En la soledad del cuarto, respiro, la inmensidad se vuelve amenazante. De entre las sombras los respiros se vuelven cada vez más insinuantes. Cierro mis ojos, pero jamás olvido, los motivos de la luna en el instante, en que busca por toda la tierra a cada uno de los que ha hecho sus amantes. Y pierdo el equilibrio.
La injusta sanidad del intelecto siempre ha sido consecuencia del destino, más una charla, muy distante, parece el único motivo de un alivio. Diferente y singular cada tipo, diferente y singular articulante, cómo puede un destello volverse tan amenazante. La amenaza no es el hecho, la materia del instante, la sonrisa es el eco, de la huella sin alcance. Estructuras se derrumban, un mundo en cambio constante, los demonios se relegan y conviven amaestrando muertos de gesto adusto y mirada distante.
Por entre el camino de las sombras, se encuentra la bicicleta, con sus dos pedales por delante, detenida ante el precipicio de la muerte siempre habitante.
Pareciera ser que el corazón de piedra, duro, inalterable, y sin amante, se encuentra adusto y dubitante, late ahora, por cada instante.
Huelo el perfume de las flores, que se ha llevado el viento del campo, de mi amante, un campo minado y frío, que sin embargo con alivio, recorro a cada instante. Un fugaz sentimiento de perfección, ante la inmensidad del desorden constante, cuando la tierra en equilibrio rompe sus murallas de diamante.
Letra por letra, recuerdo la carta que jamás pudiste entregarme, letra por letra te escribo, con una tinta de verdad itinerante. No es sólo textos de olvido, son textos de vida, de sangre. No soy perfecto ni divino, pero sí puedo ser tu amante.
No creo en el destino, y mira cuánto miedo tengo de levantarme. Miedo siempre he tenido, de dejar de ser un deambulante. Inconforme con el destino, más no por eso niego mis amantes, los demonios, me persiguen, me hacen su mejor practicante. Soy un necio, terco, decidido a morir a cada instante, enajenado con el olvido de lo monótono de la jaula de lo constante. Pareciera ser que tú detonas la bomba que destruye lo habitante, y desde la soledad, el cuarto, hay un susurro que me llega constante.
Desde debajo de la escalera, parece Poo siempre delatarme. Un tun tun de emoción, un tun tun de emoción sangrante. Un río que desborda la pasión, un rito que me hace alterarme. No es que escriba con autómata emoción, no es que de verdad busque en llegar a enajenarte, no es que quiera la perversión, no es que no te desee a cada instante. El cuerpo en elevación, de la dinámica de lo insinuante, siempre en la piel conmoción, cuando el diablo llega a besarte.
Extraños versos yo te pido, extraña sensación, criatura deambulante, déjame perderme de emoción, déjame morir, porque muero que no muero en el instante.
Soy una excepción, soy un error tan constante, soy una ramificación de lo imposible que se vuelve etéreo entre el carbón y el diamante. Soy pobre, incalculable, pleno de razón y arte, hoy no pido sedición, quiero clavar una estaca sangrante.
Si el tiempo no existe, jamás será la constante, el espacio un amigo, el espacio distante. Quiero hoy romper el telón, quiero jamás dejar de lado lo alucinante. Quiero desquiciarme de pasión, quiero un juego que me permita...
Al borde del vacío, volteo, la luz de la bicicleta lo único que alumbra el camino, la bruma, el frío, la montaña. Y te paras sobre la baranda, y te sientes como un niño. Y vuelves a tomar aire... tus pies se elevan... te encuentras en el abismo, y gritas... sabes de nuevo que sigues aquí, que estás vivo.
F.M.
sábado, julio 2
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