Tan sólo eso basta para desencadenar una historia, para empezar a narrar, uno a uno los hechos. Pero cómo saber de dónde comenzar. La historia comienza antes, la historia es de ahora, la historia es de siempre. Jamás se puede decir de un momento, por que en parte el momento jamás existió. Qué tal sí? Qué tal? y qué pasa cuando ya no existe. Qué pasa cuando la duda por si misma deja de existir y sale a resurgir aquella voz que te habla y que te confunde por que no sabes de quién es. De aquel trío interminable entre las sombras, te confunde. Te adhiere, pero no te distingue. Éste es tu mundo. Volteas. Alguien te acaba de hablar, te toca el hombre. Cara de duda. Éste es mi mundo. Mudo.
Escuchas...
Sin embargo, no respondes. Mudo. Ante la situación de los acontecimientos. Mudo ante el teatro de las sombras, mudo ante todas las manos que se levantan. Mudo ante aquella. Te señala. Una uña. Una garra. Por la daga. Te limita. Y tu boca por siempre se abre al alarido momentáneo de la existencia. Fugaz. Parsimoniosa. Interminable. Más por los hilos de tu boca. Volteas al techo. Entrecortado. Y te preguntas por el apagador. Preguntas.
Se enciende la luz. El cenital brilla en tu rostro. Por que lo deforma. Y de nuevo, el espejo. Y de nuevo el mimo. Y de nuevo toda la luz. Y de nuevo las risas. Y de nuevo las sombras. Y una garra, señala. No estás seguro en qué parte del escenario te encuentras. Sólo sabes, que alguna historia debió de comenzar. Y volteas y miras. Las flores. Las bellas flores. Con sangre.
Volteas de nuevo. El aire te da en la cara.
Comienzas a caminar. Aunque tus pies se encuentran en el fin de la cama. En el inicio de tus recuerdos.
Sin sueño.
Aplausos. Y un jarrón. Rojo.
F.M.

No hay comentarios:
Publicar un comentario