domingo, marzo 8
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Vuelven, aires, peregrinos. El único sentido cobra, por siempre, un significado material, irreal, ilineal. La vida busca siempre caminos por donde atravezar, montar, escupir. Así te vuelca en el infierno, te quema, y tú como si nada pasara, miras más allá del horizonte. Alicia, por qué no puedes salir del reino de los corazones, ¿acaso he hecho algo para merecer esto? mi dulce niña, por piedad, no voltees hacia atrás, en cuanto lo hagas, tu cabeza perderás. Rodará y rodará por sobre los verdes prados, por sobre el horizonte. Por debajo de aquellas rosas blancas, que tú insististe en que fueran de carmín. Con tu sagre, chorreante, llenarás el suelo, caudales correrán. Y ni así la tierra puede cambiar, Alicia, las rosas blancas son blancas, sólo tu sangre es carmín. Mi amor Alicia, dónde te ocultas, por qué no vienes a mi guadaña de acero, y mi dulce y fiel falo certero. Alicia. Corre. Dios, si me he de volver loco que sea por la única cosa que vale la pena. Hazme por piedad, sufrir a cada instante, intensamente. Se cumplió.
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