te genero un poco de expectativa. Sí, porque no tienes idea de lo aburrida que se me hace tu vida. No tengo idea de cómo la soportas. Conozco perfectamente cada movimiento, eso es perfectamente más que comprensible. Si vivo contigo las 24 horas, e inclusive más. Imagínate que no me tuvieras en todo momento para ayudarte y apoyarte. Entonces a quién recurrirías cuando no supieras qué hacer. Recuerdas aquella vez que dijiste que en un dejavú supiste qué debías hacer cuando te encontraste ese maletín lleno de dinero. Apoco creíste que fue suerte del destino todo lo que pasó después. No mi vida, si así no se dan las cosas en la vida. No seas ingenua, que sin mí no serías nada. No te ennecies en creer otra cosa. Ya mi vida, deja de lado esa cara de dolor y sufrimiento que en nada te ayuda. En realidad nunca te lo dije, bueno es que yo no estaba para eso, pero siempre creí que podías dar más. Desde aquella vez que me hiciste caso, todo mejoro, menos una cosa. Nunca fue esa la razón por la que andaba contigo, o acaso crees que sí. Hay mi amor, no pongas esa carita de arrepentimiento, yo mira que sólo estoy aquí para volverte las cosas un poco más claritas de lo normal. Pero es que simplemente no, no es así. El destino lo decidió y punto. Que gracias a mi ayuda fuiste más exitoso, no lo niegues. Te acuerdas cuánto nos costó que tiraras esa estúpida moneda. Sí la que aventabas. Esa merita la que cada que querías algo tirabas. Pero es que todo es cuestión del destino. Si la moneda dice no, no se puede hacer nada contra de ella, es digamos, una manifestación de la gracia de Dios en la tierra. Y crees que yo no creo. No sé que pensar. Pero claro que sí, si soy el primer partidario de esa clase de juegos, pero mi vida, usa más tu imaginación. Conseguiste finalmente lo que querías que ese era el punto. La pregunta es, ¿después qué? no lo sé sólo pasó. Pasó lo que tú después quisiste que pasara. Pero yo no controlé nada. La influencia estaba dada. Nunca quice lastimarlo. No me intentes engañar, recuerda que sé más de lo que tú piensas. Qué tienes. Quieres estar un poco más cómodo. No entiendo qué hago aquí. Pronto lo enterás cariño, no te desesperes. Aunque quizá sea demasiado para ti, para esos ojos tan puros y castos que siempre tuviste. Ya vez, no puedes evitar una sonrisa pícara. Lo sabes, somos confidentes, amigos. Más allá de todos los secretos estamos tú y yo. Apoco no es fascinante no saber dónde estás. No. A mi siempre me resulta completamente fascinante. Y saber que estás a mi lado me calma. Bueno, no literalmente al lado, sólo lo usé para que imagines mi presencia. Me puedes oler. Me puedes sentir. Tócame. Siénteme recorrerte la piel. (Risa) Me has sentido. Respiración entrecortada. Un ligero aire recorre su oreja. Voltéa la cabeza, se pone rígido. Siente mi color, mi nombre, mi forma. Siente mis labios. ¿Has sentido alguna vez cómo la noche te hace el amor y se cuela entre tu alma? Manos frías que recorren el cuello desnudo. Una cabeza que comienza a moverse inquieta en el soporte que se encuentra. Aunque relajada, pero más bien nerviosa. No tengas miedo. Qué quieres. Nunca podrás. ¡Qué quieres! Nunca lo harás. ¡Quién eres! Te lo dije. ¡Quién eres! Estoy aquí. ¡Dónde estoy! En el mejor de tus sueños, en el lugar donde todas las fantasías comienzan, donde todos los deseos se cumplen. Siempre el aire recorrer tus muslos desnudos ante la multitud. Siente el aplauso. Siente la risa. Siente la multitud. Siente el golpe del deseo máximo. Supremo. Una silla bamboleante se descubre ante el escenario. Suenan sus patas en el piso duro de la duela. Ambas piernas pizan lo tirado, lo regado. ¡Para!
Una luz te deja ciego. Así es. Una luz. Todo tu cuerpo rígido. Poco a poco se destensa tu cuello. Sientes una corriente de aire frío recorrer tu cuerpo. Voltéas hacia arriba. Luces. Voltéas hacia frente, luces. El escenario se expande ante ti. Inmenso, inconmesurable. Qué pasa, acaso tienes pánico escénico, por qué no nos dirijes unas palabras. ¿Quién anda ahí? Vamos, anda. Comienzas a escuchar tu nombre. En multitud. Pareciera que una multitud aclama tu nombre. Y no lo sabes, no sabes en verdad de dónde proviene. No alcanzas a distinguir más allá de las luces del escenario. Algo frío recorre tu nuca. No te esfuerces en buscar, no hay nadie a tu lado. El grito del público se va haciendo más estridente. No comprendes. Comienzas a vivir un ligero sentimiento de exibición, de voyerismo. Extráñamente siempre lo soñaste. Cómo supo alguien, con quién harás el acto. Más frente a cuántos. No importa. ¿Qué haces aquí? Los aplausos. Voltéas al frente. Negro. !Qué alegría de verte¡ Negro. ¿Qué pasa perra, es que no me reconoces? Pasos al otro lado del escenario. Ya te dije que no hay nadie a tu lado. La voz provino de él. Cómo fue que no reconocí tu voz antes. Todo el tiempo has sido tú, esta vez sí me has pegado un susto. Negro. Los aplausos misteriosamente han cesado. Vamos, ¡deja de jugar! Dame mi ropa y déjame salir de aquí. Seguro que me has de estar filmando en pelotas para ponerme en ridículo, pero no hay nada que una buena mamada no pueda arreglar. Pasos del otro lado. Giras la cabeza. ¡No hay nadie! Hey! Qué pasa! ¿En dónde te has metido? Vamos cabrón, dame mi puta ropa que me empiezo a morir de frío. Ya me harté de este jueguito. Se va toda luz, de nuevo en tinieblas. Pasos. Paso grade. Paso pequeño. Paso grande. Grande. Pequeño. Paso. Paso. Paso grande. Pasito, pasito. Paso, Paso grande. Una pequeña luz a lo lejos se enciende. Parece iluminar una butaca. Un, un hombre al parecer comienza a aplaudir. Se levanta de su asiento. Elegante. Impecable. De cara blanca, pálida. Palida. Sonrisa roja. Oiga, ¡quién carajos es usted?! ¡Te dije que no había nadie! Algo caé en tus piernas. La luz cegadora de nuevo llega. Voltéas, lo ves. Tus hermosas pupilas, tan grandes, hinchadas y rojas. Tu boquita tan discreta, tan abierta. No te vallas a dislocar la mandíbula. Sus ojos fijos miran los tuyos. Tu amigo, o al menos su cabeza, se encuentra viéndote, ahí, en tu regazo. ¡Qué conmovedor! Ahora la silla comienza a moverse frenéticamente de nuevo. Deja de hacer eso, dañarás la duela. Sustancia salina que corre por tus ojos llenos de venas rojas y saliva que sale de tu dulce boquita. Corazón, siempre fuiste tan sensual. Saliva, lágrimas, rojo, rojo, gritos, saliva, lágrimas, grito, saliva, grito, grito, epilepsia de la silla. Tu cabeza se volvió loquita, gritas, gritas, gritas. No puedes dejar de gritar. Los aplausos se multiplican. ¡Sáquemne de aquí! ¡Déjemne salir! Hijos de su puta madre déjemne salir! Chingada madre déjemne salir! Saliva, baba, palabras entrecortadas. Lloras, saliva. ¡Gritas! ¡Auxilio! Lloras ¡Dëjemne salir!
De verdad te lo digo, deja de gritar. La cabeza gira, te mira. ¡No hay nadie! colérica. Gritas, gritas, gritas. Saliva, lágrima. Gritas. GRITAS con todas tus fuerzas!
De tu cabello hacia arriba jala tu cabeza. Cara pálida. Ojos negros, profundos. Una mano. Tu cabeza golpea desesperada en la duela. Rojo, rojo aunque es negro en ti. Dos hermosas canicas ruedan de la mano de cara pálida, junto con mucho rojo. Estrellas tu cara contra el piso, negro negro, el dolor desesperado del vacío que han dejado tus canicas. Arriba, abajo, arriba, abajo. Mucho mucho rojo.
Estoy en tu mente. Deja de manchar el piso de mi teatro, te dice la misma voz.
No hay nadie a tu lado.

F.M.