jueves, julio 30

Más por Ojo Jaguar

Entrada corta, para una larga extensión del alma.
Si bien mis palabras no intentar ser rebuscadas ahora, del viaje, de la mente, de la infinita vorágine de mis pensamientos, me viene a ti, ojos de Jaguar.
Interesante el recuerdo de cómo has llegado a mi mente. Fuente de inspiración, no lo creo más no por voluntad propia. En ti mismo, en tu ambiente. En toda tu esencia y desendencia.
Cómo fue que llegaste al camino. Ojo Jaguar. Y sin embargo te vi dos veces, en diferente palco, ahora lo entiendo, pero al final usabas la misma máscara, más por nombre diferente disfraz.
No creas que no lo supe, desde tus ojos la mirada catapulta hacia lo infinito, lo irracional, más por bien atenuaste y huiste, cual bestia espantada. No sé bien que animal, no se bien cuyo protagonista mi vida sucita, a veces un cheeta, a veces una serpiente. Si por vez primera supiera mi esencial animal todo sería un poco más fácil. Más no lo niegues, que bien sabes identificar, al folcklor por esencia si bien no es austera, si es irrosoria en la tonalidad de la modernidad. No me importa, la escena nunca antes lució mejor. Descompuesta, alejada, atípica, sensual. Por mi tendría tus ojos en mi balcón. Dejándome ver desde ese jinete en la montaña al que subimos a la televisión. Extraño demonio el que visitó nuestro recinto, si por quizá eras tú, ahora lo pienso, queridísimos ojos de jaguar. Inesperada conexión, muy tarde comprendí la parada. El sapo de la cara obscura me lo dijo, y yo, tan sordo como siempre, no supe entender lo que sus labios mudos me decían. El demonio, el demonio se ha alejado de mi y esto es lo que ha provocado, esta irrisoria humedad y sensación. Tú sabes, Jaguar que al acecho me encuentro, algún día mi lanza empuñaré en tu pecho, y sangrarás, y todo el hermoso reino se llenara de flores rojas y piedras cubiertas de sangre, y renacera de entre la brisa, de entre la espuma. Pornográfico sentido el que le has dado, vale la pena, decir sin embargo te descubriste. Itininerario interesante de itinerante personalidad. Más por la selva me conduje sin atender a un sólo jaguar. Dormí con uno, casi desnudo, y no me pude dar cuenta de ello. Sospecha. Irrisoria vista desde el tejado, ¿no crees? ahora no hay emoción en mis palabras más por ejercicio bilbiográfico me veo obligado a seducirte. Pero menuda reflexión me ha llevado ojo Jaguar, Jaguar sin ojos. Porque los verdaderos ojos, los que busco despojar, siempre han estado más cerca, más bellos, más llenos de sangre de vitalidad. Ahora mismo lo comprobaré ojo Jaguar. Ahora mismo sabré si mi pensamiento es certero, tercero, final. Te toca a ti, mi amado oJo Jaguar. Te quedarás sin ojos. Ámalos, como yo amo mis recuerdos.
Te beso en la frente y desvanezco entre las piedras del acantilado.

martes, julio 14

Hegonía a Mr. T, C

Sin pensarlo, sin siquiera llevarlo a mi mente la galleta de la fortuna, como en la película que más adoro, me muestra un ojo, viéndome, inútilmente, desde un sitio donde debería estar su cavidad.
Oh diablos, cómo voy a extrañar mis ejercicios. Oh diablos, cómo voy a extrañar mis pasibidades. Anque otras angustias ahora tengo presentes, más cómo es que me encuentro viviendo el presente. Así pasa, mi pequeño torcuato, torolato, imbécil, tarado. Así pasa cuando te vas cuenta de lo que te encuentras haciendo más sólo como un ejercicio de la memoria y no como una más de tus pasiones. Acaso será ese el misterio que supo Santa Teresa. Más por siempre virginal congelada en su capilla, bajo el oculus misterioso lleno de ámbar, con rayos de oro, que todo lo penetran. Así de esa manera, me siento yo, mi querido torolato. Así me siento yo, con bújeros, con agújeros, con huecos, todo penetrado. Más no estoy seguro del agente de mi penetración. Muchos dirán que en un arrobo, más por sincero acto masoquista, me habeís tomado confundido y. Clavaste. La sentencia fue que nunca fue. Así de estúpido suena, más torolato lo único ámbar son tus hermosos ojos, esos que te cuelgan en cuanto veo pasar la bala por entre tu cien. No te espantes, aquí no hay referencialidad directa, es más bien un entrecruzamiento. Así como el que tú y yo vamos a tener. Qué soy, un cerdo asqueroso. No lo veo, amigo, creo. Más bien que los cerdos comiecen perlas, si entiendes tú un poco de mis palabras sabrás a dónde referirte si por sentado te doy en el diccionario, y te apunto con el dedo la palabra revelión. Más en la granja todos somos como pequeños animales, inútiles, pero a la vez cumplimos cierto papelillo que nos hace sentir de tanto modo importantes. Más fíjate, torolato, que torolato andaba un día, así nada más escribiendo, y bueno no lo pudo evitar. Saco la pluma, saco un lápiz, le sacó punta. Punto. Fin. Se sacó los ojos. Más.
Hermosísima musa hermáfrodita que por bien conozco el tesoro que en ti encierras, comienzo a comprender la trayectoria de nuestra trascendencia. Dudo mucho, descendencia, si bien anatómicamente es imposible. A mi hermosa musa en su vientre anido. Yo lo sé, no creas que no me doy cuenta. Y por bien, vez primera ha surgido lo que parece ser un barón rampante que por referecialidad extrema, insisto, ha quedado el pobre, sin lengua. Sin sentido. Pero, ya te lo dije, así son las cosas del destino. Increíble cómo ayer estaba tan sólo hablándote de mi intestino, más dudo mucho, al menos por ahora, que mañana pueda yo decirte lo mismo. Porque justo ahora, el único intestino que encuentro es j. O quizá s, sería más apropiado. Pero bien no creas, tú sabes la verdad, tú. Te sonrío, por mi te besaría en los labios pero no soy lo suficientemente valiente para hacerlo. Y en cuanto pienso en tu rostro, en tu cara y en cada soplo de tu aroma, sabes, más sabes, que en mi hasta las fibras más sensibles se estremecen. Cursilería barata, bisutería. Más por bien servidas las joyas no son siempre perlas nacaradas. Aprende a apreciar lo duro, lo filoso, lo cortante. Yo sé por vez primera que desde el pasado mutilas. No sé bien si lo has hecho, pero estoy seguro. Más eso nunca pasará, conscientemente. Ahora me encuentro trabajando en ello. De hecho en parte, para eso te escribo. Te escribí.
Dudo mucho que la experiencia vuelva, dudo mucho de el mismo hecho de la metódica de mis impresiones. Y ahora bien sé, que por mucho esfuerzo que haga en dudar y dudar, no me queda duda de que es increíble cómo los destinos se bifurcan. Me encuentro más que extrañado de mis vísceras, de cómo puedo tener el intestino, el corazón en una sola mano, y con la otra realizar el corte en mi cara. Y ya que te cuelgan los ojitos, preciosos esos tuyos, entonces comienzas.
No lo sé, como siempre. Pero parece que la intensidad recurre a fórmulas físicas cada vez menos supeditadas a una tercer ley de Newton y en vista de los progresos cualificados de la filosofía de las ciencias, recuerdo una Curie muerta, tan sólo a través de lo único visible, la sustancia. Incréible, superior. Para mi que la sustancia, el líquido de batería que derramaste en mi boca, sabía tan delicioso, tan natural como aquel pobre ser dentro de la copa, que aún estaba vivo cuando degluití. Podríamos haberlo dejado simplemente sin cabeza.
Presiento a los 4 caballeros que me acompañarán, y sin embargo veo una dama que es la que más me hace falta. Que no me comprendes. Que detestas mis impulsos. Lo dudo, cuando ya no tengas cabeza, me dices. Lo que quieras. Lo que quiero es a ti. Amenaza. No por bien sincera se toma la palabra. Más mi nueva hija acaba de nacerme como Atenea sin sexo.
Extrañamiento de las conspiraciones del universo, de la bilis que cada vez me tengo que tragar. Más por aceite, qué importa, tan sólo hagamos margaritas.
Veo tu rostro, tu maldito rostro ajado, ultrajado, y me recuerda tanto a ti. No sé porqué ronda en mi mente la luz cenital en tus pupilas. Y luego. El haz de luz que te parte en dos, que te sacrifica. Más bien por maña he de gritar. Grito, y aviento tu cabeza al suelo.
Dudo. Más por seguro siempre será el destino, que ese ojo que me mira quizá sea el mio que ahora quito con tu cuchara. Tuerto, torolato. Siempre ha sido un estorbo. Veré. Si por sangre han de atropellarme que lo hagan, más comienza la pregunta. Cuánto ácido se requiere para hostigar un corazón abierto. Literal. Irreal. Magnífico.
Así fue como mañana abordé el nuevo sendero. Desconozco la próximas 15 notas de viaje. Pero será un hecho, Tu ojo tuerco siempre faltará en mi lecho, en mi techo y mi pecho y en mi rima nefastuosa, irrisible, suprarrenal.
A quién le importa.
Sin embargo, el hígado, se lo lleva. Un perro. Lo hará de cenar. A sus cachorros.
Estofado. Mmm, qué rico!
Hazme tuyo.
De vísceras.
El ojo rueda a través de la mesa, no te quita la vista de encima. Poco a poco te pierdes en su insistente mirada. Mirada que no cierra (porque no puede) (risas) porque. Inhalación profunda. Acceso a la siguiente dimensión. Sabes de la concavidad. Aún no me respondes. Te doy un golpe, ligero, con amor.
Un paso más, y las alas del ángel te cobijan. Veremos hasta dónde serás capaz de descender a los infiernos.

F.M.
No olvides la postal, torolato.

lunes, julio 13

Bilis, C.

Después de tener los pies inchados voltéas hacia atrás.
Te has dado cuenta de que estás perdido, bajo el sol inverbe. El desierto. La mutitud. La eterna vorágine de ruidos que te parecen tan desconocidos, tan poco familiares. Tus dedos no responden como antes, es normal, te has desacostumbrado. Costumbres que en mañas se vuelven, más cuando la maña se va la mano se alenta. Y después de tus pies, reconoces. Creiste que estabas conociendo cuando en verdad lo que hiciste fue darte cuenta de lo treméndamente tonto que has sido todo este tiempo. Y sin embargo te sientes orgulloso. Es cierto, fue tiempo. Pero qué queda más que el tiempo cuando somos humanos. Cuando fuimos humanos. Cuando toda la vida se vuelve tan sólo una triste cadena hacia la trascendescia. Curioso cómo se parecen las palabras, trascendencia, escencia, inocencia, incongruencia. Todas ellas reunidas ante los mismos lexemas, pero que ante tus labios son incapaces de pintarse de la manera correcta por que tú y tan sólo tú no conoces la existencia en su etapa más pura, más colosa y más mínimalista en cierto aspecto. Es cierto, tan sólo la muerte podrá liberarte de las ataduras. Pero, pregunta, el taxista es mudo. Sí, a tus pies se encuentra el suelo que alguna vez has de besar, has de sentir, has de extrañar. Por que más extraño que las calles y la gente son las cosas que no conoces ya ya extrañas por el simple hecho de que resultan extrañas a tus sentidos. Parece muy simple, a un buen ojo lo único que le queda es ver. Pero cuando es ciego ve más. Esa es la lección que no todos han aprendido. Sácate los ojos. Edipo creyó. Porque más allá de toda esperanza y fe, Yocasta, la cual no era en absoluto connotadamente casta, supo hacer su cuerpo el templo del equilibrio y la esquizofrenia de la razón postmoderna aún en tiempos en que la esfinge parecía razonadamente más mística que un trasvestista deprimido a las puertas del burdel. No. No son sólo las emociones. Sentidos. Y sin el sentido el sentido del sentido se saca los ojos a si mismo. Y puede pisar, puede roer, puede caer de un techo mil cristales y clavársete a ti en tus dulces y misteriosos piecesitos, querida, y ni aún así, ni aún cuando me he preocupado por amputarte hasta el más sincero de tus inútiles deditos, puedes decirme que sabes caminar. Perdido, y cuando volteas el misterioso te sigue persiguiendo. Y cuando volteas inspirador te sigue persiguiendo. Y cuando volteas aquellas palomas aún te sacan los ojos y los insectos siguen dentro de tus entrañas y tus cavidades, y al otro lado de la calle no puedes más que ver un letrero cuya consigna no reconoces. Estoy perdido, dices sinceramente. Decides dejar tu hígado en el pavimento. Un coche corriendo a más de 100 km/seg ha decidido hacerte el sincero favor de aplastarlo hasta reventar todo lo que en él había. Pero sabes qué, ni siquiera te inmutas. No te diré que te lo comas, más no tiene sentido. Alzas tu manita, tu garrita, y por primera vez te das cuenta de algo. Calle. Calla. Y la explosión del ruido. Y lagrimita, lágrima, estima, explota, inutil, inocua. Feliz. Muerta. Lágrima, lagrimita, que saltas, que gritas, que invocas que inmolas, que vuelves tan sola a la beatitud de mi ser. Bendito sea yo, ser de poca luz. Lágrima, revuelta con la sangre del pavimento que tu hígado desprendió. Se fue, con el aire.
-Gracias- Cuánto le debo. Igualmente.
Clap, clap, clap, clac, clac, clac.
Naranja.
Compuerta.
-Bueno, ya voy llegando. Rosa.-
Dios, por qué dije eso, no importa ya llego.
Por qué será que aún no veo ningún muerto. (Recuerdo) Amigo, extraño ver muertos, por favor, vuélvelo a hacer.()
Bien. Sonrisa. Muertos habrá.
5515901294851
Llamando....
¿Bueno?... Malo dirá... (risas grabadas)... bajo el ángel más luminoso de mi vida. Respira hondo.
Un coche, se detiene... Y desparrama su bilis por el suelo, por el sueño, por la lágrima que cae a través del espacio en la grieta del pavimento, una bilis que enciende el motor, que corroe por naturaleza, que es dúctil, volálit, y que viene encajonada, con dos entradas. Una se conecta al cuerpo, la ottra a lo más profundo del alma.
Mientras baja por la escalera de la estación del metro, la creatura combustiona en si misma. La briza, tóxica, contamina el aire, lo vuelve definitivamente ralo, insportable.
Los transeuntes, usuarios, conductores, no se dan cuenta, no sucede nada.
Nada.
La bilis ha contaminado el suelo, es tiempo de la incubación. (risas). Aunque, pensándolo bien, de todas maneras el apocalipsis ya había comenzado.

1 Cubeta con agua caliente y vinagre. Úsese bilis en caso, es buena. Transición.

F.M.