martes, octubre 7

Acercándose C

Mi nombre es Fabián Montenegro. Me encuentro en un dilema... no sé si soy un personaje de la realidad, o es meramente que de verdad existo y me quiero negar a aceptar mi existencia. Algunas personas dicen que estoy muerto, otras dicen conocerme y tratarme a diario, algunas más ni siquiera voltean a verme... el hecho es, estoy aquí, escribiendo, tomando estas notas que me permitan llegar a comprender un día el por qué tuve la necesidad de escribirlas. En verdad, no sé por qué escribo, sólo sé que tengo una necesidad. Necesidad de explicar que amo mi nombre, mi apellido. Necesidad de explicar que soy un asesino, asesino serial mismo, de cuerpo, de mente, de todo lo que habita en. Asesino de cada uno de los deseos que transitan por cada una de las terminales nerviosas, asesino de una sustancia ausente que me hace pensar que de verdad tienen razón cuando dicen de la muerte. Asesino porque dejé mi cuerpo hace algún tiempo, lo maté, lo tiré a la basura y quedé así, cual soy, asesino. Fabián Montenegro no habita en esa repugnante que le habían otorgado, no encontraba sentido ante tal o cual circunstancial tangible. Fabián es libre, o al menos eso intenta. Sólo tiene la conciencia, sólo tiene la conciencia de su propia condición, de su propia esencialidad asesina. Lanzada la primera sentencia...

Odio a las putas buenas... como su real imagen proyectada en el espejo.
Las odio en verdad, me carcomen, me corroen las entrañas. Carcomen cada uno de mis deseos de compasión, cada uno de mis más ínfimos arrepentimientos. Entrañas del monstruo, entrañas del sistema. Ínfimos anhelos de creer en que lo imposible aún existe. Arrepentimientos sobre las cosas de la conciencia cotidiana. Monstruos que habitan junto a mi, en mi cama. Surran el nombre de mi próxima víctima, anuncian la venida del nuevo día, del nuevo deber. Cantan ante la ventana de mi cuarto, cantan a mi cuerpo, alaban la brillantez del pasto húmeno entre los vientos de la mañana. Sistema de monstruos alados que se congregan y visitan a sus víctimas. Recetan medicinas que alegran los corazones, recetan sentencias que les hacen perder sus razones. Me carcomen los anhelos de ser puta, de ser puta sin dueño, puta sin monstruo, pero no puedo. Las imágenes dominan mi acciones, las vuelcan en el paraíso de lo infito. Las llevan al espejo de las emociones descorazonadas, las vuelcan en entrañas que existen imposibles susurrar entre las ínfimas víctimas. Las odio, las oigo, las odio, las imagino. Las veo a diario y no me quedan más que anhelos de carcomerlas, de corroerlas.
La acera, la puta, la acerca, el cuchillo, carcomen, los monstruos, la acera, conciencia, arrancan, entrañas, cuerpo. El espejo ha dejado de proyectar su real imagen. Monstruos en la acerca carcomen las entrañas, brillantez que canta en la ínfima sentencia de la mañana.
Ahora quiero un café, me carcomen las entrañas.
_F.M. Asesino Serial_

1 comentario:

DavidOchoaD dijo...

Valgame, por los clavos de cristo.

Al leer letra por letra sentí que casi se me salía el Diu, afortunadamente de un senton se volvio a meters.

me agrado bastante el concepto como ya te decía, siento que será interesante ir leyendo poco a poco lo que tenga que informarnos el bueno Fabian.

Saludos!