Entrada corta, para una larga extensión del alma.
Si bien mis palabras no intentar ser rebuscadas ahora, del viaje, de la mente, de la infinita vorágine de mis pensamientos, me viene a ti, ojos de Jaguar.
Interesante el recuerdo de cómo has llegado a mi mente. Fuente de inspiración, no lo creo más no por voluntad propia. En ti mismo, en tu ambiente. En toda tu esencia y desendencia.
Cómo fue que llegaste al camino. Ojo Jaguar. Y sin embargo te vi dos veces, en diferente palco, ahora lo entiendo, pero al final usabas la misma máscara, más por nombre diferente disfraz.
No creas que no lo supe, desde tus ojos la mirada catapulta hacia lo infinito, lo irracional, más por bien atenuaste y huiste, cual bestia espantada. No sé bien que animal, no se bien cuyo protagonista mi vida sucita, a veces un cheeta, a veces una serpiente. Si por vez primera supiera mi esencial animal todo sería un poco más fácil. Más no lo niegues, que bien sabes identificar, al folcklor por esencia si bien no es austera, si es irrosoria en la tonalidad de la modernidad. No me importa, la escena nunca antes lució mejor. Descompuesta, alejada, atípica, sensual. Por mi tendría tus ojos en mi balcón. Dejándome ver desde ese jinete en la montaña al que subimos a la televisión. Extraño demonio el que visitó nuestro recinto, si por quizá eras tú, ahora lo pienso, queridísimos ojos de jaguar. Inesperada conexión, muy tarde comprendí la parada. El sapo de la cara obscura me lo dijo, y yo, tan sordo como siempre, no supe entender lo que sus labios mudos me decían. El demonio, el demonio se ha alejado de mi y esto es lo que ha provocado, esta irrisoria humedad y sensación. Tú sabes, Jaguar que al acecho me encuentro, algún día mi lanza empuñaré en tu pecho, y sangrarás, y todo el hermoso reino se llenara de flores rojas y piedras cubiertas de sangre, y renacera de entre la brisa, de entre la espuma. Pornográfico sentido el que le has dado, vale la pena, decir sin embargo te descubriste. Itininerario interesante de itinerante personalidad. Más por la selva me conduje sin atender a un sólo jaguar. Dormí con uno, casi desnudo, y no me pude dar cuenta de ello. Sospecha. Irrisoria vista desde el tejado, ¿no crees? ahora no hay emoción en mis palabras más por ejercicio bilbiográfico me veo obligado a seducirte. Pero menuda reflexión me ha llevado ojo Jaguar, Jaguar sin ojos. Porque los verdaderos ojos, los que busco despojar, siempre han estado más cerca, más bellos, más llenos de sangre de vitalidad. Ahora mismo lo comprobaré ojo Jaguar. Ahora mismo sabré si mi pensamiento es certero, tercero, final. Te toca a ti, mi amado oJo Jaguar. Te quedarás sin ojos. Ámalos, como yo amo mis recuerdos.
Te beso en la frente y desvanezco entre las piedras del acantilado.
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