jueves, octubre 16

Líquido C.

Encuentro en lo inmediato un vacío, una triste soledad que me invade, que me embriaga. Por qué será que todo lo que hago no basta, por qué será que a cada paso de mi existencia, a cada marcar del reloj, todo se vuelve efímero, insignificante. Esfuerzo mis pensamientos en centrar atención en lo importante, buscó lo benéfico, lo sustancial. No encuentro conceptos, ideas que me permitan hilar los objetivos de la existencia,de la vida, del mismo ser. No encuentro la razón de vivir, no encuentro la razón de existir. Cada instante se escapa de las manos, se vuelve líquido. Líquido como el hielo que se derrite entre mis dedos. Así es... ese líquido lastimero. Doy un vistazo al celular... 5 minutos... nada... 10 minutos... aún nada... 30 minutos... aún nada... demonios, qué pasa?!... por qué no llamas, por qué no levantas la maldita bocina y decides marcarme... esque no me necesitas, es que no necesitar oír mi voz... es que no comprendes que me muero por tener tan sólo un soplo de tus labios, tan sólo un aliento, un gemido que me haga interpretar el dolor de mi realidad como algo existente, como algo real, como algo manifiesto. Manifiéstate! muéstrate ante mí! vuélvete materia! vuélvete tiempo aunque sea dentro de mi cabeza. Por qué no estás, dónde estás, por dónde vas?, dime más, vuelve atrás, no me dejes jamás... nunca estás, estás, finges, morir, el corazón muere, líquido. Lanzada la sentencia.

Ingrabidos versos apocalípticos se escapan líquidos ante la locura de mis anhelos.

Malditos versos que salen de mi memoria, de mi mente. Malditos sean todos aquellos dirigidos a ti, a tu existencia, a tu manera de ser. Maldita tu manera de tratarme, ingrábida concepción del alma. Versos que vuelan porque tienen alas. Alas muertas, deshechas, putrefactas. Deshechas vivencias del apocalípsis. Apocalípsis de mis recuerdos fríos. Fríos líquidos que corren por el cuerpo. Cuerpo que grita tu nombre, que busca encontrar un poco de tu sustancia. Sustancia que vierten mis anhelos, anhelos desesperados, desamparados, desconsolados. Muertos. Muertos ellos ante la sorpresa de la nada, ante la sopresa de que no existe nada más de ellos, muertos ante su propia locura, su propio deseo. Liquidez que se ve a cada paso por donde camino. Camino empedrado, sombrío. Empedrado corazón que ya no siente, que se casa con mi mente. Aquellos tratos desalmados vuelan. Vuelan en mi mente. Alas, cuerpos, sustancias. Todas esparcidas. Todas muertas. Todas llenas de formól en frascos, todas esparcidas por el suelo. Todas ellas frescas, aún nauseabundas, aún tan reales, aún tan muertas. Todas ellas manchadas de un carmesí intenso, de un color que conocieron en el pasado, del que seguramente pueden hablar. Carmesí de sustancias viscosas, olorosas, ahora escasas. Carmesí... carmesí... ahnelo tu tono, tu contraste, tu brillantez... 10, 30, 99 minutos más de no carmesí... carmesí líquido... carmesí caliente, carmesí frío... carmesí, púrpura, malva, morado, negro. Extraño los colores. Extraño el frío, amigo silencioso... Corto un pedazo de carne... carmesí... todo vuelve, carmesí... amigo, carmesí. Mañana volverás a mi lado.
F.M.

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