martes, enero 13

Teatro del anfiteatro - C.

Una nueva virgen ha caído en el calabozo. Una nueva agregada a esta hermosísima sala, dedicada a la contemplación absoluta. Pasa, siéntate, aquí tendrás un trato especial. ¿Qué dices? No, para nada, esto va por cuenta de la casa. Nos enorgullece mucho que te encuentres así de cómoda. Las instalaciones han sido pensadas plenamente para ti. Eres ahora nuestra invitada estrella. Por favor, tú, anuncia... El espectáculo tiene que comenzar. Todos, a sus puestos.
Detrás de la carpa ha llegado. A este santo lugar de consolación de los mortales. Aquí, donde cada niño, adulto, animal, viene a olvidar pena y satisfacción alguna. ¿Acaso no lo crees? No crees posible un lugar mágico, especial. Donde cada uno de nosotros pueda ser tan sólo él mismo, tan sólo uno mismo de muchos, de todos. Pasa, diviértete.
Aquí todo el mundo es bienvenido, aquí todos son bienvenidos al lugar del ensueño. El lugar al que muy pocos pueden olvidar una vez que han llegado a él. Transportador a una dimensión eterea. Desconocida. Tan fascinante. Donde nadie más que tú puede vivir la experiencia. Donde cada músculo de tu cuerpo vibra con la música. Donde el vaivén que mece tu cabello te hace sentir incomensurable la sensibilidad de la carne. Ese ardor que tienes en las entrañas. Esa llama del corazón que ruega. Que ruge. Que te quema. Fascinante, inaudíto. Todo aquello que el hombre ha siempre querido, ha siempre deseado. Hasta ahora prohibido para ti, vuelto hacia el ocultamiento máximo. Que más grande pasión que la que se vive a través de la carne, a través del deseo. Infinita la dicha de aquel que puede ver realizadas en carne viva los sucios juegos que le da su mente, que tiene dentro de su cuerpo. Bienvenido al mundo de las pasiones humanas, al fruto prohibido. Felicidades, te lo has ganado, todito, todititito para ti. Yo te lo doy. No necesito tu gratitud, ahora es todo tuyo. Lanzada la sentencia.

El payaso envidia al mimo, por su sonrisa, por su felicidad.

Felicidad que siempre traé la constancia de la memoria. Memoria que conlleva en los recuerdos sedimentos del pasado. Pasado tapizado de huellas. Huellas que dejan rastro de la época, de los momentos. Momentos de la vida, momentos cada vez más limitados hacia la muerte. Muerte la que espera paciente, atenta, mordaz. Mordaz las ganas de vivir, mordaz las ganas de no soportar un minuto más de esta inauténtica necedad. Necedad que no controla, que no permite respirar al corazón. Corazón que gotea, que palpita, en la palma de mi mano. Mano mia llena de huellas, de recuerdos. Recuerdos incisivos, recuerdos incidiosos, lacerantes. Lacerantes. Una por aquí, otra por allá. Cedantes. Necesarios.
No pretendo que te agites, no pretendo que vallas más allá de lo necesario. Mira niña que yo te quiero, te quiero como a nadie. Nadie más tendrá el goce de mis manos sobre su cuerpo. Has entrado por voluntad propia ¿Por qué pones esa cara? ¿Acaso la enfermera te ha hecho daño? Y ahora una lágrima por tu mejilla. Niña, ¡estoy más que emocionado! lo estás comenzando a vivir, lo estás comenzando a sentir. Deja pase un poco el sedante por tus nervios. Así no te ganarán las ansias de huir de tu público, que te aclama, que te aplaude, que te invita a la pista. No, niña, no. No necesitas atuendos caros, nada suntuoso. Ve, nada más que bonita estás así. La piel de una diosa, la piel de una devota de su cuerpo, que se dedica a él. Eres una mujer admirable chiquilla. Tus ojos delatan que ya estás preparada. Escúchalos, escúchalos así como me escuchas a mí. En tu mente. Existo, no creas que no, de verdad estoy aquí. Siempre he estado a tu lado mi dulce niña. Acaso no has sentido cómo el mimo te abraza por las noches y te da un beso suave en tu espalda. O no has sentido mis caricias en el verano, cuando vas a esa casa que tanto te gusta, sí donde eres libre y vives tu libertad disfrutando de las bondades de todo tu cuerpo. Es tiempo de salir mi niña, date prisa. Tu público te aclama. Óyelos, escúchalos. Ruega por ella. Escucha cada uno de sus gritos. Ruega por ella. Escuchalos aclamar tu nombre. Ruega por ella. Niña de piedad. Niña de bondad. Niña de verdad. Niña siempre virgen. Como en un principio hoy y siempre, por los siglos de los siglos. Así sea.
La silueta de las caderas se va haciendo cada vez más fuerte a medida que avanza hacia aquella deslumbrante vista. Qué será. Un paso en falso. No importa. Algo te acaba de invadir. Algo está en tu cuerpo. Quieres seguir la luz. Pero no entiéndes de que manera te estás volviendo ligera, sencilla... feliz. Ves en la negrura que te acompaña lo más hermoso del universo. Sientes la tierra y el cielo a tus pies. En tus manos. Vives la pasión en los músculos, más es algo relajado. Algo excitado. Te excita a morir esa luz que tienes frente. Sientes el calor de la negrura. Y a pesar de todo en su abrazo no hayas la total seducción. Habías tenido frío hace un momento, por qué. De que manera saliste. De dónde. Ahí viene. Ahí viene el mil veces solicitado.
Aplausos al rededor de toda la sala. La tela se mueve un poco. Aplausos. Siguen los aplausos. La música de inciación viene. Viene llegando, entrado, haciendo su presentación triunfal. Gritan. Aclaman. El calor de la sala es infernal. El sudor en tu sexo es iniaginable. Inigualables. Especial. No te sientes sucia, más te sientes liberada. Llagas. Libertad de las amarras.
A lo lejos, abre el telón. Sube la escalera. Da un paso atrás. Se lleva la mano a la boca. Enciende un cigarrillo. Una mano en el sexo. Apaga el cigarrillo en él. Vuelca el eenicero. Se ha dado media vuelta. La toma por el hombro. Beso. Ligero. Al aire. Fantasmal. La luz llena cada cavidad de su cuerpo, de su mente. Ahora junto al mimo es feliz, se siente tranquila. Oye los aplausos de la gente. Se siente inmensamente feliz. Aquella blanca cara de rostro. Tranquilo. Feliz. Ilusionado. Mano con Mano. Mejilla con mejilla. Parece que no se despinta. Parece un blanco natural. Como si de verdad se encontrara. Incrustado. Llaga. Los ojos azules recorren con asombro la sala. Los aplausos son inauditos. Son... son... Ahí.
Círculo sobre de ti. Música de fondo. Emoción. Algarabía. Éxtasis. No encuentras la mano. Prestidigitación. Tentación de voltear. No voltees. Tentación de sentir. No lo hagas. Tentación de los labios. Tentación en el espacio. De su mano. Caricias. En la piel. Un deseo más que oculto se esconde. Secreto. Un instinto que ninguno podría conocer. Rápida respiración. Más allá de todo bien y mal. En el cuello. Más allá de toda tentación. En el sexo. Más allá de todo. Voltéas. En susurro... SobreVivencia.
Un leve silbido corta el aire. Lo parte en dos lo divide. Es tan sútil, tan inmensamente seductor. Es brillante, hermoso, resplandeciente. Tan fínamente trabajado. Tan largo, duro, sensual. Tus manos se llenan de carmesí al tocarlo.
Sable. Gotas caén. Sable. Ojos dilatados. Sable. Escalofrío. Sable.
Atravesado en las entrañas.
Tocas tu espalda. Ha sido un corte limpio. Profundo. No tiene mango, por ninguno de sus dos lados visibles.
Es hora de comenzar el espectáculo... mi dulce asistente. Primer acto. De tripas corazón enamorado.
El mimo sin mover la boca, ha hablado.

F.M.

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