Y a través de todo camino, a través de todo sendero, tiene que existir la contemplación. Si no, el camino lo habrás recorrido en vano. Será inútil tu esfuerzo.
Los demonios no son ciegos, a pesar de que en tortura les saquen los ojos.
Cómo mirar. Cómo enfrentar aquella penetrarte y sin fin mirada que me poseía. Que se volvía una. Que, maligna, regaba su influencia por mis músculos. A pesar de todo nadie lo cree, a pesar de nada todos lo saben. Porque inclusive a veces acontece, que durante el sueño, durante el más sagrado tiempo de reposo, llegan las miradas. Las malditas miradas que corrompen. Vigilia constante de los lamentos. Más no siempre de pesares. Invocación por vez segunda de los altos poderes, de la suma divinida, más de cabeza se encontraba. Aún Fabián no sabe, si puede decir que vio un demonio o no. Creé que quizá sí, porque recuerda que él mismo le dijo su nombre. Cuando se metió entre sus sábanas. Cuando acarició su pecho. Cuando deslizo sus escamas por entre su sexo. Curiosa, instigadora mirada de siempre. Actitud pacífica sin embargo. Cómo tenerle miedo al demonio, si ya lo había visto antes. Al menos eso creé. Al menos eso está creyendo al momento de despertar. Cuando inequívocamente sabe. Sabe de la pasión que creció entre sus piernas. Más aún extraña conmoción. De ruido en el silencio.
No precisaría correctamente el punto en sueño en que llegó. Simplemente fue una oleada. Caliente. Del ambiente, que se coló por entre la ventana. Más aún no sé si fue la ventana, o se encontraba ya en el aire. La respiración entrecortada. La sustancia regada en el cerebro. Se encontraba en el jardín del paraíso. Deambulando como siempre entre las cuatro paredes que parecían más grandes en la negrura. Cuando ninguna pared es suficientemente amplia como para no cruzarla. Cuando inclusive se juega. La mente poderosa. La demente ausencia del tiempo. El tiempo del increíble arrobo de emotividad. Así tus ojos se cruzan, se entretienen. Se dejan ver más sólo cerrados. Más sólo visibles, porque no los puedes ver. Voltéas a tu alrededor. No hay nadie. Quietud. Alas negras extendidas en las alas del águila. De nuevo la visión, más ahora sigue teniendo cara, sigue teniendo cuerpo, sigue teniendo rostro. Y detectas la insignia de la verdad. Un desliz por entre la tela. Una pequeña perturbación en la fibra que tus ojos ven. Y a pesar de todo no ves nada porque está obscuro. Comienzas a hacer preguntas, juegas a la ouija, crees. Confías en la presencia, de quién ha llegado a tu lecho. Inclusive se aproxima el beso. Sentimental. Confección de tela no hecha para la materia inmaterial. Pero la materialidad no es forzosa condición de existencia. Así que no quiere levantar la sábana. Más la ouija se apodera de tu ser. Y ahora tu mano actúa como el indicador de verdad. Cómo aquello que te lleva hasta la locura. 2. Dos son los que se encuentran. Y sin embargo te toca a ti, ya que no le conoces el sexo. Tu has de ser receptáculo de pasión, de verdad. El secreto estará contigo. Misión. 3 misionero que actúa en favor de la virilidad. Que se vuelva en un hombre que tiene colmillos. Que es bífido, que su piel raspa. Que a pesar de todo entiendes su código. Lo entiendes pero no lo oyes. Sabes que las pertubaciones se dirigen a ti. Saber. Poder interpretar la sensacion que te absorve. Se vuelca sobre de ti, comienza a meterse en tus adentros. No seas ingenuo. Es obvio. Sabes que siempre he estado contigo. Que nunca me has atendido. Debajo de tu pelvis por siempre he vivido. Dulce creatura has el amor conmigo. Suaeve. Sutil. Preocupación hacia el daño. Tan sólo la cadera se bambolea. Es ella. Ella que en 3 vive. Aunque ella instinto de dos no reconoce. El 6 a pesar de todo considera su vocación, más producto de su ambivalencia resulta. No importa, contigo ha decidido. Te viola. Y parece tentación. Parece que la represión no actúa en ti. Te dejas, te acaricia. Se cuela, hace cosquillas. Te quiere. Besar. Una boca que termina al lado de la cama. Negación. A pesar de todo. A pesar de todo lo que quieres no. No puede ser de esa manera. Pero ya está en tu cama. Cómo sacarla si ni siquiera te diste cuenta cuándo la invitaste. La kundalini trata más en el engaño falla. Y sin embargo los oidos se abren ante la revelación. No. Negación. Escucha atenta ante los designios del destino. Revelador. Declinación. Los patrones que marca el libro de los muertos no pueden ser siempre ciertos. Qué. Thanatos te ha besado. Ahora eres suyo. Más ninguno cambia. Te han hecho el amor. Y en la violencia logras convencer. Revelador. La vorágine es imposible de detener. Por qué la verdad duele. Más no es por dilatación, que en ese espacio no existe. Vulgarización constante de la imcomprensión del contacto. Y así fue. Deseo que corre en cada vena de la materia. Más fue mejor. Absoluto. Comprensión verdadera que evocó antes el corazón de la manzana. Pero bien no pretendía. Quizá te vuelva a visitar, Fabián. Quizá vuelva en las alas negras que has visto. Más ninguna pluma. Ni un sólo rastro. Peligrosa evocación. Fulminante. Curiosa consecuencia de... ironía. Qué mejor visita, Asesino. Bendito reloj que te derrites. Memoria. Así se nos va el alma. Así lo he decidido. Así.
Líquidos recuerdo en los influjos de mis pasiones. Más no líquidos materiales. Ahora no se completa la frase. Pequeño abismo en el orden. Más interesante comienzo. Hacer por no hacer. Sentir por no sentir. Pasión. Respiración. Observa sus ojos. Tus caricias. Vista noctura. Que bifurca. De la torre te has caído. No importa, tendrás también que jalar el carruaje. Mata al instinto. Clávale la espalda. De todas las maneras. Bebe de la copa de oro. Pronuncia el nombre.
Más se cauteloso. No cometas pecado. Oportuno. Misterioso. Angustia prometida, más con cara de Obscuridad.
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