viernes, mayo 18

Ese redondo cristal, ese peculiar crujido

Esta noche he de hacer una aclaración, he de corregir el rumbo de algunos de los sentidos. He de declararme a mí mismo en guerra, sí, intolerante ante aquello que se presentó de frente, al otro lado de lo que yo creía ya haber conocido. Esta noche he caído en cuenta que la noche es más larga que cada uno de mis sentidos. Que seguramente de seguir así, por el camino que algunos ya habían construido "definido" acabaría cayendo en el engaño, acabaría envistíendome aquello de lo que toda mi vida me había protegido. Y ahora, lo vi. En ese momento en el espejo, en el espacio donde la luz fue privada de sentido, comprendí mi conmoción, mi búsqueda de alegría. Comprendí que la lógica en terrenos de razón es lo que menos tiene sentido.
Todas estas palabras dispares, parecen, analogías, en sentido de unas ollas de vapor, patatas que se queman en el olvido. No es cierto, no juegues con mi retórica, no hay más que un sólo sentido. Te presentas a lo lejos, viejo amigo, cuando has encontrado tu camino, reprimido. Murakami siempre lo supo, en tu País de Maravillas todo está más restringido.
Pese a todo agradezco la oportunidad, y comprendo lo que he vivido. Por un instante enfrenté la muerte, por un instante fui tanto sólo un grano de universo que se deslizaba por le reloj de arena, que en tus manos giraba de sentido.
El sentido.
La inteligencia no es la razón, radica únicamente en la destrucción, del sentido. Mal que permea nuestro mundo contemporáneo, amigo, la cúspide, la búsqueda, la falta de motivos para dejar atrás lo que tiene que ir en el olvido. No estoy de acuerdo, me niego, tecleo más fuerte. No, te digo en la cara, y te escupo ante verte vivo. No serás jamás de mi inteligencia, no está permitido, en mi universo, un único Dios sin su mortal antídoto, anti divino.
Lo sé, es en la re presentación del sujeto, como yo, como un otro, en la manera en cómo veo mis reflejos, en que se sanea el discurso del sentido. La presentación, no sólo ante ellos, ante mí, de lo que en el fondo te ha conducido por este camino. No te preocupes, te manipulo, te tengo como un puñado de uvas de cultivo. Te exprimo para sacarte jugo, volverás a crecer. Sé, que en mi jardín no crecen uvas, crecen racimos que hacen buen vino. Me abstraigo, analizo, me observo. Desde aquel día que te vi, es que siempre has estado conmigo. Cancelado. Violado. Has sido siempre mi mejor amigo. Cógeme, cógeme cuando te grité en silencio, cuando te encerré en el armario con aquel niño. Cógeme cuando fuiste a la feria, cógeme en el baño de aquel parque en donde vivo. Cógeme en el viaje, en el susurro, en el olvido. Y tú, tan obediente, te encanta jugar. Hay Fabián, mi amante, ambos sabemos que nunca me darás cruz de olvido. Al abstraerme, analizarme, observarme, mis males y virtudes, las enfrento a mi identidad, a mi verdadero yo, las cancelo violentadas. Me niego, ahora, a detestarte. Experimento, sólo conmigo. Tú eres el que ya está definido, y por ahora, como inconstante, te volviste hasta a veces reprimido. No Fabián, así no juegan los amigos. Tú eres mi amante, y te ordeno, no te pido, que te vayas a la chingada, hijo de puta, malnacido. Y sonríes. Peculiar historia.
Es en el propio espejo donde no estoy yo, y sólo a través de la consciencia, la locura, se llega a encontrar ante el punto decisivo de su propia realidad. No me importa nadie, más que nosotros, mi gran amigo. Ojos de tigre, siempre lo supiste, incondicional, querías ser su amigo. Puto. Te va a cargar la chingada por tu pinche niño, mimado. Y hasta eso siempre fuiste coherente, cobarde. Ya no te amo. No te amo, mi niño.
Ahora en peculiar alcance, Alicia,, vuelve una a una las piezas de un tablero, de piel de armiño. Crocante. Qué alivio. Una regresión a épocas distantes, más sanas, escabrosas. Donde jugábamos de demonios a ser niños. Amantes.

Se levanta el telón. Siempre estuvo levantado. Procenio. El mimo, los amantes. Aplausos en el teatro, público vacío. Corrección. Soy yo. Te aplaudo. Te amo. Y solas las flores, rojas como la sangre, comienzan a caer hacia el fondo del vacío...
Te disparo... Justo en medio. Y caen, redondos cristales,

Ahora sí, esto viene hasta con sonido...

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