Otra vez los sentimientos raros rondan por el mundo. Otra ves los raros rondan. Otra vez.
Y cada vez me siento más cansado, un tanto más vacío. Más tirado hacia el infinito porque finitas se van haciendo mis ideas, mis penamientos. Cada vez necesito más tiempo para dormir, cada vez necesito más tiempo para comer, cada vez que veo algo frente al espejo, me pregunto qué es lo que será, de qué manera tan insólita, triste, insospechada es que puede vivir. No lo sé, me alegra al menos entender que mis palabras no caen a oidos ciegos, a manos invisibles a corazones ya sin aliento. De momento, con el demonio, tuve una experiencia. No es que no las haya tenido antes, pero me habló de ti, me dijo lo que ya sé. Me hizo ver cada uno de las aspectos en los que he reflexionado, y ahora me doy cuenta cuánta razón tengo. Eres un estúpido, te dejas hacer. Sï, es cierto, porque a pesar de todo siempre había creído que los sentimientos puros iban más allá de un afuera, de estar bien, de tener todo bajo control. Y ahora resulta que todo es cierto. Siempre tuve la razón. Sí. Los malos. razón. Siempre se tiene la razón.
Llegó a mi mente, ayer, una imagen un tanto escabrosa. Un individuo en una bañera, está tenso, y a pesar de todo, reconoce en él el baño. Comienza a enjabonarse y decide que es día de lavarse. Más allá, el pelo que está en su cuerpo le estorba, se lo ha de quitar. El reloj de afuera marca las doce de la noche. Para asi, no hay nada más. Así que baja de nuevo. Por qué está escurriendo y tititiritando. Tiene frío. Por qué baja. Necesita agua caliente. Espera. Cuando regresa, de nuevo el agua. Caliente. Caliente. Su cuerpo está caliente, cubierto de una sensación que trata de evocar y sin embargo no le sale, que le sale a medias. Adopta una postura para que el agua viole su oido, su cabeza, su ser. Y siente, absolútamente. Pero sabe que no como debería. Siempre sabe cómo debería y eso le está dando dolor de cabeza. Decide agacharse. Necesita que el agua entre por otros lugares. Necesita un masaje en otras partes. El agua caliente. Caliente toca sus nalgas. Caliente se acerca. Caliente no sabe cómo reaccionar. Sólo comienza a sentir cómo su cuerpo se llena de agua. El agua lo viola, compenetran, compaginan, se vuelven uno. Sabe que está llegando el momento y, lo interrumpe. Ya que casi se ha llegado a la purificación. Estúpido. Tenías, lo tenías entre tus brazos, se encontraba acariciando de lo más intimo de tu cuerpo, y lo dejaste ir. Estúpido. Ahora, quien se encuentra arriba de ti voltéa hacia abajo. Se resbala. Más no cae. Todo flota. Todo en este inmenso espacio flota. Como la risa. Como el vicio que los viejos castigan, la imprudencia del joven, del desenfreno. Tú en cambio, en posición motable, acogible, reaccionas. La sangre te viene a la nariz. No sabes bien cómo reaccionar. Tu cámara no funciona, se ha nublado por el agua que se ha metido. Abortar. Cierras la llave del agua. No sabes bien de dónde ha venido la risa, si no metiste la grabadora contigo. Te estresa, algo sale mal, la relajación algo sale mal. Inevitable. Y esa sensación extraña, de vacío. Vacío. Volveré a bañarme. ¿Me prestas un jabón?
La televisión se apaga. Las risas pregabadas rien inconteniblemente.
F.M.
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