No sabría decirte qué pasó, no opino sobre los muertos.
A veces la ansiedad nos lleva a estados de la conciencia innimaginables, como por ejemplo, ahora, mientras te cuento estas palabras. Ya sé que muchas veces te las he repetido, y tú insistes en saber por qué te hago tantas preguntas. La verdad es que ni yo mismo tengo la respuesta. Lo sé, sabes que te amo tanto que no puedo dejar de pensar que eres casi tan inmaterial. Me lleno la vida pensando en como transitar por un montón de recuerdos. Porque de repente todo se ha revelado, lo que siempre supe al fin salió a la luz. Tú en algún momento te irás. Y qué esperas que haga. Sabes lo mucho que me molesta esta ciudad, lo poco que soporto a los demás. Y aún así te sigo amando. Aún así sigues siendo parte de mi inspiración. Discusiones acaloradas en donde tú no alcanzas a vislumbrar el objetivo, mientras yo te como, mientras te aplico mis jugos gástricos. Confiezo extrañeza en tu rostro. Sabía que lo ibas a reconocer. De repente los momentos se han quedado flotando. No creo que eso sea una señal precisamente mala. De verdad que no te das cuenta de la cosas. De verdad que no te das cuenta. Algún día parece como si nunca ha existido la presencia del pasado. Más allá de todo, creo saber que eres uno de los pocos que me escucha. Uno de los pocos que consuela. Porque en la desgracia me mantengo impasible. Porque nunca había sufrido una desgracia. Deseo de todo corazón. Para estas fechas no me verás más. Y me pregunto ahora cómo será la vida sin ti. Pobre de ti, mi hermoso Conejo que sólo vez en la situación una risible calamidad. Más que una calamidad parece tan capricho el que se esconde en tus orejitas que no eres capaz de darte cuenta en el absurdo que estás callendo. Sí. Yo no estoy inmuscuido en el asunto. Sabes que no eres más que un demonio ni un humano. Soy un animal. Animal que en ocasión de la filosofía del reino se ha dedicado a los placeres de la carne. Considerándolo propio para creaturas como tú, yo me sumo a la vinculación máxima para llegar a la gracia. Pero si tú ahora te niegas a tan sólo los encuentros carnales. Ya lo sé, mi dulce conejo, pero siento que no está ahí lo que busco. A pesar de toda mi suma teologica que defiende el éxtasis más allá de todo juicio de pecado, no puedo pensar en una actividad que extralimite mis emociones. El escudo protector siempre funciona. Como un aura que perméa al cuerpo, el solipsismo llena al ser de su propia esencia. Qué más grande que el individuo pleno ante su propia soledad. Y qué más queda cuando el inviduo muere en si mismo, ¿entonces? No hay nada más allá, Nada. Tan sólo el destino. Destino del presente que se manifiesta quizá más claramente en los sueños. Considero que no es adecuado planear, yo de qué manera conoceré mi futuro. El juego de la vida entre el loco, el diablo y la rueda de la fortuna se barajea sin cesar en las figuras de la vida. Y sin embargo yo puedo decir lo que quiero. Así es. Es. Sin. Embargo. Porque al embargar el alma de penas, de culpas y de necesidades, las ansiedades se vuelven realidades. Parece que más allá de todo el arquitecto sigue nuetras propias indicaciones. Es como continuar un camino con rutas marcadas, e inclusive a veces salirme un poco del camino. Conejito, lo que pasa es que tú todo lo ves como ya hecho, ya escrito. Si la vida fuera sólo eso entonces creeríamos en tan sólo lo ya dicho, lo ya hecho. Y ahora resulta que no lo hacemos. Parece que sí. Apariencia. Materialidad. Ahí encuentras tu verdadero reto. No hay nada más que vivir la vida, se acabó. Fin.
Las risas llenan todo el cuarto, conejo ha decidido partir hacia otra habitación está bastante agotado y de mal humor por la conversación. Mientras tanto, a los ojos del público atento a las reacciones de Yo, mi y el narrador, un sujeto dentro del público se levanta.
Más allá, dentro del árido desierto del reino de corazones, se encuentra la dulce niña Alicia, que bien se encuentra un poco perdida del teatro de las ilusiones. -Disculpe- dice Alicia a un hombre que se encuentra parado en medio del camino. El hombre no se inmuta. -Disculpe, ¿me podría decir hacia dónde queda mi destino?-. El hombre parado saca de su bolsillo izquierdo un reloj. -Mi querida niña, eso es más que obvio- estronuda. - Todos saben que el destino de Alicia se encuentra más allá del Hades. Si bien sigues tus insitintos sabrás en dónde tienes que comenzar a morir.- Alicia con espanto en el rostro, y sin poder hablar debido a que no sabe cómo quitárselo se tira al suelo. Una vez pecho tierra, comienza a golpear su cara contra el suelo, hasta que el espanto se va. Se limpia la tierra del vestido azúl satín. - Querido Sr. mi madre me ha dicho que mi volubilidad y mi falta de entrega me han de llevar al abismo, pero hay tantos en este recóndito valle que no sé por cuál debo caer. Bien ud sabe que las leyes de la lógica me prohíben volver a subir.- El hombre, voltéa hacia un lado, voltéa hacia el otro y baja el rostro rápidamente hasta quedar frente al rostro de Alicia. - Niña. Las leyes no importan en el mundo de los cerdos. El perro te podrá tratar de engañar, pero tu austucia debe ser mayor. Tírate del precipicio, aunque la ley parezca inquebrantable. Yo soy el que ayer caía por uno de ellos, y mira ahora. Misteriosamente a lo largo del viaje he podido volver a subir. O quizá fue que nunca dejé de bajar. El fondo no existe. Sólo piensa en que tendrás que recorren un trayecto.- Alicia estaba confundida. El hombre, no tenía boca, por la cual hablar.
Parece que la hemos asustado un poco. Pues de qué manera se puede hablar sin hablar con lo mismo. No lo mismo pues cada uno habla su lenguaje. Artificiosa es sólo el instrumento y verdadera la manera de hacerlo. El hombre sentado en la silla ubicada justo en medio del escenario se levanta. Da tres pasos. Se quita la venda con la mano derecha, con la mano izquierda hace la señal de la cruz. Más porque Dios me ha arrojado al mundo con tan sólo dos manos. La venda cae al suelo. Una gran cicratruz surca la cara del individuo. Es un individuo. ¿Acaso será posible seguir hablando de que lo sea, aún ahora que está muerto? No lo sé Afregia, no me consta que esté muerto. Pero Dr. Anlosa, ud es el que se dedica a hacer las autopsias. Yo mismo le practique la cirugía reconstructiva. Los dos personajes estallan en carcajadas. Las luces del auditorio se apagan. Se centra una luz cenitalmente sobre el Dr., Afregia y el cuerpo-individuo. Srita. guardando todo el poco respeto que me merece un cadáver, no sabría decirte qué pasó, no opino sobre los muertos. Afregia sonríe directamente hacia la cámara 1. Se oyen risan pregrabadas. Se oyen risas pregrabadas.
F.M.
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