Y después de todo alguien de entre el público se levanta. Mira directamente hacia el escenario y dice que comprará toda la obra, que han de llevársela a la reina de corazones. No existe dentro del reino mejor obra que aquella, no existe nada que pueda halagar más a la reina.
De entre las sombras un cadáver responde: ¿acaso crees? Ni uno solo de tus infantiles hermanos puede compararse con la grandeza del reino de los infiernos. Así es esto, por mi hermano el barquero, que nunca podrás pasar más allá de donde tu nublada vista te deja percibir. Cada uno de tus sentidos será arrancado de ti, hasta después de la vida, la muerte.
Un asiento que se remueve. Un personaje cae al hoyo negro, al vacío del infinito. Ahí se encuentra nuestro amigo Virgilio.
Una pequeña exalación del reino de los muertos. Ríe. Entre azufres se consume. Acaso crees. Nunca debes creer nada por supuesto. La creencia mata el espíritu, mi buen amigo. Y si te dijera que más bien estoy tras de tu nuca, esperando a que respires una vez más, para liquidarte.
Gritarías entonces o seguirías tratando.
¿Engaño?
No resbales con el lodo.
F.M.
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