Otra vez los sentimientos raros rondan por el mundo. Otra ves los raros rondan. Otra vez.
Y cada vez me siento más cansado, un tanto más vacío. Más tirado hacia el infinito porque finitas se van haciendo mis ideas, mis penamientos. Cada vez necesito más tiempo para dormir, cada vez necesito más tiempo para comer, cada vez que veo algo frente al espejo, me pregunto qué es lo que será, de qué manera tan insólita, triste, insospechada es que puede vivir. No lo sé, me alegra al menos entender que mis palabras no caen a oidos ciegos, a manos invisibles a corazones ya sin aliento. De momento, con el demonio, tuve una experiencia. No es que no las haya tenido antes, pero me habló de ti, me dijo lo que ya sé. Me hizo ver cada uno de las aspectos en los que he reflexionado, y ahora me doy cuenta cuánta razón tengo. Eres un estúpido, te dejas hacer. Sï, es cierto, porque a pesar de todo siempre había creído que los sentimientos puros iban más allá de un afuera, de estar bien, de tener todo bajo control. Y ahora resulta que todo es cierto. Siempre tuve la razón. Sí. Los malos. razón. Siempre se tiene la razón.
Llegó a mi mente, ayer, una imagen un tanto escabrosa. Un individuo en una bañera, está tenso, y a pesar de todo, reconoce en él el baño. Comienza a enjabonarse y decide que es día de lavarse. Más allá, el pelo que está en su cuerpo le estorba, se lo ha de quitar. El reloj de afuera marca las doce de la noche. Para asi, no hay nada más. Así que baja de nuevo. Por qué está escurriendo y tititiritando. Tiene frío. Por qué baja. Necesita agua caliente. Espera. Cuando regresa, de nuevo el agua. Caliente. Caliente. Su cuerpo está caliente, cubierto de una sensación que trata de evocar y sin embargo no le sale, que le sale a medias. Adopta una postura para que el agua viole su oido, su cabeza, su ser. Y siente, absolútamente. Pero sabe que no como debería. Siempre sabe cómo debería y eso le está dando dolor de cabeza. Decide agacharse. Necesita que el agua entre por otros lugares. Necesita un masaje en otras partes. El agua caliente. Caliente toca sus nalgas. Caliente se acerca. Caliente no sabe cómo reaccionar. Sólo comienza a sentir cómo su cuerpo se llena de agua. El agua lo viola, compenetran, compaginan, se vuelven uno. Sabe que está llegando el momento y, lo interrumpe. Ya que casi se ha llegado a la purificación. Estúpido. Tenías, lo tenías entre tus brazos, se encontraba acariciando de lo más intimo de tu cuerpo, y lo dejaste ir. Estúpido. Ahora, quien se encuentra arriba de ti voltéa hacia abajo. Se resbala. Más no cae. Todo flota. Todo en este inmenso espacio flota. Como la risa. Como el vicio que los viejos castigan, la imprudencia del joven, del desenfreno. Tú en cambio, en posición motable, acogible, reaccionas. La sangre te viene a la nariz. No sabes bien cómo reaccionar. Tu cámara no funciona, se ha nublado por el agua que se ha metido. Abortar. Cierras la llave del agua. No sabes bien de dónde ha venido la risa, si no metiste la grabadora contigo. Te estresa, algo sale mal, la relajación algo sale mal. Inevitable. Y esa sensación extraña, de vacío. Vacío. Volveré a bañarme. ¿Me prestas un jabón?
La televisión se apaga. Las risas pregabadas rien inconteniblemente.
F.M.
miércoles, abril 22
viernes, abril 17
Papiros de azufre...
Y después de todo alguien de entre el público se levanta. Mira directamente hacia el escenario y dice que comprará toda la obra, que han de llevársela a la reina de corazones. No existe dentro del reino mejor obra que aquella, no existe nada que pueda halagar más a la reina.
De entre las sombras un cadáver responde: ¿acaso crees? Ni uno solo de tus infantiles hermanos puede compararse con la grandeza del reino de los infiernos. Así es esto, por mi hermano el barquero, que nunca podrás pasar más allá de donde tu nublada vista te deja percibir. Cada uno de tus sentidos será arrancado de ti, hasta después de la vida, la muerte.
Un asiento que se remueve. Un personaje cae al hoyo negro, al vacío del infinito. Ahí se encuentra nuestro amigo Virgilio.
Una pequeña exalación del reino de los muertos. Ríe. Entre azufres se consume. Acaso crees. Nunca debes creer nada por supuesto. La creencia mata el espíritu, mi buen amigo. Y si te dijera que más bien estoy tras de tu nuca, esperando a que respires una vez más, para liquidarte.
Gritarías entonces o seguirías tratando.
¿Engaño?
No resbales con el lodo.
F.M.
De entre las sombras un cadáver responde: ¿acaso crees? Ni uno solo de tus infantiles hermanos puede compararse con la grandeza del reino de los infiernos. Así es esto, por mi hermano el barquero, que nunca podrás pasar más allá de donde tu nublada vista te deja percibir. Cada uno de tus sentidos será arrancado de ti, hasta después de la vida, la muerte.
Un asiento que se remueve. Un personaje cae al hoyo negro, al vacío del infinito. Ahí se encuentra nuestro amigo Virgilio.
Una pequeña exalación del reino de los muertos. Ríe. Entre azufres se consume. Acaso crees. Nunca debes creer nada por supuesto. La creencia mata el espíritu, mi buen amigo. Y si te dijera que más bien estoy tras de tu nuca, esperando a que respires una vez más, para liquidarte.
Gritarías entonces o seguirías tratando.
¿Engaño?
No resbales con el lodo.
F.M.
Sobre los sentidos, el disgusto.
No sabría decirte qué pasó, no opino sobre los muertos.
A veces la ansiedad nos lleva a estados de la conciencia innimaginables, como por ejemplo, ahora, mientras te cuento estas palabras. Ya sé que muchas veces te las he repetido, y tú insistes en saber por qué te hago tantas preguntas. La verdad es que ni yo mismo tengo la respuesta. Lo sé, sabes que te amo tanto que no puedo dejar de pensar que eres casi tan inmaterial. Me lleno la vida pensando en como transitar por un montón de recuerdos. Porque de repente todo se ha revelado, lo que siempre supe al fin salió a la luz. Tú en algún momento te irás. Y qué esperas que haga. Sabes lo mucho que me molesta esta ciudad, lo poco que soporto a los demás. Y aún así te sigo amando. Aún así sigues siendo parte de mi inspiración. Discusiones acaloradas en donde tú no alcanzas a vislumbrar el objetivo, mientras yo te como, mientras te aplico mis jugos gástricos. Confiezo extrañeza en tu rostro. Sabía que lo ibas a reconocer. De repente los momentos se han quedado flotando. No creo que eso sea una señal precisamente mala. De verdad que no te das cuenta de la cosas. De verdad que no te das cuenta. Algún día parece como si nunca ha existido la presencia del pasado. Más allá de todo, creo saber que eres uno de los pocos que me escucha. Uno de los pocos que consuela. Porque en la desgracia me mantengo impasible. Porque nunca había sufrido una desgracia. Deseo de todo corazón. Para estas fechas no me verás más. Y me pregunto ahora cómo será la vida sin ti. Pobre de ti, mi hermoso Conejo que sólo vez en la situación una risible calamidad. Más que una calamidad parece tan capricho el que se esconde en tus orejitas que no eres capaz de darte cuenta en el absurdo que estás callendo. Sí. Yo no estoy inmuscuido en el asunto. Sabes que no eres más que un demonio ni un humano. Soy un animal. Animal que en ocasión de la filosofía del reino se ha dedicado a los placeres de la carne. Considerándolo propio para creaturas como tú, yo me sumo a la vinculación máxima para llegar a la gracia. Pero si tú ahora te niegas a tan sólo los encuentros carnales. Ya lo sé, mi dulce conejo, pero siento que no está ahí lo que busco. A pesar de toda mi suma teologica que defiende el éxtasis más allá de todo juicio de pecado, no puedo pensar en una actividad que extralimite mis emociones. El escudo protector siempre funciona. Como un aura que perméa al cuerpo, el solipsismo llena al ser de su propia esencia. Qué más grande que el individuo pleno ante su propia soledad. Y qué más queda cuando el inviduo muere en si mismo, ¿entonces? No hay nada más allá, Nada. Tan sólo el destino. Destino del presente que se manifiesta quizá más claramente en los sueños. Considero que no es adecuado planear, yo de qué manera conoceré mi futuro. El juego de la vida entre el loco, el diablo y la rueda de la fortuna se barajea sin cesar en las figuras de la vida. Y sin embargo yo puedo decir lo que quiero. Así es. Es. Sin. Embargo. Porque al embargar el alma de penas, de culpas y de necesidades, las ansiedades se vuelven realidades. Parece que más allá de todo el arquitecto sigue nuetras propias indicaciones. Es como continuar un camino con rutas marcadas, e inclusive a veces salirme un poco del camino. Conejito, lo que pasa es que tú todo lo ves como ya hecho, ya escrito. Si la vida fuera sólo eso entonces creeríamos en tan sólo lo ya dicho, lo ya hecho. Y ahora resulta que no lo hacemos. Parece que sí. Apariencia. Materialidad. Ahí encuentras tu verdadero reto. No hay nada más que vivir la vida, se acabó. Fin.
Las risas llenan todo el cuarto, conejo ha decidido partir hacia otra habitación está bastante agotado y de mal humor por la conversación. Mientras tanto, a los ojos del público atento a las reacciones de Yo, mi y el narrador, un sujeto dentro del público se levanta.
Más allá, dentro del árido desierto del reino de corazones, se encuentra la dulce niña Alicia, que bien se encuentra un poco perdida del teatro de las ilusiones. -Disculpe- dice Alicia a un hombre que se encuentra parado en medio del camino. El hombre no se inmuta. -Disculpe, ¿me podría decir hacia dónde queda mi destino?-. El hombre parado saca de su bolsillo izquierdo un reloj. -Mi querida niña, eso es más que obvio- estronuda. - Todos saben que el destino de Alicia se encuentra más allá del Hades. Si bien sigues tus insitintos sabrás en dónde tienes que comenzar a morir.- Alicia con espanto en el rostro, y sin poder hablar debido a que no sabe cómo quitárselo se tira al suelo. Una vez pecho tierra, comienza a golpear su cara contra el suelo, hasta que el espanto se va. Se limpia la tierra del vestido azúl satín. - Querido Sr. mi madre me ha dicho que mi volubilidad y mi falta de entrega me han de llevar al abismo, pero hay tantos en este recóndito valle que no sé por cuál debo caer. Bien ud sabe que las leyes de la lógica me prohíben volver a subir.- El hombre, voltéa hacia un lado, voltéa hacia el otro y baja el rostro rápidamente hasta quedar frente al rostro de Alicia. - Niña. Las leyes no importan en el mundo de los cerdos. El perro te podrá tratar de engañar, pero tu austucia debe ser mayor. Tírate del precipicio, aunque la ley parezca inquebrantable. Yo soy el que ayer caía por uno de ellos, y mira ahora. Misteriosamente a lo largo del viaje he podido volver a subir. O quizá fue que nunca dejé de bajar. El fondo no existe. Sólo piensa en que tendrás que recorren un trayecto.- Alicia estaba confundida. El hombre, no tenía boca, por la cual hablar.
Parece que la hemos asustado un poco. Pues de qué manera se puede hablar sin hablar con lo mismo. No lo mismo pues cada uno habla su lenguaje. Artificiosa es sólo el instrumento y verdadera la manera de hacerlo. El hombre sentado en la silla ubicada justo en medio del escenario se levanta. Da tres pasos. Se quita la venda con la mano derecha, con la mano izquierda hace la señal de la cruz. Más porque Dios me ha arrojado al mundo con tan sólo dos manos. La venda cae al suelo. Una gran cicratruz surca la cara del individuo. Es un individuo. ¿Acaso será posible seguir hablando de que lo sea, aún ahora que está muerto? No lo sé Afregia, no me consta que esté muerto. Pero Dr. Anlosa, ud es el que se dedica a hacer las autopsias. Yo mismo le practique la cirugía reconstructiva. Los dos personajes estallan en carcajadas. Las luces del auditorio se apagan. Se centra una luz cenitalmente sobre el Dr., Afregia y el cuerpo-individuo. Srita. guardando todo el poco respeto que me merece un cadáver, no sabría decirte qué pasó, no opino sobre los muertos. Afregia sonríe directamente hacia la cámara 1. Se oyen risan pregrabadas. Se oyen risas pregrabadas.
F.M.
A veces la ansiedad nos lleva a estados de la conciencia innimaginables, como por ejemplo, ahora, mientras te cuento estas palabras. Ya sé que muchas veces te las he repetido, y tú insistes en saber por qué te hago tantas preguntas. La verdad es que ni yo mismo tengo la respuesta. Lo sé, sabes que te amo tanto que no puedo dejar de pensar que eres casi tan inmaterial. Me lleno la vida pensando en como transitar por un montón de recuerdos. Porque de repente todo se ha revelado, lo que siempre supe al fin salió a la luz. Tú en algún momento te irás. Y qué esperas que haga. Sabes lo mucho que me molesta esta ciudad, lo poco que soporto a los demás. Y aún así te sigo amando. Aún así sigues siendo parte de mi inspiración. Discusiones acaloradas en donde tú no alcanzas a vislumbrar el objetivo, mientras yo te como, mientras te aplico mis jugos gástricos. Confiezo extrañeza en tu rostro. Sabía que lo ibas a reconocer. De repente los momentos se han quedado flotando. No creo que eso sea una señal precisamente mala. De verdad que no te das cuenta de la cosas. De verdad que no te das cuenta. Algún día parece como si nunca ha existido la presencia del pasado. Más allá de todo, creo saber que eres uno de los pocos que me escucha. Uno de los pocos que consuela. Porque en la desgracia me mantengo impasible. Porque nunca había sufrido una desgracia. Deseo de todo corazón. Para estas fechas no me verás más. Y me pregunto ahora cómo será la vida sin ti. Pobre de ti, mi hermoso Conejo que sólo vez en la situación una risible calamidad. Más que una calamidad parece tan capricho el que se esconde en tus orejitas que no eres capaz de darte cuenta en el absurdo que estás callendo. Sí. Yo no estoy inmuscuido en el asunto. Sabes que no eres más que un demonio ni un humano. Soy un animal. Animal que en ocasión de la filosofía del reino se ha dedicado a los placeres de la carne. Considerándolo propio para creaturas como tú, yo me sumo a la vinculación máxima para llegar a la gracia. Pero si tú ahora te niegas a tan sólo los encuentros carnales. Ya lo sé, mi dulce conejo, pero siento que no está ahí lo que busco. A pesar de toda mi suma teologica que defiende el éxtasis más allá de todo juicio de pecado, no puedo pensar en una actividad que extralimite mis emociones. El escudo protector siempre funciona. Como un aura que perméa al cuerpo, el solipsismo llena al ser de su propia esencia. Qué más grande que el individuo pleno ante su propia soledad. Y qué más queda cuando el inviduo muere en si mismo, ¿entonces? No hay nada más allá, Nada. Tan sólo el destino. Destino del presente que se manifiesta quizá más claramente en los sueños. Considero que no es adecuado planear, yo de qué manera conoceré mi futuro. El juego de la vida entre el loco, el diablo y la rueda de la fortuna se barajea sin cesar en las figuras de la vida. Y sin embargo yo puedo decir lo que quiero. Así es. Es. Sin. Embargo. Porque al embargar el alma de penas, de culpas y de necesidades, las ansiedades se vuelven realidades. Parece que más allá de todo el arquitecto sigue nuetras propias indicaciones. Es como continuar un camino con rutas marcadas, e inclusive a veces salirme un poco del camino. Conejito, lo que pasa es que tú todo lo ves como ya hecho, ya escrito. Si la vida fuera sólo eso entonces creeríamos en tan sólo lo ya dicho, lo ya hecho. Y ahora resulta que no lo hacemos. Parece que sí. Apariencia. Materialidad. Ahí encuentras tu verdadero reto. No hay nada más que vivir la vida, se acabó. Fin.
Las risas llenan todo el cuarto, conejo ha decidido partir hacia otra habitación está bastante agotado y de mal humor por la conversación. Mientras tanto, a los ojos del público atento a las reacciones de Yo, mi y el narrador, un sujeto dentro del público se levanta.
Más allá, dentro del árido desierto del reino de corazones, se encuentra la dulce niña Alicia, que bien se encuentra un poco perdida del teatro de las ilusiones. -Disculpe- dice Alicia a un hombre que se encuentra parado en medio del camino. El hombre no se inmuta. -Disculpe, ¿me podría decir hacia dónde queda mi destino?-. El hombre parado saca de su bolsillo izquierdo un reloj. -Mi querida niña, eso es más que obvio- estronuda. - Todos saben que el destino de Alicia se encuentra más allá del Hades. Si bien sigues tus insitintos sabrás en dónde tienes que comenzar a morir.- Alicia con espanto en el rostro, y sin poder hablar debido a que no sabe cómo quitárselo se tira al suelo. Una vez pecho tierra, comienza a golpear su cara contra el suelo, hasta que el espanto se va. Se limpia la tierra del vestido azúl satín. - Querido Sr. mi madre me ha dicho que mi volubilidad y mi falta de entrega me han de llevar al abismo, pero hay tantos en este recóndito valle que no sé por cuál debo caer. Bien ud sabe que las leyes de la lógica me prohíben volver a subir.- El hombre, voltéa hacia un lado, voltéa hacia el otro y baja el rostro rápidamente hasta quedar frente al rostro de Alicia. - Niña. Las leyes no importan en el mundo de los cerdos. El perro te podrá tratar de engañar, pero tu austucia debe ser mayor. Tírate del precipicio, aunque la ley parezca inquebrantable. Yo soy el que ayer caía por uno de ellos, y mira ahora. Misteriosamente a lo largo del viaje he podido volver a subir. O quizá fue que nunca dejé de bajar. El fondo no existe. Sólo piensa en que tendrás que recorren un trayecto.- Alicia estaba confundida. El hombre, no tenía boca, por la cual hablar.
Parece que la hemos asustado un poco. Pues de qué manera se puede hablar sin hablar con lo mismo. No lo mismo pues cada uno habla su lenguaje. Artificiosa es sólo el instrumento y verdadera la manera de hacerlo. El hombre sentado en la silla ubicada justo en medio del escenario se levanta. Da tres pasos. Se quita la venda con la mano derecha, con la mano izquierda hace la señal de la cruz. Más porque Dios me ha arrojado al mundo con tan sólo dos manos. La venda cae al suelo. Una gran cicratruz surca la cara del individuo. Es un individuo. ¿Acaso será posible seguir hablando de que lo sea, aún ahora que está muerto? No lo sé Afregia, no me consta que esté muerto. Pero Dr. Anlosa, ud es el que se dedica a hacer las autopsias. Yo mismo le practique la cirugía reconstructiva. Los dos personajes estallan en carcajadas. Las luces del auditorio se apagan. Se centra una luz cenitalmente sobre el Dr., Afregia y el cuerpo-individuo. Srita. guardando todo el poco respeto que me merece un cadáver, no sabría decirte qué pasó, no opino sobre los muertos. Afregia sonríe directamente hacia la cámara 1. Se oyen risan pregrabadas. Se oyen risas pregrabadas.
F.M.
jueves, abril 16
Brotará, R.
De repente pasa por mi cabeza, de repente pierdo el hilo de todo, de todo lo posible e imaginable.
De repente retorno al mundo de las mil caras, de una sola máscara. De repente vuelvo a ti. No es sólo porque ahora me sienta derrotado. En verdad no sé si aún sigo dentro de la batalla o no. Hace tanto tiempo que dejé de saberlo. Mi angustia. Parece maleficio que cada que vuelvo a pensar en ti las palabras brotan de mis dedos. Maleficio. Sofía. Te extrañaba. Y ahora me indigno. Y ahora me molesto. Después de un buen chiste, una dosis de un triste y malhumorado humor. Sí, es posible. Más no podría soportarlo. Sabes la veneración que tiene mi carne hacia tu existencia, devoto de tus múltiples y sardónicos defectos. Más yo, más. Sentado. De pie sin poderte mirar de frente. Por qué aún no te has querido quitar el velo. Ayer con un dulce aliento llamabas a mi mente, y hoy, me castigas, me atormentas, no me dejas vivir. Parece demasiado cursi lo que te digo, parece innecesario el lamento. Inexistente la aparente vinculación. Y ahora. Enojo. Sí. No lo puedo evitar. Estoy enojado. Más no sé bien con quién. No sé bien quién es el receptáculo de mi ofuscación. He de confesarte que tengo miedo. Y miedo, angustia, enojo son cosas de los humanos, ¡carajo! yo no soy humano. Este demonio que se encuentra más allá de tu simple y llana existencia no puede sufrir. No puede darse el lujo de sentirse a tu nivel, a tu caprichosa voluntad. No te puedo matar, no sabes cuánto lo deseo. Y si urgencia tenía yo de encontrarme contigo fue por la misma razón de arrastrarte hacia la nada. Y sin embargo, cada noche en tu cuarto, no puedo. Me encuentro dentro, una o dos ocasiones. Me escondo, perfectamente. Ya sabes, maestría. Y simplemente no me llega la razón. Razón que sólo verte dormitar es suficiente para creer que merece la pena lacerarme a mi mismo un día más. Sabes de mis instintos seguidores del marqués. Sabes de mi noble gracia hacia las cosas del púrpura violento. Y también sabes que la daga que debería estar en tu interior se encuentra dentro de mi pecho. Y si bien, jugamos, no sé si nos encontramos en oposición o en indefinible enfrentamiento. No es lo mismo, no te confundas. No sé dónde tanta basura se anida dentro de mi dispensario. Como de repente se me antoja aventarme al arrobo de tu Dios. Como de repente se me antoja la violencia de la carne, de la mente. Y bien, dirás que la practico diario, más no es así. Demonio traicionado por mis demonios desconozco si bien no será mi devoción franciscana lo que me mueva a hablarte a ti, frágil creatura como un ave que no entiende mi lenguaje, y sin embargo me responde. Creatura enamorada de creatura, pero no en los mismos términos. Malditos términos ¡aborrecibles! Cordura, dudo que exista.
Y bien que pronto yo sé que en cualquier momento una furia llegará hasta mi destino, me seducirá y caeré en el vacío de la perdición. Pero desde entonces no encuentro inspiración. No encuentro lo tremendamente innovador en mi ser que me llevaba a desear sangre, sangre por montón. Sólo deseo la tuya, tu cuerpo, tus suspiros. Y ahora, peor aún. Entre las creaturas de la noche, yo mismo me encuentro entre las desposeidas de la gracia de tu Dios. Benignamente me resulta irrelevante a mi psicología, más, creo en virtud de tu patología potencial, de tu demencia, que me puedes engañar. Y bien no sé por qué se niega a conocer a otro demonio. Y bien no sé por qué debe haber más sujetos en discordia cuando yo sólo comencé pensando en uno, en uno solo, en el único que vale y que me lleva al extremo de la furia de querlo arrancar a si mismo de su propio mundo. Yo. Yo soy. Soy el único. Único verbo de mi propia creación. Renacido y sentado a la derecha de nadie más. Vivo en torno a al desgracia de mi propia vida. Y no por eso confundas que soy infeliz. Ideal el retomar el mundo después del abismo. Te acuerdas del loco. Cómo no acordarme. Estaba tan feliz a punto de tirarse al precipicio. Pero si eras tú mismo. Ya te lo he dicho soy siempre yo, que no lo entiendes, tú. Por mi, sólo yo. Más ni el perro ni nadie puede detenerme, la caida constante, dura, en aceleración constante podría ser calculada hasta por el niño más inútil e ignorante. Sabes que no. Siempre lo he sabido. No. La mera tentativa de dejar, de polarizar y llegar al otro extremo, eso es lo que me da miedo. Por mí que el abismo sea infinito. Por mi que el abismo sea eterno. Por mi que la luz jamás penetre en una fibra más de mi esencia. Por mi que tires a aquel que te hace. Por mi. Ángel caído, sin alas. Seguiré cayendo. Más quizá, encontraré más pronto que tú el árbol del conocimiento. Que a la inversa viajaré y llegaré a lo más profundo de la tierra, porque en el Hades encontraré hermanos, porque más allá me fundiré y regaré las tierras de tus hermanos. Morirán. Más ahora, ¿será? No lo sé, inútiles parecen los reclamos, las sensaciones, no puedo sentir el aire que tanto me liberaba de esta caída libre, y eso me mata de dolor. Dame tu mano. No la necesito. Dame tu tiempo. No lo necesito. Dame tú. Obstinada, obsecada, necedad de negación negada. Felicidad. Regresaré a ti Alicia, no creas que te he olvidado. Regresaré a tus sueños, viviré en tus encantos. Encantado. Enamorado de tu dulce pelo, que se baña en las aguas del Aqueronte, que de tu piel brotará, brotará el insano líquido de mis pasiones.
Brotará, mis pasiones. Después de mi resurrección.
De repente retorno al mundo de las mil caras, de una sola máscara. De repente vuelvo a ti. No es sólo porque ahora me sienta derrotado. En verdad no sé si aún sigo dentro de la batalla o no. Hace tanto tiempo que dejé de saberlo. Mi angustia. Parece maleficio que cada que vuelvo a pensar en ti las palabras brotan de mis dedos. Maleficio. Sofía. Te extrañaba. Y ahora me indigno. Y ahora me molesto. Después de un buen chiste, una dosis de un triste y malhumorado humor. Sí, es posible. Más no podría soportarlo. Sabes la veneración que tiene mi carne hacia tu existencia, devoto de tus múltiples y sardónicos defectos. Más yo, más. Sentado. De pie sin poderte mirar de frente. Por qué aún no te has querido quitar el velo. Ayer con un dulce aliento llamabas a mi mente, y hoy, me castigas, me atormentas, no me dejas vivir. Parece demasiado cursi lo que te digo, parece innecesario el lamento. Inexistente la aparente vinculación. Y ahora. Enojo. Sí. No lo puedo evitar. Estoy enojado. Más no sé bien con quién. No sé bien quién es el receptáculo de mi ofuscación. He de confesarte que tengo miedo. Y miedo, angustia, enojo son cosas de los humanos, ¡carajo! yo no soy humano. Este demonio que se encuentra más allá de tu simple y llana existencia no puede sufrir. No puede darse el lujo de sentirse a tu nivel, a tu caprichosa voluntad. No te puedo matar, no sabes cuánto lo deseo. Y si urgencia tenía yo de encontrarme contigo fue por la misma razón de arrastrarte hacia la nada. Y sin embargo, cada noche en tu cuarto, no puedo. Me encuentro dentro, una o dos ocasiones. Me escondo, perfectamente. Ya sabes, maestría. Y simplemente no me llega la razón. Razón que sólo verte dormitar es suficiente para creer que merece la pena lacerarme a mi mismo un día más. Sabes de mis instintos seguidores del marqués. Sabes de mi noble gracia hacia las cosas del púrpura violento. Y también sabes que la daga que debería estar en tu interior se encuentra dentro de mi pecho. Y si bien, jugamos, no sé si nos encontramos en oposición o en indefinible enfrentamiento. No es lo mismo, no te confundas. No sé dónde tanta basura se anida dentro de mi dispensario. Como de repente se me antoja aventarme al arrobo de tu Dios. Como de repente se me antoja la violencia de la carne, de la mente. Y bien, dirás que la practico diario, más no es así. Demonio traicionado por mis demonios desconozco si bien no será mi devoción franciscana lo que me mueva a hablarte a ti, frágil creatura como un ave que no entiende mi lenguaje, y sin embargo me responde. Creatura enamorada de creatura, pero no en los mismos términos. Malditos términos ¡aborrecibles! Cordura, dudo que exista.
Y bien que pronto yo sé que en cualquier momento una furia llegará hasta mi destino, me seducirá y caeré en el vacío de la perdición. Pero desde entonces no encuentro inspiración. No encuentro lo tremendamente innovador en mi ser que me llevaba a desear sangre, sangre por montón. Sólo deseo la tuya, tu cuerpo, tus suspiros. Y ahora, peor aún. Entre las creaturas de la noche, yo mismo me encuentro entre las desposeidas de la gracia de tu Dios. Benignamente me resulta irrelevante a mi psicología, más, creo en virtud de tu patología potencial, de tu demencia, que me puedes engañar. Y bien no sé por qué se niega a conocer a otro demonio. Y bien no sé por qué debe haber más sujetos en discordia cuando yo sólo comencé pensando en uno, en uno solo, en el único que vale y que me lleva al extremo de la furia de querlo arrancar a si mismo de su propio mundo. Yo. Yo soy. Soy el único. Único verbo de mi propia creación. Renacido y sentado a la derecha de nadie más. Vivo en torno a al desgracia de mi propia vida. Y no por eso confundas que soy infeliz. Ideal el retomar el mundo después del abismo. Te acuerdas del loco. Cómo no acordarme. Estaba tan feliz a punto de tirarse al precipicio. Pero si eras tú mismo. Ya te lo he dicho soy siempre yo, que no lo entiendes, tú. Por mi, sólo yo. Más ni el perro ni nadie puede detenerme, la caida constante, dura, en aceleración constante podría ser calculada hasta por el niño más inútil e ignorante. Sabes que no. Siempre lo he sabido. No. La mera tentativa de dejar, de polarizar y llegar al otro extremo, eso es lo que me da miedo. Por mí que el abismo sea infinito. Por mi que el abismo sea eterno. Por mi que la luz jamás penetre en una fibra más de mi esencia. Por mi que tires a aquel que te hace. Por mi. Ángel caído, sin alas. Seguiré cayendo. Más quizá, encontraré más pronto que tú el árbol del conocimiento. Que a la inversa viajaré y llegaré a lo más profundo de la tierra, porque en el Hades encontraré hermanos, porque más allá me fundiré y regaré las tierras de tus hermanos. Morirán. Más ahora, ¿será? No lo sé, inútiles parecen los reclamos, las sensaciones, no puedo sentir el aire que tanto me liberaba de esta caída libre, y eso me mata de dolor. Dame tu mano. No la necesito. Dame tu tiempo. No lo necesito. Dame tú. Obstinada, obsecada, necedad de negación negada. Felicidad. Regresaré a ti Alicia, no creas que te he olvidado. Regresaré a tus sueños, viviré en tus encantos. Encantado. Enamorado de tu dulce pelo, que se baña en las aguas del Aqueronte, que de tu piel brotará, brotará el insano líquido de mis pasiones.
Brotará, mis pasiones. Después de mi resurrección.
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