Paseando por la calles inóspitas de esta extraña ciudad, me encuento con habitantes aún más raros aún más deformes. Parece que aquí las cosas no tienen del todo sentido, carecen del todo de una forma normal, de algo humano que nos haga compatibles. En tanto que la paz reina la tierra, el aire se encuentra viciado de un frío murmurante, un frío que anuncía consigo el humor de los habitantes, sus penas, sus calamidades. Parece cotidiano, parece ordinario. Sim embargo resulta incomprensible a ojos recién llegados. Parece aletargado, más bien es cauteloso. Se encuentra un poco confundido. Mira a su pareja, no sabe del todo qué pensar. Le menciona que ha pasado por aquí antes, y aún así encuentra menos familiar el sitio. Lo que más le aterra es pensar en que le llama la atención por lo mismo que lo aleja. Por lo siniestro, lo morboso, lo perverso. Porque sus ojos no entienden las pulsaciones de su corazón. Porque ese frío embabucador lo azota, lo castiga, lo besa. Corre aún, antes que te quedes petrificado. El verde de la luz, en la luz de la inhumano.

F. M.
No hay comentarios:
Publicar un comentario