En Silencio, la soledad es suave, te seduce te redodea. Te toma por la espalda y te besa, te toca.
Primera pregunta, ¿dónde estás? No tiene sentido.
Segunda pregunta, ¿más allá? Por si nunca supiste que estuviste acá.
La voz, la voz dentro que es lo único que te recuerda, de tu sentimiento, soledad, la soledad. Y su dulzura. Que te embarga hasta el sueño de una existencia que pregunta por la necesaria condición de una existencia más allá de lo que crees conocer. Y sin embargo las palabras no te alcanzan para describir todo lo que puedes sentir debajo de la tierra, todo su susurro, todo lo vivo, todo lo enterrado.
A cada movimiento de la danza de la aguja el tuyo se vuelve lento. Como si el compás fuese más allá que un simple mecanismo de la dulzura que te ha empalagado el tiempo. Y por un instante te sientes liberado porque después de tanto no habías podido realizar un ejercicio, no habías podido respirar. Y te preguntas si en algún momento has necesitado hacerlo, más por siempre se ha encontrado aquí, justo aquí dónde te encuentras, dónde te encuentras? Y tienes que rebobinas. No comienza. Una vez más pones la maquinaria en marcha.
Y de nuevo comienza el pensamiento, muevo. Muevo hacia el fondo de lo que algún día necesitaba saber que era lo necesario, y sin embargo ahora justo, justo ahora aparecen los fantasmas que han hecho que todo esto llegase a tu mente, en principio. Más no sabes si es la mente lo único que se puede encontrar más allá de toda respuesta posible, más tú sabes que es la única que te puedes formular. Qué maldición esconde este nombre, sagrado, que se ha convertido en la fuente del divertimento de tu espíritu, endemoniado. Y sin embargo, te encuentras no frente a él, sino cogido por las entrañas, desde siempre. Y sientes el balanceo, sientes el dolor de cada una de las notas en tus dedos. Y te arrepientes. Y te preguntas si el mundo respira, en este momento como lo haces tú, desde aquí, desde este mecanismo que se convierte hacia ti y te hace escribir estas palabras que por más te enseñan que jamás has dejado atrás lo que eres. La soledad es tan dulce, dulce. Como la miel que poco a poco se esparce en el suelo, en el agua y se disuelve. Y cuál es la analogía certera de la continuación, cuando lo único cierto es que tu mente no puede recordar con exactitud ni cómo llegó aquí. Primer ejercicio para hilar la idea, que habrás olvidado después de la primera pregunta. Y por qué todo tiene que encontrarse tan obscuro. Por que la palabra es el único cáliz que te ayudará. Para jamás salir. Porque sin el ejercicio de la memoria, sin el ejercicio del dedo que juega jamás perderás lo que verdaderamente encuentras, pero que se encuentra muy muy adentro, durmiente. Y a cada palabra que viene a tu pensamiento equivale otra en acción, o será que sólo por la acción te encuentras condenado al eterno tintineo de eso que sientes que debes hacer.
Y tan sólo un pensamiento te lleva hacia una nueva faceta del pensamiento, hacia una nueva dimensión. Y Quizá ya no puedas hacerlo como antes ya que no existe un punto por el cual la inflexión hacia la tortura sea necesaria. Pero qué motivo tendría de existir. Muy sencillo, sin él no existe la inmersión. En tanto la afección por la soledad, entonces, la soledad es dulce porque permite la invensión en un mundo alterno, más no garantiza el viaje hacia la contemplación plena de la escena. Pareciera más sencillo entonces hacerla desde el punto, que habías ya señalado, pero bien, ya no se encuentra, en aquel estado. Punto. El siguiente trabajo lo sabes bien. Consiste en una segunda inmersión, en la verdadera inmersión de la idea más allá del pensamiento, que te hará sufrir, la verdadera.
Y entonces, respiras.
Y te das cuenta. El mimo, la princesa, la enfermera, el doctor, Fabián, tú mismo, tu demonio, el jocker, el teatro… y voltéas.
Aplausos.
Pero aún no acaba la obra. Por sólo ahora sabes que acaba de empezar.
Te encuentras en un negro total. Y la caja sobre tu cabeza, sobre tu cara, sobre tu respiración. Risas. Algo la golpea, te lleva deprisa y te azota. Pero te encuentras tranquilo. Sonido de sierra.
La función jamás había empezado.
Hasta ahora.
F.M.
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