Desde el último domingo de mi partida, desde el úlitmo domingo de la alegría compartida. Ese domingo te dejé alegre, te dejé contento, me dejé jovial. La eterna espera de la mariposa, la eterna alegría del advenimiento de la nueva verdad. Días de encierro, días de meditación. Días en que todo pareció supeditarse al tiempo infinito, al tiempo inacabado. Yo, tranquilo, sereno, con una parsiomonía que ni mis propias ganas de volar, de salir al mundo me hacían romper la templanza de mi corazón, la gratitud de mi alma porque al fin, aquel día domingo yo estaba a punto de convertirme en lo que siempre había soñado. Dormí, dormí por largo rato a través de los días. No sé cuántos hallan pasado, quizá fueron infinitos. Aquel día domingo yo comencé a dormir, a soñar, a rezar. A rezar por volver a despertar, por volver a ver el mundo. Por sentir de nuevo tu calor, tu infinita bondad, todas tus caricias. A pesar de todo fue lo que más me dolió dejar. No podía pensar vivir un día sin ti, la angustia se me hacía inacabada, insufrible, interminable. Cada noche anterior a la del domingo me preguntaba por qué habrías de irte, por qué no podía yo retenerte un minuto más a mi lado. Eso me lo preguntaba mientras andaba por el suelo, por la tierra, como un mugroso animal rastrero. No es que me niegue a mi mismo, no es que no crea en lo que soy. Sólo que odio la tierra, odio todo lo que está por debajo de mí, que no es verdaderamente mucho. Sé que puedo trepar, sé que puedo escalar, pero eso significa un esfuerzo monumental para mi pobre y diminuta existencia. Así fue como después de dejarte, el día domingo, yo por primera vez me sentí feliz de no verte. Así fue como la primera vez pude disfrutar de ese momento de angustia, de tremendo y brutal esfuerzo por ascender. Confieso que moría de cansansio, que ya no quería avanzar un milímetro más. Me preguntaba si de verdad valía la pena tanto esfuerzo, si de verdad tú valías tanto el esfuerzo. No lo sé. Sólo llegué a la cima y comencé a arroparme a mi mismo. Me convertí poco a poco en un pequeño y gracil capullito. Así, así, chiquititito, con la ilusión de que después, despertaría siendo la más hermosa mariposa que haya existido sobre el planeta. La certeza de una nueva verdad estaba cerca, sabía que el cambio traería nuevas cosas, nuevas sensaciones. Sabía que todo iba a ser diferente.
Desperté.
Desperté y no sabía si aún era domingo, si era otro día. No sabía nada del día, sólo sabía que sabía. Entonces comencé a desperezarme. Comencé a ser un poco más fuerte, a sentirme cada vez más vivo. Comencé a gritar. Comence a luchar. Poco a poco el capullo no cedía. No podía yo salir de mi encierro. Largas horas fueron la batalla contra mi hogar. Nunca creí que algo hecho por mí, algo que me había permitido vivir, ahora me estuviera oprimiendo. En severas ocasiones me lastimé, me herí tratando de salir de esa cosa infernal. Al fin pude, al fin tuve la fuerza suficiente para destruirlo. Salí. Desperté.
Vi el blanco más intenso que nunca había podido percibir. Ahora me encontraba aquí. Algo por sobre mi espalda me hacía cosquillas. Algo extraño había ahí. Sentí que era parte de mí, y como nuevos brazos comencé a agitarlos precipitadamente. Me elevé. Mis patitas se desprendieron de donde estaba parado. No puede ser! Estoy volando!...Y así era... al fin, al fin después del domingo estaba volando. Al fin en este día podía yo sentir la verdad entre mis patas, la verdad entre mis ojos, la verdad entre todo mi ser.
Recordé lo que me había hecho cambiar, el móvil de todos mis deseos. Estar contigo. Te había tenido abandonado tanto tiempo, sabes que no fue a propósito. Sabes que nunca quice de verdad hacerlo, pero era necesario. Sin embargo ahí estabas tú, ahí como siempre. No sabía que ibas a estarme esperando, que me ibas a estar observando. Mi corazón dio un vuelco cuando me percaté que todo este tiempo estuviste viéndome, cuidándome, y hasta riéndote un poco de mis torpezas. Yo también reí, sabía que la gracia al fin había llegado.
Finalmente comencé a volar, volar, volar. No tenía idea de cuánto tiempo me llevaría llegar a ti, cuándo podría estar verdaderamente contigo, sólo sabía que tu resplandor me iba a guiar, que tu inmesa bondad me iba a permitir admirar toda tu belleza. Sólo esperaba que tú me esperaras, pero si estuviste ahí tanto tiempo era porque me quería, porque de verdad querías algo conmigo, porque querías, quererme. Yo te amaba, con la intensidad desmedida. Con furor. Y así volé hacia ti. Mi bello amante.
Contra el viento, volé. Contra las aves, volé. Contra mi fatiga, volé. Volé, volé, volé. Volé y sentí que no te podía alcanzar. Pensé que era mi torpeza de no siempre verte de frente, de mirarte fijamente para divisar dónde estabas. Sólo había atrevídome a verte fugazmente, porque tu belleza era demasiada para mí. Te vi. Te vi de frente, buscando tus ojos, distinguiendo al fin tu sonrisa. Buscando una guía que me dijera que ya estaba más cerca de ti. Te vi, te vi y por unos instantes supe quién eras, supe tu verdadera forma, tu verdadera esencia. Inclusive pude ver un leve guiño en tu mirada, porque yo estaba seguro que me ves, que aún me sigues viendo. Mi amado amante. Mi guía, mi maestro. Mi perdición.
Después de ver, tu cara, ver tu rostro. No vi nada. No veo nada. No puedo volver a encontrarte.
Primero fui golpeado por el viento y un extraño dolor de cabeza.
Después fui golpeado por algo que viajaba en él, algo que presentí era un ave.
Al final fui golpeado por mi cansansio, por mi tristeza.
Ahora, herido, en el suelo, creo que es domingo. Creo que estoy donde empecé. No distingo, no te veo mi amado amante. Por qué desapareciste así de repente! por qué te llevaste todo contigo. Ese será mi castigo por amarte tanto. Ese castigo de la eterna ingratitud del amor. Yo te amo, mi bello, mi hermoso momento. Ahora estoy condenado en el desprecio. No puedo verte, ni siquiera puedo intentar moverme, nada en mi responde. Parece que fue en domingo, todo es un domingo cualquiera. Todo en domingo aparece y desaparece.
De repente me doy cuenta, aún sigo dentro del capullo. Aún todo es algo que yo inventé.
Nada me responde. Esperaré, paciente, con templanza. No sé. Aquí inmovil, meditaré.
En el refugio del cambio, no caeré en la tentación, de llorar ante mi inmensa soledad.
Duermo.
F.M.
miércoles, febrero 18
domingo, febrero 1
Eso que tu insistes en llamar corazón, C.
Los demonios también tinen amigos. No sólo amigos, los demonios también tienen mejores amigos. Lo cuiroso es, que los demonios no necesariamente necesitan amigos demonios, sino cualquier tipo de amigo. No es que los demonios necesiten amigos. Es un simple hecho, una simple necesidad. Acaso existe alguna pequeña criatura del universo que necesite estar sola. La necesidad de la soledad es algo más bien particular, algo más bien, elegido. Si por Fabián fuera, el viviría solo por siempre, estaría en esa pequeña parte del universo donde nadie más habita. Alguna vez escuchó la frase, todos los hombres son islas, y lo cree. Pero qué sería de las islas si no hubiera más islas. Una sola isla es una isla y ya. Pero cuando esa isla se contacta con otra isla se genera una nueva matriz. Así los demonios dejarían de ser demonios si no hubiera más seres sobre los que hacer mal. Simplemente la maldad existiría, para fuera del demonio. Porque dentro del demonio bondad y maldad existen, pero nunca se manifiestan a sí mismas como lo que son. Así cómo el demonio sería capaz de catalogarse como malo, si ninguno de los de allá fuera puede decir que es malo, es un hecho, es un dictamen, y hasta cierto punto una obsesión. Los demonios, conviviven. Los demonios buscan a sus iguales. Desgraciados malvados, inútiles voraces de la carne humana, que devoran, que destruyen que matan y cercenan. Este demonio es diferente, quizá odie más a los demonios que a nadie más en esta vida. Por que los demonios son los que le han hecho la vida miserable, la vida como una cosa inútil, apestosa, sin fin. Los malditos demonios que siempre lo acompañan, que siempre lo besan, que siempre lo miman. Aquellos demonios que parecen quererlo. Pero entre demonios esas palabras no existen, esas palabras no van. Ahí sólo existen conveniencias, ahí sólo existen manipulaciones e intercambios fructiferos, o no, no hay más. No trates de encontar mayores relaciones dulce amigo, dulce mortal. Te digo mortal porque tú no eres un demonio. Que bien tú historia tienes. Y en ocasiones quieres tacharnos de perversos, de malnacidos, de unos hijos de puta que únicamente devoramos a los hombres así, por el mero placer. No te lo he de negar, su carne es tal dulce, tan frágil, tan hecha de eso que los más fuertes disfrutamos comer, sus almas. Por que su carne no no es atractiva en absoluto. Viciada, contaminada, podrida. Siempre podrida. Ahí es donde entra mi queja dulce amigo. Acaso crees que tú, tú siendo el humano que eres te diferencias mucho de nosotros, los demonios. Claro que no, dulce creatura, lo que tú tienes es que al final, quizá tengas menos maldad que nosotros. O quizá no, quizá puedas llegar a ser un depredador, un depredador de ti mismo. Antropófagos se vuelven los hombres, antropófagos de si mismos. En ocasiones he visto hombres comer demonios, convertirse en demonios. Así de fácil, así de sencillo es todo mi dulce amigo. Que en ti puedo ver demonio, demonios que has devorado, pero que quizá en algún momento de tu vida devolviste, vomitaste, y echaste al caño. Ahora mi hermoso amigo humano, dime, acaso no te resulto repulsivo. Acaso toda esta viscosidad, toda saña, todo lo malo que hay en mi no te resulta, simplemente asqueroso. A mi vista lo es, pero yo soy yo mismo, entonces por consiguiente me detesto, me detesto en una manera que sé debo morir. Te lo he dicho, los demonios no podemos matarnos a nosotros mismos, somos inmortales, así que no te preocupes. La única manera de matar un demonio es que otro lo haga. Pequeño secreto, yo quiero morir. Así que mis hermanos sufrirán mis deseos, sufrirán lo que yo quiero para mí. Carnes de mi carne, dios de dios, luz de luz. Lo que en un principio fue creado, ahora será destruido para siempre, amén. Así lo quiero, así sea. Sin que tú te des cuenta día a día estás ahí, como uno de mis sicarios. Acaso crees que mi amor por ti es verdadero, acaso crees que de verdad los demonios tienen amigos. No es así. Pero muy en el fondo te demostraré todo mi amor, te llevaré a la destrucción de ti mismo, de tu alma, de tu ser. No es que no te quiera, es que te estoy elevando de rango. Te volveré demonios, una y mil veces. Te mataré. Te volveré humano una y mil veces, te mataré. Retorceré cada uno de tus pequeños y minúsculos espacios. Lo haré, lo juro, no desesperes. Pero después de todo dime dulce amigo. Acaso crees que me interes saber la verdad. La verdad no existe, no lo entiendes? Nada existe en verdad. Sólo que se encuentra flotando, todo está en el aire. Como diría un sabio, "aquí todos flotamos". Así está la verdad, mi amigo. Lo que no se dice es lo más importante. Así es y así será. Siempre. Pero entonces cómo es que las tareas tienen sentido. Sé que lo que no sé es lo que me importa. Sé que todo retorna. Qué sentido tiene saber por anticipado lo que nunca podre conocer. No amigo, no te confundas. El eterno retorno existe, pero siempre hay un cambio. Por que los instantes son diferentes, los momentos únicos. Irás sabiendo cosas, irás aprendiendo. Pero cada vez todo esto se pone más torcido, más interesante. Cada vez te vas acercado más la verdadera noción del caos, de lo desarreglado, lo infinito. Dios, e su naturaleza coloquial, rige el mundo bajo sus reglas. Reglas que el mundo mismo ha decidido inventarse, reglas que tú y yo nos vemos obligados a seguir. Pero crees que la verdad está enmarcada en esas reglas, mi amigo. Así es, pero así es que la verdad me trae la verdad de la mentira, la verdad de lo que debo hacer a cerca de quienes quiero matar, porque inclusive en nosotros existe la verdad, verdad negada de una esencia reprimida. Amigo, amigo de verdad que te quiero, no tengo alma, no tengo corazón, no tengo remordimiento ni culpa alguna. Los fines, Maquiavelo, la moral es cosa absurda. La moral, la ética, más nunca dejarás de juzmarme y decirme inhumano. Yo te amo. Siempre te amaré aunque valla en contra de mis reglas. No te confundas. En los espacios vacíos está la respuesta. Aprende carajo, por una vez aprende. Aprende algo de tu vida. Alicia, aprende. Alicia escucha. Alicia no voltees atrás que los demonios te persiguen. Alicia yo sé que ayer despertarse a las 3:30 de la mañana, sudorosa. Yo lo sé, yo desperté igual. Alicia corre porque voy tras de ti. Alicia aprovecha cada instante, porque te queda muy poco por vivir. Alicia, dame un beso, Alicia te devoraré el alma, el corazón. Amigo, dulce amigo, no encierres en amargura tu corazón. Por que, no lo podré comer. No vuelvas negra tu alma, no la podré destruir. Hasta ahora llega la reina. Será acaso posible, Alicia, que todos seamos como Jano. Que todos seamos como el mimo. Amor, Alicia, amigo, no te confundas yo te amo. Amigo,Alicia, amor no te confundas, cada paso que doy es para estar cerca de ti, cada paso que doy es, para cercenarte poco a poco eso que tú insistes en llamar corazón.
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